La batalla de Inglaterra y la intervención divina

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¿Qué importancia tuvo la batalla de Inglaterra y qué lección aprendemos de ella?

Cuando Inglaterra vio su futuro al filo de la navaja se volvió hacia Dios.

¡Pero hoy le está dando la espalda!

En 1940 a la edad de ocho años, mi suegro ya fallecido, observó con asombro mientras la batalla de Inglaterra se desarrollaba con furia en el Sur del país. En la batalla aérea estaba en juego la supervivencia del Reino Unido, y los valientes pilotos luchaban por impedir una invasión. Los esfuerzos valerosos de los aviadores, los pocos, en lo que Churchill llamó su hora más gloriosa, finalmente alteraron el rumbo de la Segunda Guerra Mundial para los muchos. La planificación y preparación antes de la invasión de Inglaterra fueron factores clave, pero la historia también habla de una potencia, ahora desestimada, que actuaba incluso nacionalmente para lograr lo que parecía una victoria imposible. ¿Qué lecciones podemos aprender y aplicar observando los hechos decisivos de 1940 a la luz de la Palabra de Dios?

El avance de la ocupación relámpago de Francia, Bélgica, Holanda y Luxemburgo por parte del ejército alemán, a comienzos del verano de 1940, señalaba que seguiría Inglaterra. Parecía inminente un ataque por mar desde el canal de la Mancha. Inglaterra estaba a punto de convertirse en la última defensa contra lo que el primer ministro Winston Churchill llamó “la amenaza de la tiranía”. El alto mando alemán conceptuó que para su victoria era esencial la supremacía aérea, y en agosto de 1940 Adolfo Hitler esperaba destruir a la Real Fuerza Aérea (RAF) en cuestión de 14 a 28 días.

“Tendrá que quebrantarnos en esta Isla”

La batalla de Inglaterra, que duró del 10 de julio al 31 de octubre de 1940, se resalta en parte porque su nombre viene de un discurso pronunciado por Churchill antes de desatarse el conflicto. El 18 de junio de 1940, Churchill declaró:

“Lo que el general Weygand llamó la batalla de Francia ha terminado. Preveo que está por comenzar la batalla de Inglaterra. De esta batalla depende la supervivencia de la civilización cristiana… Hitler sabe que tendrá que quebrantarnos en esta Isla, o de lo contrario perderá la guerra. Si podemos resistirlo, toda Europa quedará libre… Fortalezcámonos para nuestros deberes, y portémonos de tal manera que, si el Imperio Británico y su Mancomunidad duran mil años, los hombres siempre dirán: ‘Esta fue su hora más gloriosa’”.

Con su habilidad de palabra, Churchill motivó a la nación entera a ponerse a la altura de las circunstancias. “El país respondió a su manera a los excepcionales sacrificios que hacían los aviadores: el personal en tierra hacía el mantenimiento de las aeronaves día y noche, mientras los civiles contribuían a los fondos Spitfire, donaciones voluntarias que en 1940 llegaban como a un millón de libras esterlinas al mes para fabricar más aviones” (Simon Schama, A History of Britain, vol. 3, pág. 522, 2002).

Gracias a la planificación y previsión de los líderes de la RAF, se habían hecho buenos preparativos bajo el comandante aéreo Sir Hugh Dowding. Las nuevas torres de radar colocadas en estaciones de rastreo por las costas Sur y Oriental de Inglaterra, facilitaban la detección de aeronaves, y así advertir la aproximación de aviones de la fuerza aérea alemana antes de que cruzaran el canal. Entonces, miembros del Real Cuerpo de Observación en la costa confirmaban visualmente los números y demás detalles. Esta información pasaba directamente a la sede de mando de cazas para coordinar la respuesta de diferentes grupos de cazas. Este sistema Dowding garantizaba que más del 75 por ciento de los aviones que despegaban hallarían el blanco que se les había asignado en el aire.

