¿Es importante la navidad? | El Mundo de Mañana

¿Es importante la navidad?

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La navidad es una de las fiestas más populares del mundo, pero pocos están familiarizados con su historia, y menos aún con lo que Dios piensa al respecto.

Para millones de personas en todo el mundo, la navidad es el punto culminante del año. Ninguna fiesta de la cristiandad se celebra con más tiempo, dinero y energía que la navidad. Los comerciantes minoristas se preparan todo el año para esta temporada, porque para muchos de ellos, la época de ventas navideñas es decisiva en su presupuesto.

La navidad se ha extendido por muchos países, incluso en Japón, pese a que las mayorías se consideran budistas o sintoístas. Según la fuente que se consulte, la parte de la población que se declara cristiana puede ser menos del uno por ciento, y sin embargo, el san Nicolás y los árboles decorados con luces gozan de bastante popularidad. “La víspera de navidad se considera un día romántico, en el cual los novios se reúnen e intercambian regalos… A las parejas jóvenes les gusta salir a caminar para admirar las luces navideñas y disfrutar una cena romántica en un restaurante… Reservar una mesa para la nochebuena puede ser muy difícil: ¡tal es la popularidad de ese día!” (La navidad en Japón, WhyChristmas.com, 2019).

A muchos les sorprenderá saber que la navidad también se está extendiendo en China, nación que oficialmente es atea. Aunque no se trata de un día festivo nacional, donde no hay cierre del comercio, las tradiciones navideñas son más visibles cada año.

A partir de finales de noviembre, muchas tiendas aparecen adornadas con árboles de navidad, luces titilantes y decoraciones festivas. Muchos bancos, restaurantes y centros comerciales presentan temas navideños; árboles decorados y luces de colores. Los grandes centros comerciales saludan la proximidad de las navidades en China con la ceremonia del encendido de un árbol. Se ven empleados luciendo gorro navideño y accesorios de colores rojo y verde. Y no es raro ver los pasillos con adornos navideños bien entrado el mes de febrero, ni oír música navideña en los cafés en julio (¿Celebran en China la navidad? ThoughtCo.com, 16 de agosto del 2019).

¿A qué se debe este imperio de la navidad en el mundo? ¿De dónde vienen sus tradiciones y costumbres? ¿Puede competir Jesús con san Nicolás, árboles decorados, fiestas de oficina y el afán de comprar? ¿Debemos tener más en cuenta a Jesucristo en la navidad, como piden muchos?

El mito de las navidades del pasado

En el mundo Occidental, muchos empiezan a cuestionar si las celebraciones de fin de año deberían siquiera llamarse navidad. En muchos países se han entablado pleitos legales en los que el juez ha decidido que no se puede exhibir un pesebre en propiedades del Estado. A los árboles de navidad les dicen árboles de fiesta, para no ofender a quienes rechazan ciertos aspectos de la temporada. ¿Hacia adónde va todo esto?

Muchos expresan el anhelo de tener más en cuenta a Jesucristo en la navidad, haciendo menos énfasis en la comercialización, y regresando a las navidades de antes. Lo que no comprenden es que la idea de las navidades del pasado es una invención romántica de las últimas generaciones. La festividad evolucionó notoriamente en los siglos 19 y 20, y lo que ahora se considera la navidad es radicalmente distinto de la navidad de generaciones anteriores.

El autor Bruce David Forbes dice que le encanta la navidad, y esto lo llevó a investigar su origen. Cuenta en su libro Christmas: A Candid History, que se encontró más de una sorpresa. Veamos en sus propias palabras una pequeña muestra de hechos inesperados que descubrió:

  • Los cristianos primitivos en los primeros dos o tres siglos d.C. no celebraban la navidad.
  • En Inglaterra y la Nueva Inglaterra de los puritanos, guardar la navidad era ilegal.
  • El Congreso de los Estados Unidos solía reunirse el día de navidad hasta 1850.
  • El presidente Franklin Roosevelt cambió la fecha del día de Acción de Gracias con el fin de alargar la temporada de compras navideñas.

Lo que pensamos cuando se habla de las navidades del pasado se debe en gran parte a influencias culturales más recientes, como las pinturas de Norman Rockwell, la canción Blanca Navidad de Irving Berlin, y los esfuerzos de las grandes tiendas por beneficiarse económicamente de la temporada. Y no olvidemos la pregunta de aquella niña de ocho años, Virginia O’Hanlon: “¿Existe un verdadero santa Claus?”, y la famosa respuesta del diario The Sun en 1897, que tuvo el mayor número de reimpresiones de cualquier edición periodística y se convirtió en parte del folclor navideño.

