¿Cómo saber si un milagro es de Dios o no es de Dios?

Díganos lo que piensa de este artículo

¿Existe alguna clave infalible para discernir milagros?

En un futuro ya muy cercano, tal como lo anuncia la profecía bíblica, veremos prodigios por todo el mundo, de una magnitud tal que dejarán estupefactos y engañados a la mayoría de quienes se declaran cristianos. Solo unos pocos que tienen la clave para discernir el engaño podrán resistir el ímpetu arrollador de tales milagros, y se convertirán en objeto de la peor persecución religiosa de la historia.

Muchos dirán: Pero, ¿cómo puede ser esto posible? ¿Cuál es esa clave que solo unos pocos conocen? ¿Acaso puedo caer en el engaño siendo yo persona religiosa?

La clave se encuentra en la misma Biblia, en la cual muchos dicen basar sus creencias. La verdad es que la raíz del engaño ya existe, porque en nuestro llamado mundo cristiano prácticamente todo milagro que tenga un trasfondo religioso se le atribuye automáticamente a Dios.

Empecemos entonces a analizar este asunto basándonos estrictamente en la Biblia, la cual muchos reconocen como la Palabra de Dios.

Examinemos primero las siguientes palabras de Jesucristo. Palabras que han sido preservadas a lo largo de los siglos en manuscritos griegos, los cuales han sido traducidos a casi todos los idiomas del mundo. ¡La Biblia sigue siendo año tras año, el libro de mayor venta en el mundo! Jesucristo mismo dijo: “El Cielo y la Tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Mateo 24:35; Marcos 13:31; Lucas 21:33). Esa profecía sigue vigente en nuestros días, porque si no han pasado el Cielo ni la Tierra, cuanto menos las palabras del Mesías.

La clave para discernir el origen y el propósito de los milagros, empieza a revelarse en el siguiente texto: “No todo el que me diga: Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: ¡Jamás os conocí; alejaos de mí, agentes de iniquidad!” (Mateo 7:21-23, Biblia de Jerusalén).

Vemos entonces de manera evidente e irrefutable, en este texto, que el simple hecho de hacer un milagro en el nombre de Jesucristo, no es prueba suficiente de que provenga de Él; ni sirve para el propósito para el cual ordenó a sus verdaderos discípulos que hicieran milagros: “Estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán” (Marcos 16:17-18).

¿Cómo discernir lo uno de lo otro?

Dos aspectos fundamentales

El lector atento, seguramente habrá notado dos elementos claves en el texto de Mateo 7:21-23. El primero es: “No todo el que me diga: Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial”; y el segundo es: “Jamás os conocí; alejaos de mí, agentes de iniquidad”. En estas dos frases se encuentra la clave fundamental, pero es necesario entender exactamente qué significa hacer la voluntad de Dios, y qué significa exactamente la expresión: “agentes de iniquidad”.

Antes de explicar esto, vamos a explorar otros textos bíblicos que servirán para aclarar aún más y confirmar de manera indubitable la clave que estamos buscando:

Jesús dijo además: “Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos” (Mateo 7:15-17). Aquí vemos un indicio más que tiene que haber una clave absoluta, que no sea etérea ni borrosa, que nos permita saber qué es lo bueno y qué es lo malo, según el concepto de Dios, no según la opinión humana. Así podremos saber, según la voluntad de Dios, qué es un buen fruto y qué es un mal fruto, y así discernir lo que hay por dentro, o sea, ¡en el corazón del profeta!

Veamos otras advertencias en boca de Jesucristo: “Estando Él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo [Nota: El término ‘siglo’ fue traducido del vocablo griego aión, que también puede traducirse ‘era’. O sea que se está hablando aquí de la era actual]. Respondiendo Jesús les dijo: Mirad que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán” (Mateo 24:3-5).

Un poco más adelante, Jesús nos advierte de nuevo al respecto, y agrega una palabra que confirma la misma clave que estamos tratando de elucidar desde el principio de este artículo: “Se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos(Mateo 24:24).

La pregunta que surge es: ¿Por qué no es posible engañar a los escogidos? ¿Quiénes son los escogidos y qué es lo que los distingue? ¿Cuál es la clave que les da el discernimiento para no ser engañados?

Estamos ya a punto de demostrar que todas las citas bíblicas a las cuales hemos hecho referencia hasta aquí, y las que aún vamos a examinar, concuerdan todas en un punto esencial, crucial, fundamental. ¡Ese punto constituye precisamente la clave que estamos buscando!

Veamos ahora los textos de advertencia que se encuentran en una de las cartas que escribió el apóstol Pablo, y en el libro del Apocalipsis. A medida que avancemos se irá haciendo más y más patente la descripción profética de los milagros y prodigios que tendrán tan arrollador efecto en el mundo.

