Sobrevivir y prosperar en tiempos de estrés

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Los resultados de muchos estudios muestran que nuestro mundo se hace cada vez más estresante.

La Biblia ofrece principios que nos ayudan no solamente a combatir la tensión emocional, ¡sino a aprovecharla para crecer!

¿Encuentra usted que ahora la vida es más estresante que hace unos años? En tal caso, no es la única persona. De acuerdo con datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), al menos 322 millones de personas en el mundo sufren depresión, un 18 por ciento más que hace una década, y otros 264 millones padecen trastornos de ansiedad, más del 15 por ciento respecto de hace diez años.

El periódico La Prensa publicó el siguiente comentario en su edición del 4 de octubre del 2018: “Los problemas de ansiedad, estrés, depresión y angustia están llevando a la gente a tomar decisiones equivocadas y hasta atentar contra su vida”.

Con la aceleración de la tecnología y el ritmo de vida en el siglo 21, millones padecen cada vez más estrés, depresión y enfermedades físicas. El diario El País publicó un artículo titulado: El estrés, aliado de la pobreza en Latinoamérica: “Salir a la calle y mirar a todos lados por miedo a un asalto. Trabajar hasta altas horas de la noche debido a la fuerte carga laboral y por temor a perder el empleo. Endeudarse con la tarjeta de crédito por los bajos ingresos y los crecientes costos de mantener a la familia”.

¡El problema es que el estrés afecta de manera profunda! Y si bien los peritos en salud pueden ofrecer estrategias útiles para combatir el estrés, hay otra fuente que ha demostrado ser una guía firme desde hace milenios: la Palabra de Dios. Sí, la Biblia revela medios poderosos para vencer el estrés, el miedo, la frustración y la ansiedad.

Obedecer y confiar

A los que están agobiados por la ansiedad que produce la carestía y la carga de deudas, si están dispuestos a obedecer, Jesucristo les dirige estas palabras: “No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas” (Mateo 6:31-32). Si confiamos en Dios y seguimos su guía, tendremos sabiduría y no estaremos en ansiosa inquietud, sino que estaremos buscando la forma de alinear nuestra vida con la voluntad de Dios, por eso dice el Maestro: “Buscad primeramente el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33). Dios es el dador de todo lo bueno y perfecto (Santiago 1:17). Ha prometido suplir todo lo que nos falta (Filipenses 4:19). ¿Cree usted lo que dice? Haga frente al estrés buscando la meta más alta de todas: el Reino de Dios y su justicia, lo cual significa la obediencia a los diez mandamientos.

Deténgase un momento

¿Se detiene usted por momentos para respirar profundo en este mundo tan ajetreado? ¿Saca un momento de sus actividades para admirar algo hermoso? Quizás empiece el día laboral estresándose por las congestiones del tráfico. Luego, con una cita o una pausa tras otra, saca apenas el tiempo necesario para un almuerzo ligero… si es que no se salta el almuerzo del todo. Las madres van y vienen con sus hijos al colegio y de una actividad tras otra. Muchas personas desempeñan dos trabajos solo para pagar los gastos.

Hay mucha adicción a la tecnología, gente que permanece en línea todo el día y pierde el contacto con el medio real. Muchas personas piensan que su país es el único donde la internet es un problema, pero un artículo del Telegraph de Londres aclara: “Un nuevo informe revela que la juventud británica pasa más tiempo en la internet que prácticamente cualquiera en el mundo, y esto la hace más infeliz y más susceptible a problemas de salud mental. Casi uno de cada cuatro estudiantes en el Reino Unido se clasifica como usuario extremo de la internet, y decenas de miles pasan tres veces más tiempo en línea que los niños en el resto del mundo” (19 de abril del 2017).

¿Qué ofrece Dios como alternativa? Leemos que “los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos” (Salmos 19:1). Para reducir o aun prevenir el estrés, hay que procurar conectarse con la naturaleza. Tomar un descanso. Buscar un jardín de rosas o cualquier otra cosa hermosa en la naturaleza que se pueda admirar. Por la noche, hacer una pausa para observar el esplendor de las estrellas en el cielo. Y detenerse a orar, diciéndole a Dios cuánto se le agradecen las maravillas de su creación. Dios nos dice: “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios; seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la Tierra. El Eterno de los ejércitos está con nosotros; nuestro refugio es el Dios de Jacob” (Salmos 46:10-11).