¿Habrá que tener más en cuenta a Jesucristo en la navidad?

Los tiempos cambian. Una encuesta reciente encontró que aun quienes se declaran cristianos se inclinan menos a guardar las expectativas tradicionales relacionadas con esta fiesta. No obstante, seguimos oyendo los llamados a “tener más en cuenta a Jesucristo en la navidad”. Esto encierra un problema, que puede explicarse con una breve lección de historia.

Virtualmente todo lo relacionado con la navidad, desde la fecha en que se celebra hasta las costumbres que la rodean, proviene de celebraciones paganas anteriores y posteriores al cristianismo; excepto la comercialización que se sumó más recientemente. Lo interesante del caso es que Jesucristo, cuyo nacimiento se pretende celebrar en navidad, no nació en esa fecha.

Perdidos en el bosque

El símbolo más llamativo de la navidad en muchos países es un árbol decorado con cintas, bolas y luces de colores. ¿Qué tiene que ver esto con el nacimiento de Jesús? La autora Barbara Segall explica el origen de tan venerado árbol:

“El árbol navideño se ha abierto paso hasta nuestros hogares… acompañado de su vieja mitología, mezclándose con tradiciones navideñas del siglo 19 en Inglaterra, y renovado con elementos que se asociaron a la navidad en las generaciones siguientes del mundo moderno… Pero entre cambio y cambio se conserva orgulloso el árbol de hoja perenne que, aquí como en otras partes, en el Norte de Europa y en Norteamérica, nos brinda en pleno invierno, como hacía con nuestros antepasados precristianos, valor para esperar y creer en una estación más cálida después de la presente” (The Christmas Tree, págs. 6-7).

Infinidad de recursos confirman el pasado pagano anterior al cristianismo que rodea esta festividad, pero no todo el mundo conoce las discrepancias entre la tradición y el relato bíblico del nacimiento de Jesús. Por ejemplo, casi toda persona que cree saber algo sobre el aspecto religioso de la celebración navideña cree que los reyes magos, o sabios, llegaron la noche en que nació Jesús para entregarle regalos navideños. Esta creencia es un gran error, según consta en el relato original.

Cuando los magos llegaron, Jesús ya no era un niño acabado de nacer. La palabra que se emplea en griego indica un niño pequeño, pero no un recién nacido. El idioma griego, a diferencia del español, distingue claramente entre estos dos conceptos. Además, cuando llegaron los sabios, Jesús ya no se encontraba en un establo sino en una casa: “Al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra” (Mateo 2:11).

Sabemos que esto ocurrió como mínimo 40 días después de su nacimiento, ya que Jesús fue presentado en el templo antes de la visita (comparar Lucas 2:21-24; Levítico 12:2-6; Mateo 2:11-14). Este es el primer momento en que pudo haber ocurrido la visita, pero probablemente fue semanas o meses más tarde, ya que Herodes “mandó matar a todos los niños menores de dos años que había en Belén y en todos sus alrededores, conforme al tiempo que había inquirido de los magos” (Mateo 2:16). ¡No es lo mismo un recién nacido que un niño de dos años!

Tradición y realidad

Las diferencias entre la tradición y la realidad son importantes. Jesús vino en la carne por varios motivos. Uno fue pagar la pena por nuestros pecados, y otro fue sentar las bases para su regreso como Rey de reyes y Señor de señores, y salvar a un mundo doliente. Estos sabios, que algunas versiones llaman magos, llegaron con presentes no para celebrar el natalicio de Jesús, sino para presentarse con el debido respeto ante un rey; detalle este que suele perderse en los relatos de la historia navideña.

El oratorio de Händel, llamado El Mesías, no es una composición navideña, pero se canta en todo el mundo en la temporada de navidad. El archipopular Aleluya toma las palabras de Apocalipsis 11:15 y 19:16: “Él reinará por los siglos de los siglos, Rey de reyes y Señor de señores”.

Las palabras están allí, pero su sentido se ha perdido. Pocos saben que Jesucristo no regresará como un cordero para el sacrificio, sino como un Rey conquistador para salvar a la humanidad de la destrucción total. En más de un sentido, Jesús es nuestro Salvador.