¡Con todo, la clave para discernir siempre está incluida en las palabras de advertencia que nos da la Biblia!

Inspirado por Dios, el apóstol Pablo escribió lo siguiente: “Ya está en acción el misterio de la iniquidad” (2 Tesalonicenses 2:7). Tengamos ahora muy en cuenta el hecho de que esta misma palabra iniquidad aparece en la misma cita bíblica a la cual nos referimos en el presente artículo. Citando Mateo 7:23 en la Biblia de Jerusalén, leímos estas palabras de Jesucristo dirigidas a muchos que decían haber hecho milagros en su nombre: “¡Jamás os conocí; alejaos de mí, agentes de iniquidad!”

La clave que estamos buscando se empezará a revelar cuando averigüemos qué significa exactamente la palabra “iniquidad”. Para ello, basta consultar la Nueva concordancia Strong exhaustiva de la Biblia, la cual ha sido publicada en español por la editorial Caribe. En dicha concordancia se encuentran todas las palabras del texto griego inspirado por Dios que se ha conservado a lo largo de los siglos. El término griego que se tradujo como “iniquidad” y como “maldad” es anomia, que en forma literal significa transgresión o infracción de la ley.

Es interesante observar que esta es exactamente la forma como fue traducida la misma palabra anomia en 1 Juan 3:4 donde leemos: “Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley”. Es como si dijera: el pecado es anomia.

De hecho, esta cita constituye la definición bíblica clara y contundente de lo que es el pecado: “Transgresión de la ley”. Cuando el apóstol Pablo nos dice: “Ya está en acción el misterio de la iniquidad”, se está refiriendo precisamente a los “agentes de iniquidad”, a los cuales se refirió Jesucristo. Personas que predicarían en su nombre y en su nombre harían grandes señales y prodigios, pero serían “agentes de iniquidad”, lo cual significa “transgresores de la ley”.

También se estaba refiriendo el apóstol Pablo al decir: “Ya está en acción el misterio de la iniquidad”, a la formación de una iglesia falsa, una institución que había predicho el profeta Daniel en estos términos: “Hablará palabras contra el Altísimo”, o como dice otra traducción que cita Jerónimo, traductor de la Biblia: “Hablará como si fuera Dios, y a los santos del Altísimo quebrantará, y pensará en cambiar los tiempos y la ley” (Daniel 7:25).

Notemos que este versículo habla de “los santos del Altísimo”. Dejando que la Biblia se interprete a sí misma, veamos la definición bíblica de lo que es un santo en Apocalipsis 14:12: “Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús”.

Vemos entonces que ser “santo” según la Biblia es lo contrario de ser un “agente de iniquidad”, porque santo es el que guarda los mandamientos, y agente de iniquidad o inicuo (que en griego es ánomos, de la misma raíz de anomia) es el que los infringe. También señala Daniel en su profecía: “A los santos del Altísimo quebrantará y pensará en cambiar los tiempos y la ley”.

Es obvio entonces que los santos serán perseguidos porque se sujetan a la ley de Dios, y no a los cambios llevados a cabo por el hombre.

Los mandamientos de Dios han sido preservados intactos en la Biblia, por lo menos en las versiones hechas por profesionales responsables. Se encuentran en Éxodo 20:1-17 y para que no quede ninguna duda se repiten en Deuteronomio 5:6-21.

Jesucristo dijo de manera enfática e inequívoca: “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el Cielo y la Tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido. De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el Reino de los Cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, este será llamado grande en el Reino de los Cielos” (Mateo 5:17-19).

Esta aseveración coincide ciento por ciento con la definición que vimos en Apocalipsis 14:12, donde se señala que los santos son los que guardan los mandamientos de Dios. Jesucristo le dijo al joven rico: “Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos” (Mateo 19:17).

El apóstol Pablo señaló sin ambages: “La circuncisión nada es, y la incircuncisión nada es, sino el guardar los mandamientos de Dios” (1 Corintios 7:19).

Jesucristo dijo al instituir la Pascua del nuevo pacto: “Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados” (Mateo 26:28). ¿Cuál es el nuevo pacto?: “Este es el nuevo pacto que haré con ellos después de aquellos días, dice el Señor, Pondré mis leyes en sus corazones, y en sus mentes las escribiré” (Hebreos 10:16).

Esta es la razón por la cual los escogidos, que no son más que los santos, y que han entrado en el nuevo pacto, no pueden ser engañados. Porque los mandamientos de Dios escritos en sus mentes y en sus corazones, les permiten discernir la iniquidad de quienes vienen vestidos de ovejas pero no tienen la ley de Dios escrita en sus corazones. Por eso también dice la Escritura: “Buen entendimiento tienen todos los que practican sus mandamientos” (Salmos 111:10).