Orar ante las preocupaciones

¿Tenemos preocupaciones? ¿Dejamos que los temores e inquietudes produzcan estrés físico y emocional en la vida? El patriarca Job se lamentó: “El temor que me espantaba me ha venido, y me ha acontecido lo que yo temía” (Job 3:25). ¿Qué debió hacer? El apóstol Pablo responde claramente: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias” (Filipenses 4:6). En otras palabras, ¡expresemos las inquietudes, temores y angustias a Dios en oración!

Para mucha gente, las necesidades diarias son motivo de preocupación. De nuevo, ¡acudir a Dios! Jesús dijo que Dios sabe lo que necesitamos aun antes de que lo pidamos (Mateo 6:8), pero desea que le pidamos porque esto estrecha nuestra relación con Él.

¿Nos inquieta el estado del país? Mientras la gente sigue polarizada entre las ideologías divergentes, en los últimos años ha vivido la pesadumbre de perder amistades preciosas de mucho tiempo. ¿Qué debemos hacer si sentimos angustia por la manera como se gobierna la nación? La Biblia trae la respuesta: ¡Orar por la nación!

Debemos, sin duda, pedir que los gobernantes tengan misericordia con quienes buscan fielmente obedecer a Dios, permitiendo que vivan en paz. Esto lo leemos en el consejo del apóstol Pablo al evangelista Timoteo: “Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad” (1 Timoteo 2:1-2). Pero hay otro aspecto que muchas personas, incluso cristianas, suelen olvidar. Si usted siente estrés porque le disgusta el líder de su nación, debe comprender quién permitió que esa persona gobernara: “Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas” (Romanos 13:1). Cuando entendemos que Dios está a cargo, podemos dejar las inquietudes personales por los líderes de la nación y concentrarnos en suplicar que se haga la voluntad de Dios.

¿Cómo debemos orar? Pablo dijo que oremos con acción de gracias (Filipenses 4:6). Pedir lo que se necesita o se desea, pero no olvidar expresar el agradecimiento a Dios por todas sus bendiciones. A medida que se aprende a reconocer sus bendiciones, y no solamente las dificultades, empezaremos a ver los problemas dentro de un contexto más amplio, y esa perspectiva mayor reducirá el estrés.

Clamemos a Dios por sus promesas

Cuando oremos, no hay que dudar en clamar a Dios por lo que ha prometido. La Biblia es un tesoro de promesas seguras y maravillosas para nosotros. El apóstol Pedro ofrece palabras poderosamente animadoras:

“Gracia y paz os sean multiplicadas, en el conocimiento de Dios y de nuestro Señor Jesús. Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia” (2 Pedro 1:2-4).

Clamar por las promesas de Dios en oración nos ayuda a vencer el estrés. ¿Cuáles son algunas de esas promesas?: Dios ha prometido responder a nuestras oraciones (Mateo 7:7-8); ha prometido satisfacer nuestras necesidades (Filipenses 4:19); ha prometido guiarnos en la vida (Proverbios 3:5-6); ha prometido conceder las peticiones de nuestro corazón, si nos deleitamos en Él (Salmos 37:4-5); nos ha prometido paz mental (Filipenses 4:6-7); nos ha prometido el don del Espíritu Santo (Hechos 2:38; Lucas 11:13); nos ha prometido el don de su amor (Romanos 5:5); y nos ha prometido vida eterna (1 Juan 2:25). Estas son solo algunas promesas. En la Biblia hay muchas más para nosotros, para nuestras amistades y seres queridos; y para todos los seres humanos en la Tierra, siempre y cuando vengamos ante Dios en oración y con fe, por medio de nuestro Salvador Jesucristo.