Zacarías 14 comienza con el anuncio de que “el día del Eterno viene”, y explica que a la llegada del Mesías el monte de los Olivos justo al oriente de Jerusalén, se partirá en dos, “haciendo un valle muy grande”, del cual saldrá un río que fluye hacia el oriente y el occidente desde Jerusalén. Parece tratarse de un manantial donde nacen dos ríos, pero a la vez simboliza el Espíritu sanador de Dios. Pero antes de que fluyan esas aguas de sanidad, Jesús peleará contra las naciones que habrán subido contra Jerusalén y que se opondrán al establecimiento de su Reino sobre toda la Tierra (Zacarías 14:1-9; ver también Apocalipsis 14:15-18).

¡Este no es un mensaje sobre un niñito indefenso! La verdadera historia de su nacimiento, y las razones por las que nació, se han desfigurado por obra de las tradiciones paganas y versiones corruptas del relato bíblico. Aunque al parecer, a pocos les importa. ¿Por qué a nadie le parece extraño que ningún personaje bíblico celebrara el natalicio de Jesús? Los autores de dos relatos evangélicos sí narran el nacimiento de Jesús y los hechos subsiguientes, pero no vemos en ninguna parte una celebración anual de su cumpleaños.

Si Dios quisiera que celebráramos el cumpleaños de Jesús, ¿por qué en las Escrituras no aparecen ni la época del año ni mucho menos la fecha de su nacimiento? ¡Aun el año es polémico! El único detalle en el cual parecen estar de acuerdo la mayoría de los estudiosos de la Biblia es que Jesús no nació un 25 de diciembre. Esto porque Lucas 2:8 nos informa que en esos días había pastores pasando la noche en el campo con sus rebaños. El volumen 5 de la obra Adam Clarke’s Commentary on the Bible trae la siguiente explicación:

“Como estos pastores aún no habían traído sus manadas a casa, el argumento presuntivo es que no había empezado octubre y que, por consiguiente, nuestro Señor no nació el 25 de diciembre, cuando no habían rebaños en los campos; ni pudo nacer después de septiembre, ya que los rebaños estaban a la intemperie por la noche. Por esta misma razón, precisa renunciar al natalicio en diciembre. El pastoreo de los rebaños en los campos por la noche es un dato cronológico que arroja una luz considerable sobre este punto controvertido” (Adam Clarke, pág. 370).

Si el 25 de diciembre no es la fecha del nacimiento de Jesús, ¿por qué fue esta la fecha escogida por la Iglesia Católica para su celebración? Barbara Segall explica no solo el contexto de los árboles y las plantas de hoja perenne, sino cómo los antiguos dirigentes de la Iglesia escogieron un día en medio de tres festividades paganas anteriores al cristianismo:

“En la mente de nuestros antecesores paganos, la mayor parte de las plantas y animales encerraban poderes mágicos y místicos y, en particular, eran especialmente estimadas aquellas plantas de hoja perenne que sobrevivían a los impactos del invierno… En una época, el motivo de alegría era el nacimiento o despertar del dios Sol después de la oscuridad, previa al solsticio de invierno a mediados de diciembre. Nuestros antepasados descubrieron que era una buena ocasión para disfrutar la fiesta de Saturno, dios de la agricultura, que se festejaba la segunda y tercera semana de diciembre… Cuando diciembre daba paso a enero, y el año viejo al año nuevo, los antiguos romanos celebraban una festividad llamada las calendas. Era una temporada en que se intercambiaban regalos o strenae, generalmente ramas de acebo, u otros presentes acompañados o decorados con hojas perennes… La Iglesia primitiva en Roma fijó la fecha del natalicio de Jesucristo en medio de estas festividades paganas (Segall, págs. 11-15).

Lo anterior lo confirma el respetado Manual de historia del cristianismo, de Eerdmans:

“La Iglesia Cristiana absorbió muchas ideas e imágenes paganas. Del culto al Sol, por ejemplo, vino la celebración del nacimiento de Jesús el día veinticinco de diciembre, el día del natalicio del Sol. Con las saturnales, festividad romana de invierno celebrada entre el 17 y el 21 de diciembre, llegaban la alegría, el intercambio de regalos y las velas típicas de las fiestas navideñas posteriores. El culto al Sol persistió en el cristianismo romano, y a mediados del siglo quinto el papa León I reprendió a quienes, antes de entrar en la basílica de San Pedro, se volvían para hacer una reverencia al Sol. En un principio, la Iglesia evitó ciertas costumbres paganas que más tarde se cristianizaron, por ejemplo, el empleo de velas, incienso y guirnaldas; por ser símbolos del paganismo (edic. Tim Dowley, págs. 131-32).