El apóstol Pablo prosiguió en 2 Tesalonicenses 2:8-10: “Entonces se manifestará aquel inicuo (ya vimos que inicuo es una traducción del término griego ánomos que significa transgresor de la ley), a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida; inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos, y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos”. En el Salmo 119:151 leemos lo siguiente: “Cercano estás tú, oh Eterno, y todos tus mandamientos son verdad”. La advertencia continúa en los versículos 11 y 12 de 2 Tesalonicenses 2: “Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia”.

Finalmente el apóstol Juan, en el libro del Apocalipsis, nos presenta tres elementos fundamentales para acabar de entender este asunto y elucidar de manera irrefutable cuál es la clave para discernir si un milagro es de Dios o no es de Dios.

Tres elementos clave

Continuemos entonces en Apocalipsis 13:11: “Después vi otra bestia que subía de la Tierra; y tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero, pero hablaba como dragón”. Este es el primer elemento: alguien que viene en el nombre del Cordero, que es Cristo, pero no enseña la verdad: “Tu justicia es eterna, y tu ley la verdad” (Salmos 119:142). Alguien que habla como dragón; y el dragón es el diablo (Apocalipsis 12:9). Y padre de mentira (Juan 8:44).

El segundo elemento se encuentra en Apocalipsis 13:13: “También hace grandes señales, de tal manera que aun hace descender fuego del cielo a la Tierra delante de los hombres”.

La clave para discernir esto se encuentra en Deuteronomio 13:1-4: “Cuando se levantare en medio de ti profeta, o soñador de sueños, y te anunciare señal o prodigios, y si se cumpliere la señal o prodigio...” Es muy factible que, antes de hacer caer fuego del cielo a la Tierra, anuncie dicho prodigio antes de que se cumpla. El mundo entero se quedará atónito por el hecho de haberlo anunciado y por haberlo hecho suceder.

Dios en su Palabra nos da de inmediato la clave para discernir: “Si se cumpliere la señal o prodigio que él te anunció, diciendo: Vamos en pos de dioses ajenos, que no conociste, y sirvámosles; no darás oído a las palabras del tal profeta... porque el Eterno vuestro Dios os está probando, para saber si amáis al Eterno vuestro Dios con todo vuestro corazón, y con toda vuestra alma. En pos del Eterno vuestro Dios andaréis; a Él temeréis, guardaréis sus mandamientos y escucharéis su voz”.

La clave para discernir es una vez más la ley de Dios. Si el propósito del milagro es desviar al pueblo para que infrinja los mandamientos de Dios, el que hace el milagro es agente de iniquidad.

Este es el tercer elemento. Veamos cómo nos lo describe Dios por medio del apóstol Juan en Apocalipsis 13:14: “Engaña a los moradores de la Tierra con las señales que se le han permitido hacer... mandando a los moradores de la Tierra que le hagan imagen a la bestia”.

Quienes practican los mandamientos de Dios que tienen escritos, “no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón” (2 Corintios 3:3), tienen la clave para discernir. Saben perfectamente que el segundo mandamiento de la ley de Dios, la cual Jesucristo no vino a abolir, dice: “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el Cielo, ni abajo en la Tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás(Éxodo 20:4-5).

Los escogidos sabrán de inmediato, por la clave que poseen, la cual es la ley de Dios escrita en sus mentes y en sus corazones, que el milagro no es de Dios, por espectacular que sea, si el propósito del milagro es inducir al mundo entero a infringir la ley de Dios.

Aquí entendemos por qué los santos, o los escogidos, serán perseguidos tal como lo profetizó Daniel. Porque guardan los mandamientos de Dios y no se someten a la ley alterada por el hombre. En el versículo 15 de Apocalipsis 13 se describe este aspecto: “Se le permitió infundir aliento a la imagen de la bestia, para que la imagen hablase e hiciese matar a todo el que no la adorase”.

Para quienes tengan ojos para ver y oídos para oír, hemos dado respuesta a la pregunta inicial y hemos dejado que la misma Biblia nos dé la clave para discernir milagros.

Pero no nos despediremos sin señalar que los que perseveren hasta el fin, siendo fieles al nuevo pacto, es decir, a las leyes escritas en sus corazones, habrán demostrado que son dignos de gobernar al mundo entero. Las mismas leyes que aprendieron a poner por obra en sus vidas, serán la plataforma del gobierno mundial que pronto será instaurado en la Tierra: “Y que el Reino, y el dominio y la majestad de los reinos debajo de todo el Cielo, sea dado al pueblo de los santos del Altísimo, cuyo Reino es Reino eterno, y todos los dominios le servirán y obedecerán” (Daniel 7:27).

A quienes tengan interés en conocer más a fondo la clave que representan los diez mandamientos, queremos ofrecerles un excelente folleto titulado: Los diez mandamientos, el cual pueden descargar desde nuestro sitio en la red: www.elmundodemanana.org, enlace: Folletos.