Planifique con tiempo

¿Es siempre malo el estrés? El endocrinólogo Hans Selye define estrés como “la respuesta no específica del cuerpo a toda exigencia que se le haga” (Stress Without Distress, pág. 14). Esta definición toma en cuenta tanto el tipo de estrés bueno, por ejemplo, el que acompaña un ascenso en el empleo, como el tipo de estrés malo o aflicción, como el que se siente cuando nos rechazan la tarjeta de crédito. Fisiológicamente, los dos tipos de estrés son iguales. Ambos producen aumento de la presión sanguínea, ritmo respiratorio acelerado, mayor actividad digestiva, aumento de azúcares y ácidos grasos en el sistema circulatorio, elevación del metabolismo, mayor retención de sodio y baja de la función inmune.

Cuando trazamos planes, podemos aprovechar el estrés de una manera positiva. La verdad es que necesitamos factores estresantes positivos en la vida para que esta sea divertida e interesante, y ciertos factores de estrés también nos hacen más productivos. Por ejemplo, los plazos de entrega y las bonificaciones por completar un trabajo son cosas que nos motivan. Jerrold Greenberg, investigador en el campo de la salud, lo expresa así: “El objetivo en el manejo del estrés no es eliminar todo el estrés… Nuestro objetivo debe ser limitar sus efectos nocivos a la vez que conservamos vitalidad y calidad de la vida” (Comprehensive Stress Management, págs. 12, 14).

Para mucha gente, el hecho de planear con unos días de anticipación puede parecer un reto, pero nuestra actitud puede mejorar si hacemos un calendario con pasos específicos hacia nuestras metas principales. El siguiente es un consejo bien conocido para manejar el tiempo: cuando nos vemos ante una tarea que parece difícil o complicada, debemos descomponerla en muchas tareas pequeñas que sean manejables separadamente. En vez de sentirnos abrumados por el enorme reto, podemos ir superando una serie de retos más pequeños.

¿Cuál es el proyecto más grande de todos, el reto mayor? Como hemos dicho antes, el objetivo primordial debe ser buscar el Reino de Dios. Como ya lo saben quienes leen frecuentemente esta revista, Dios ha planeado un futuro espléndido para nosotros como miembros de su Familia, un plan casi inimaginable en nuestro estado actual. Sin embargo, está a nuestro alcance si hacemos uso de lo que nos ha concedido. Para alcanzar nuestras metas ¡contamos con el poder de Jesucristo! Las Escrituras dicen que “no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” (2 Timoteo 1:7). Y recuerde la amonestación del apóstol Pedro en el día de Pentecostés: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hechos 2:38). ¿Se ha arrepentido usted de sus pecados? ¿Ha sido bautizado correctamente conforme a lo descrito en la Biblia? Si ha pensado seriamente en hacer un compromiso vitalicio delante de Dios, le instamos a consultar con uno de los ministros afiliados a El Mundo de Mañana. Tenemos ministros en muchas regiones del mundo. Puede comunicarse con la oficina regional más cercana a su domicilio entre las que aparecen en la página 2 de esta revista, o puede buscarnos en nuestro sitio en la red: www.ElMundodeManana.org.

Mantenga una actitud positiva

¿Cómo comparar las luchas personales con las del apóstol Pablo? En una carta dirigida a los corintios, Pablo mencionó las contrariedades, pruebas y tribulaciones que había soportado: “De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno. Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar” (2 Corintios 11:24-25). ¿Cómo combatió esas situaciones estresantes? ¡Se concentró en mantener una actitud positiva! Aun estando encarcelado, animó a otros a hacer lo mismo: “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad. Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros” (Filipenses 4:8–9).

Piense en todo lo que es verdadero. ¿Qué es verdadero? Jesús oró así al Padre: “Santifícalos en tu verdad; tu Palabra es verdad” (Juan 17:17). La Palabra de Dios, la Biblia, es verdad. Piense en los pasajes de las Escrituras que son importantes para usted. Lea la Biblia. Marque, resalte o subraye los versículos que muestran un significado especial para usted. Apreciados lectores y lectoras, ustedes y yo debemos leer la Biblia. ¡Les animo a leerla todos los días! La Palabra de Dios será una inspiración. Ayudará a despejar y limpiar los pensamientos y la mente. Como dijo Jesús: “Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. Permaneced en mí, y yo en vosotros” (Juan 15:3-4).