En la Iglesia primitiva no era costumbre celebrar los cumpleaños, como explica la Enciclopedia Británica en su entrada sobre la navidad: “Todavía en el año 245 Orígenes, en su octava homilía sobre Levítico, repudia como pecado hasta la idea de celebrar el cumpleaños de Cristo ‘como si fuera un Rey o un Faraón’. La primera mención sobre el 25 de diciembre es de un cronógrafo latino del 354 d.C.” (Vol. 6, edic. 11).

¿Tiene esto importancia?

Que las festividades en torno a la navidad, entre ellas la fecha, estén saturadas de costumbres paganas no es tema de controversia. Que el relato popular de la natividad esté repleto de errores no debería prestarse a controversia, ya que es un hecho demostrado por la lectura atenta de los relatos en Mateo y Lucas. Pero la pregunta persiste: Si las creencias y prácticas en cuestión se utilizan para celebrar a Jesús, ¿tiene alguna importancia su origen histórico?

Veamos este interesante comentario del ateo Tom Flynn:

“Aun los cristianos devotos deben reconocer, como lo reconocen el clero conservador y el liberal, que buena parte de lo que conocemos como la “historia de la navidad” no es más que el resultado de un proceso de acumulación literaria. Sus elementos se inspiran o simplemente se apropiaron de las leyendas sobre personajes santos anteriores. Aunque el cristianismo fuera verdad, la historia de la navidad no es digna de este” (El problema de la navidad, págs. 68-69).

Si la tradición de la natividad se acumuló a lo largo del tiempo, de una manera no relacionada con la vida del Jesús histórico, podríamos suponer que los primeros cristianos no observaban la fiesta de la natividad. Y de hecho no lo hicieron, como reconoce incluso el escritor conservador de religión George W. Cornell:

“Durante 300 años después de los tiempos de Jesucristo, los cristianos no celebraban su nacimiento. La observancia comenzó en Roma en el cuarto siglo de nuestra era, en fecha elegida para coincidir con una fiesta pagana celebrada en el invierno en honor de los dioses paganos Mitra y Saturno. Se tomó la fecha decembrina para conmemorar el nacimiento de Jesús, ya que se desconoce la fecha exacta. Por consiguiente, la celebración se caracterizó desde sus comienzos por la fusión de lo sagrado y lo profano”.

Que esto nos importe o no, depende de una decisión crucial: ¿Debemos decidir guiados por la emoción y razonamientos humanos, o debemos buscar la respuesta sinceramente en la Biblia?

Seamos francos. Muchas personas reaccionan emocionalmente ante los elementos de la tradición navideña, que nacen de recuerdos profundamente arraigados desde la niñez. La temporada también les gusta por las sensaciones físicas: el colorido de las luces, el aroma del pino, las comidas especiales de nochebuena, los villancicos nostálgicos y la emoción de descubrir qué hay dentro del hermoso papel de envoltura de los regalos. También está el viejo cuento de Charles Dickens con el ogro Scrooge, que tanto odiaba la navidad. ¿Quién quiere ser un aguafiestas como él?

Sin embargo, si nuestro deseo es honrar a Jesucristo, lo más sensato es que procuremos saber lo que Él piensa sobre esta festividad. Y también es muy sensato decidirnos a hacer las cosas conforme a sus instrucciones. Pero, ¿es esto lo que estamos haciendo?

Jesús retó a muchos que lo llamaban su Amo y Señor, pero que optaban por seguir sus propias tradiciones: “¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?” (Lucas 6:46). “Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito: Este pueblo de labios me honra, mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres” (Marcos 7:6-8). “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los Cielos” (Mateo 7:21).

Una verdad desconocida

¿Qué dice Jesús sobre la navidad? ¿Acaso guarda silencio? ¡No! Entre quienes se declaran cristianos, pocos entienden acerca de quién fue Jesús antes de su nacimiento humano; sin embargo, la Biblia lo dice explícitamente. Refiriéndose a Jesucristo el apóstol Pablo escribió: “En Él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los Cielos y las que hay en la Tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de Él y para Él. Y Él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en Él subsisten; y Él es la cabeza del cuerpo que es la Iglesia, Él que es el principio, el primogénito de entre los muertos” (Colosenses 1:16-18). ¿Podría haber algo más claro? Todas las cosas se crearon por medio de quien se convertiría en Jesucristo.