Para finales de agosto de 1940, las incursiones en horas diurnas se mostraban menos eficaces de lo previsto, y los alemanes tomaron la importante decisión táctica de pasar del bombardeo de aeropuertos a bombardear la ciudad de Londres. Fue así como unos pocos centenares de aviadores de la RAF contribuyeron a aplazar, y más tarde a cancelar la invasión alemana. Churchill terminó así su famoso discurso ante la Cámara de los Comunes el 20 de agosto: “En el ámbito del conflicto entre seres humanos, nunca tantos debieron tanto a tan pocos”. Algunos han tomado esta cita para generar toda una mitología en torno a la batalla, hablando de una fuerza aérea pequeña, mal preparada, pero valerosa que luchó contra un enemigo superior y mejor organizado, pero el autor James Holland cuestiona algunas de estas ideas:

“Inglaterra estaba mucho más preparada de lo que sugiere esa imagen, y ganó la batalla de Inglaterra porque estaba lista y preparada para librar una batalla enorme. Tenía el primer sistema de defensa aérea en el mundo, el único que estaba completamente coordenado y los mecanismos para librar una guerra prolongada; así como una producción de aviones que excedía a la producción de Alemania a razón de 2 a 1” (London Daily Telegraph, 15 de septiembre del 2015).

El 15 de septiembre de 1940, cuando derribaron 56 aviones alemanes, resultó ser el hecho relevante en el conflicto. Las pérdidas de lado y lado en ese mes y medio de batalla fueron impresionantes: se estima que la RAF perdió un total de mil cazas, con dos mil aviones derribados de la Luftwaffe.

Con todo y tantos preparativos y tanta capacitación, lo que marcó la diferencia fue una petición, ¡la cual selló el éxito de toda la campaña!

En búsqueda de la intervención

En la actualidad muy pocas personas conocen la importante declaración de Sir Hugh Dowding: “Digo con absoluta convicción que encuentro la intervención de Dios, no solo en la batalla misma, sino en los hechos que la precedieron”. En otra ocasión, Dowding señaló: “Al terminar la batalla, teníamos la sensación de que hubo una intervención divina muy especial, la cual alteró la secuencia de los sucesos que de otra manera habrían ocurrido. Me queda claro que esta intervención no fue un fenómeno de último momento… Todo fue parte del poderoso plan” (W.B. Grant, We Have a Guardian, pág. 13).

¿A qué se debió la intervención?: El rey Jorge VI convocó a un día nacional de oración para el 8 de septiembre, en los momentos culminantes de la batalla aérea. El pueblo apoyó con ímpetu el pronunciamiento del Rey, quien pedía oraciones de intercesión por la liberación, y se formaron colas delante de las iglesias de todo el país. Los británicos se sentían indudablemente alentados por los resultados de otro día de oración realizado el 26 de mayo, cuando más de 338.000 soldados pudieron evitar la aniquilación en la evacuación de Dunquerque.

Pero ahora la mayoría de los británicos andan absortos en su mundo “poscristiano”, y hasta dudan de la existencia de Dios; y menos hablar de su intervención en los sucesos del mundo. Hoy, la mayoría ve como extraño y anticuado el que hace 80 años ese pueblo haya elevado una súplica colectiva, pidiendo la guía divina y reconociendo que dependían del poder supremo de Dios. Nuestros lectores de El Mundo de Mañana, quizá se cuenten entre los pocos que reconocen lo indispensable que es en nuestra vida tener la mentalidad de dependencia en Dios.

La Biblia profetiza un futuro escuro para las naciones que se aparten de Dios (Deuteronomio 8:11-20; Levítico 26:15-17, 19, 33, 37-38). Moisés advirtió a los israelitas que no lo olvidaran ni dejaran de guardar sus mandamientos, para que Dios no pusiera su rostro contra ellos y los dejara ser derrotados por el enemigo. Dios está haciendo cumplir su propósito en la Tierra, y su mano dirige el destino de las naciones (Daniel 4:17, 25, 32).

Si los británicos, como nación, no están dispuestos a arrepentirse y volver a Dios, les espera una grave decadencia en su poder. Dirigiéndose al rey Salomón, el Dios Eterno expuso muy claramente cómo restablecer una correcta relación con Él: “Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los Cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra” (2 Crónicas 7:14).

Podemos pedirle a Dios que despierten nuestras naciones. Y aunque no lo hagan, nosotros, personalmente podemos humillarnos, arrepentirnos y acercarnos más a Dios… y recibiremos bendiciones por hacerlo. Para empezar a buscar la intervención divina en esta vida, ofrecemos nuestro folleto titulado: Cómo orar para que Dios responda: 12 claves. Puede solicitarse impreso escribiendo un correo a: [email protected] o descargarlo desde nuestro sitio en la red: www.Elmundodemanana.org. Recuerden que todas nuestras publicaciones las enviamos gratuitamente. [MM]

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