El apóstol Pablo también nos pide que meditemos en “todo lo amable” (Filipenses 4:8). A veces, cuando deseo contrarrestar el estrés, pienso en escenas agradables y pintorescas que he visto en mis viajes. Pienso en las puestas de Sol que he presenciado por todo el mundo. Pienso en lagos, montañas y arco iris hermosos. Meditemos en lo positivo ¡y bajará el estrés!

Amar al prójimo

El egoísmo es una causa principal del estrés. Centrarse demasiado en nosotros mismos agrava el estrés en la vida. Al respecto, la Biblia señala un principio sencillo pero profundo. El apóstol Pablo afrontó muchas dificultades en la vida, pero resaltó este principio clave dado por el Señor: “En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir” (Hechos 20:35).

Recordemos la historia del buen samaritano. Un intérprete de la ley había respondido correctamente a una pregunta que Jesús le hizo, lo que daba a entender que comprendía el mandamiento de amar al prójimo como a sí mismo. (Lucas 10:25-28). Pero sigamos leyendo: “Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo?” (Lucas 10:29). En respuesta, Jesús narró la historia de un sacerdote y un levita, ambos miembros respetados de la sociedad, que optaron por pasar de largo sin ayudar a un hombre que había sido agredido y herido por ladrones. El hombre lesionado recibió la ayuda que necesitaba de un samaritano, persona mal vista por los judíos de la época, pero que estuvo dispuesto incluso a pagar los gastos hasta que el hombre recobrara la salud (vs. 30-35). Luego, Jesús le hizo una pregunta directa al intérprete de la ley: “¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? Y aquel dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo” (vs. 36-38).

Cuando amamos al prójimo y ayudamos a los necesitados, nuestras penalidades se atenúan, y vemos nuestra vida desde una perspectiva más positiva. Aunque estemos sufriendo, debemos hacer bien a los demás: “De modo que los que padecen según la voluntad de Dios, encomienden sus almas al fiel Creador, y hagan el bien” (1 Pedro 4:19). Dios espera que amemos al prójimo, y que continuemos haciendo el bien a los demás, aun en medio de nuestras contrariedades… y el hecho de pensar en los demás y no en nuestra propia persona, nos va a resultar provechoso.

Incluso en el medio laboral, algunas empresas están descubriendo que reducir el estrés en sus trabajadores mejora el rendimiento. Mark Bertolini, expresidente de la empresa de seguros Aetna, se preocupó al saber que el 20 por ciento de los empleados con más estrés en su empresa gastaban $1.500 dólares más cada año en atención médica que los empleados con menos estrés. Su reacción fue hacer cambios en las normas de le empresa. Aetna se propuso reducir no solamente el estrés financiero elevando los sueldos básicos y ayudando a los empleados a pagar sus deudas estudiantiles, sino que fijó una bonificación de $300 para quienes lograran dormir siete horas y media durante 20 noches consecutivas. ¿Cuál fue el resultado? Los empleados no solo informaron subjetivamente que tenían menos estrés, sino que la empresa aumentó su margen de operación del 8 por ciento al 9,1 por ciento (CNBC.com, 19 de junio del 2019). Vemos, pues, que el principio de Lucas 6:38: “Dad, y se os dará”, vale aun en el mundo de los negocios. Cuando practicamos el “camino del dar”, ¡podemos reducir nuestro propio estrés diario y el de los demás!

El amor es interés generoso por los demás. Cuando practicamos el camino del dar en la vida, podemos prosperar en medio del diario estrés. Lo anterior se afirma también en el segundo gran mandamiento: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:39).

Apreciados lectores y lectoras, ¿será posible vencer nuestros temores, preocupaciones y angustias viviendo en un mundo lleno de presiones? Con la ayuda de Dios, sí es posible. Podemos sobrevivir y prosperar en tiempos de estrés. Pongamos en práctica las estrategias que hemos explicado en este artículo, y demos gracias a Dios por su Palabra, llena de grandes y preciosas promesas, que nos ayudarán a llevar la vida abundante que desea para todos nosotros. [MM]