Pablo también escribió, aclarando quién era el que estaba con Israel: “No quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar; y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar, y todos comieron el mismo alimento espiritual, todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la Roca espiritual que los seguía, y la Roca era Cristo” (1 Corintios 10:1-4; ver también Efesios 3:9 y Hebreos 1:1-2).

Estas sencillas verdades aclaran lo que de otra manera sería una contradicción. Éxodo 24: 9-11 nos dice: “Subieron Moisés y Aarón, Nadab y Abiú, y setenta de los ancianos de Israel; y vieron al Dios de Israel… y vieron a Dios, y comieron y bebieron”. Sin embargo, leemos “A Dios [Padre] nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, Él le ha dado a conocer” (Juan 1:18).

¿Qué ha revelado entonces sobre lo que piensa acerca de la navidad Aquel que creó todas las cosas, la Roca espiritual que siguió a Israel, y Aquel a quien 74 hombres vieron con sus propios ojos en el monte Sinaí? Consideremos primero: en ninguna parte vemos una celebración anual de su nacimiento. Además, la popular historia de la natividad está plagada de errores. Además, la navidad es una mezcla de error teológico y costumbres paganas. Ahora, leamos lo que dice “la Roca que los siguió” acerca de tomar prestadas las costumbres y tradiciones paganas y traerlas a su adoración:

“Cuando el Eterno tu Dios haya destruido delante de ti las naciones adonde tú vas para poseerlas, y las heredes, y habites en su tierra, guárdate que no tropieces yendo en pos de ellas, después que sean destruidas delante de ti; no preguntes acerca de sus dioses, diciendo: De la manera que servían aquellas naciones a sus dioses, yo también les serviré. No harás así al Eterno tu Dios; porque toda cosa abominable que el Eterno aborrece, hicieron ellos a sus dioses; pues aun a sus hijos y a sus hijas quemaban en el fuego a sus dioses. Cuidarás de hacer todo lo que yo te mando; no añadirás a ello, ni de ello quitarás” (Deuteronomio 12:29-32).

Por inspiración de Aquel que creó todas las cosas, el profeta Jeremías escribió lo siguiente:

“Así dijo el Eterno: No aprendáis el camino de las naciones, ni de las señales del cielo tengáis temor, aunque las naciones las teman. Porque las costumbres de los pueblos son vanidad; porque leño del bosque cortaron, obra de manos de artífice con buril. Con plata y oro lo adornan; con clavos y martillo lo afirman para que no se mueva. Derechos están como palmera, y no hablan; son llevados, porque no pueden andar. No tengáis temor de ellos, porque ni pueden hacer mal, ni para hacer bien tienen poder” (Jeremías 10:2-5).

Comparemos estos detalles con la costumbre navideña de cortar un árbol, fijarlo con clavos a un pie de madera, o reemplazado en muchos hogares con un recipiente de arena, y adornarlo con chucherías doradas y plateadas. Algunos creen que las palabras del profeta se refieren a un ídolo tallado, pero Jeremías aclara ese punto más adelante en el mismo capítulo. El culto a los árboles era costumbre muy extendida en las sociedades antiguas:

        “Parte de la historia del árbol navideño tiene su origen en nuestros antepasados. Las plantas de hoja perenne, como el acebo, el boje, la hiedra, el laurel y los coníferos; retienen sus hojas verdes o aromáticas durante los largos y fríos meses del invierno, y han sido motivo de fascinación desde nuestros antepasados precristianos. En muchas leyendas y mitos antiguos, el poder central radica en un árbol sagrado. Por ejemplo, el roble, el sauce, el fresno y la palmera datilera son árboles que figuran en los mitos y leyendas de Homero, de los chinos y de los árabes” (Segall, págs. 6-7).

¿En alguna forma se venera a los árboles en la actualidad? Quizá no de la misma manera que en generaciones pasadas, pero en el mundo actual ¿cuántos cantarán alguna canción a un árbol este año, por ejemplo aquel villancico conocido en español como Abeto fiel?

Entonces, ¿importa la navidad? Los datos históricos y una lectura honesta y cuidadosa de las Escrituras demuestran que es una celebración que no está basada en la verdad. Dios busca quienes lo adoren “en espíritu y en verdad” (Juan 4:23). En vano lo honran quienes pretenden hacerlo celebrando la navidad (Marcos 7:7). [MM]