Reseñas de Canadá ¡Predicar con el ejemplo!

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A nadie le gusta la hipocresía política… ni liderazgo de ningún tipo que sea falso o indigno de confianza. ¿Cómo se resolverá este problema según el plan de Dios?

Ha pasado más de un año desde que la Organización Mundial de la Salud declaró que el fenómeno cóvid-19 era una pandemia. Ha sido un tiempo de dificultades económicas, angustias, separación entre familiares y amigos, pérdidas y, para muchos, recurrir a la educación en línea con la tensión emocional que esta implica. ¡Quién no vería con agrado unas buenas vacaciones después del 2020!

La isla de San Bartolomé, en el mar Caribe, sería ideal; con sus hermosas playas de arenas blancas, su clima tropical y sus cómodos balnearios. ¿Y a quién no le gustaría reunir a su familia para pasar unas vacaciones en Hawái, California, México o Grecia?… ¿Alguno de estos destinos le llama la atención? Hay muchos lugares pintorescos, sin duda, pero, ¿cuántas personas se conformarían con visitar a familiares que no han visto en más de un año? ¿Cuántas anhelan visitar a un abuelo o abuela, pero no lo hacen por el mandato oficial de permanecer encerrados en la casa?

Mientras la mayor parte de los ciudadanos procuran cumplir los reglamentos y las restricciones de viaje, siempre cambiantes; algunos funcionarios de gobiernos que emitieron esas restricciones visitaron cada uno de los lugares antes citados. A raíz de esos viajes algunos se vieron obligados a renunciar, pero otros remediaron el asunto pidiendo disculpas por las redes sociales. Esta hipocresía no se limita a un partido político ni a los funcionarios de un país. Es una crisis de liderazgo y un aumento en la corrupción aparentemente en todas partes.

Déficit de confianza

Es triste constatar que muchos políticos y administradores en el mundo han adoptado una actitud de: “Hagan lo que digo, no lo que hago”. Ciertamente no son todos, pero sí los bastantes, para socavar los frágiles lazos de confianza entre los gobiernos y los pueblos a los que deben estar sirviendo.

La nuestra es una era en la cual la información falsa ha batido todas las marcas, y esto afecta incluso la lucha contra la pandemia, pues una de las grandes dificultades al combatirla es convencer a muchos ciudadanos de que sí hay una pandemia real, y a la mayor parte de la gente de que sus acciones, como personas, pueden prolongar la crisis o acortarla. Como precandidato a la presidencia de los Estados Unidos en el 2012, el exgobernador John Huntsman, solía hablar del “déficit de confianza” que ha surgido entre el pueblo estadounidense y su gobierno. Pero el déficit de confianza no se limita a los Estados Unidos. Es un problema humano y está presente en países de todo el mundo.

Quienes ocupan cargos de liderazgo no deberían olvidar jamás que sus acciones, su ejemplo, encierran un gran poder de inspiración o desánimo entre su pueblo. Un artículo publicado en Global News resalta el efecto que produce la hipocresía: “Claro está que siempre se ha señalado a los políticos por su hipocresía. Pero durante una pandemia que ha obligado a millones a aislarse y encerrarse, y que ha dejado a mucha gente sin su paga mensual, las acciones hipócritas se sienten como un agravio personal, y refuerzan la idea de que ‘algunas personas no tienen que seguir las reglas, pero nosotros sí’” (19 de diciembre del 2020).

Resultado de la pérdida de confianza

¿Podrá ser sorpresa que cada vez menos ciudadanos cumplan las reglas? El diario Globe and Mail publicó datos que mostraban cuántos canadienses viajaron en las vacaciones de invierno del 2020. Aunque las cifras eran bastante inferiores a las usuales, “aproximadamente 1,2 millones de personas en Canadá, muchas de ellas residentes en barrios ricos, pernoctaron por lo menos una noche fuera de su casa durante las vacaciones, pese a que el gobierno instaba a no reunirse, según un análisis de datos sobre lugares visitados” (21 de enero del 2021).

