El camino estrecho y la carga ligera

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Pregunta: Si la puerta es estrecha y el camino angosto, como afirmó Jesucristo en Mateo 7:13-14, ¿cómo entonces su yugo es fácil y su carga ligera? (Mateo 11:30). Ruego me expliquen esta aparente contradicción.

Respuesta: A primera vista esto parece una contradicción, pero no lo es. Para responder a su pregunta debemos entender cada pasaje, comenzando con Mateo 7:13-14.

Allí Jesús comparó dos formas de vida, diciendo: “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan”. La palabra “estrecha” en la versión Reina Valera se ha traducido de una palabra griega que significa “ajustado” o cercado de grandes rocas dentro de un desfiladero. La palabra griega traducida como “angosto” también lleva la idea de algo apretado o reducido.

El camino de Dios no es el camino natural que la humanidad pecadora elegiría como el más cómodo o deseable. La naturaleza humana busca su propia comodidad egoísta. Resiente sutilmente y se rebela contra el camino de Dios y sus leyes, los diez mandamientos (Romanos 8:7). Tan “engañoso es el corazón” del hombre (Jeremías 17:9), que muchos piensan que pueden creer en Jesucristo y persistir en una vida de pecado. Por tanto, Jesús amonestó así a todos sus seguidores: “Esforzaos a entrar por la puerta angosta” (Lucas 13:24).

La naturaleza humana se inclina hacia el egoísmo y la desobediencia a las leyes justas y santas de Dios. Sin un arrepentimiento profundo y de todo corazón por el pecado y sin una lucha contra la propia naturaleza humana, ¡muchos no encontrarán la puerta que lleva al Reino de Dios! Para todo verdadero cristiano, la lucha consiste en arrepentirse de los pecados y reemplazar su propia voluntad con la voluntad de Dios. La arrolladora mayoría de las personas no desean seguir el camino recto y angosto, sino que optan por el camino ancho y fácil. Algunos profetizarán en el nombre de Cristo, echarán fuera demonios y harán muchos prodigios, pero de nada les servirá (Mateo 7:21-23). ¿Por qué? Porque siguen siendo “hacedores de maldad” (v. 23). En cambio, a quienes sí decidan arrepentirse y dejar atrás la maldad, Jesús les ayudará a entrar en el camino estrecho.

Ahora veamos el segundo pasaje en la pregunta. Jesús dijo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mateo 11:28-30). El apóstol Juan explica: “Este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos” (1 Juan 5:3).

El camino de Dios realmente es un camino bendito, que libera del pecado y sus consecuencias; en última instancia, la muerte (Romanos 6:23). Nosotros, como cristianos, debemos seguir esta instrucción: “Despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia” y tener fe en que Jesucristo nos ayudará a salir airosos de todos nuestros problemas y tribulaciones (Hebreos 12:1-4). “Echando toda [nuestra] ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de [nosotros]” (1 Pedro 5:7). ¡El peso del pecado nos agobia para no dejarnos avanzar! Gracias al arrepentimiento y a la fe de Jesucristo, podemos recibir el perdón y quedar libres del peso del pecado. Jesús hablaba de dos caminos de vida: esclavitud al pecado, encadenados por la culpabilidad que lleva a la muerte eterna, o bien obediencia al camino de Dios, felicidad y bendiciones abundantes que culminan con la vida eterna.

Los dos pasajes en cuestión no son, por lo tanto, contradictorios sino secuenciales. Uno promueve una acción: elegir la obediencia a la ley de Dios. El otro describe los resultados de esa decisión: un yugo fácil y una carga ligera. Todo el que haya tomado ya esa decisión conoce las bendiciones que trae. [MM]