El informe produjo una gran reacción, y las cifras causaron disgusto al punto de producir una respuesta del máximo funcionario elegido del país: “El primer ministro Justin Trudeau respondió al informe el viernes instando a todo el que planee un viaje al exterior que lo cancele: ‘Mi mensaje a los canadienses sigue siendo claro, nadie debe estar tomando vacaciones en el exterior ahora’, dijo Trudeau… Con las vacaciones de marzo a la vuelta de la esquina, el primer ministro insistió: ‘No reserven pasajes para las vacaciones de primavera’” (CTVNews.ca, 22 de enero del 2021).

Muchos escucharán las instancias del primer ministro. Pero al mismo tiempo, ¿cuántos preferirán viajar a pesar de todo, siguiendo el ejemplo de ciertos líderes? Cuanto menor sea el número de personas que cumplan las normas, mayores serán las tasas de contagio. Esto a su vez ocasionará mayores restricciones. Cuanto mayores sean las restricciones, mayor el número de personas que ven en ellas un abuso del gobierno, y deciden no hacer caso, señalando como justificación el mal ejemplo de sus líderes. El resultado del liderazgo hipócrita es un círculo vicioso que destruye la confianza y el optimismo, a la vez que agrava la polarización que hace estragos en la sociedad.

Un mejor ejemplo

“Hagan lo que digo, no lo que hago”, suele ser síntoma de una clase gobernante convencida de que las reglas no se le aplican a ella. Muchos líderes justifican sus indiscreciones explicando que su situación es diferente de la situación de otros. Si algún Ser pudiera decir: “Hagan lo que digo, no lo que hago”, ese sería el Creador del Universo. No obstante, lejos de vivir por reglas diferentes de las que dictó, las leyes que le dio a la humanidad, son un fiel reflejo de su propia mente y corazón. Los lectores frecuentes de El Mundo de Mañana comprenden que, la finalidad de la ley expuesta en las Sagradas Escrituras, es forjar en nosotros el mismo carácter de nuestro Creador, quien desea que seamos como Él, y con ese fin ¡nos guía con su propio ejemplo!

El Ser Supremo, con poder y sabiduría para diseñar y activar todo el Universo, lo podemos comprender no solo por lo que hace, sino por lo que decide no hacer. Veamos dos ejemplos de cómo Dios cumple las mismas leyes que creó para la humanidad.

El apóstol Pablo dijo por inspiración que Dios no puede mentir (Tito 1:1-2). No que le falte la capacidad para decir una mentira creíble, sino que su ley es absoluta: el mal siempre es mal. El carácter que desea para cada uno de nosotros es un reflejo de su propio carácter. No nos va a pedir que actuemos a la altura de una norma que Él mismo incumple. Dios inspiró ese pasaje para mostrar que no es hipócrita. ¿Cuántos padres enseñan a sus hijos que no deben mentir, pero también les dicen que si se portan mal, san Nicolás o los reyes magos no les traerán regalos?

Otro ejemplo aparece en el libro del Génesis. Los primeros versículos de Génesis 2 muestran que Dios descansó el séptimo día, tras seis días de obra creadora. ¿Diría alguien que Dios estaba muy cansado para continuar, que se había esforzado al punto de necesitar un descanso? ¡Claro que no! Lo que hizo fue sentar un ejemplo, que más tarde se codificaría como el cuarto mandamiento: descansar el séptimo día, aunque Dios no necesitaba hacerlo. Este es un ejemplo del liderazgo de Dios que debemos imitar.

La razón que tiene Dios para desarrollar nuestro carácter es que se propone contar con personas de carácter en cargos de liderazgo. Espera que quienes dirijan lo hagan con el ejemplo. Si usted desea saber más sobre los resultados del liderazgo de Dios, le invitamos a pedir un ejemplar gratuito del folleto: El maravilloso mundo de mañana, o puede leerlo en línea en nuestro sitio en la red:  www.elmundodemanana.org.