¿Sí, sí o no, no?

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Mientras caminaba junto al abogado defensor desde su oficina hacia los tribunales de justicia, donde debía testificar en un litigio sobre un contrato de seguros, le dije que cuando los testigos fueran a ser "juramentados", yo no lo haría.


El abogado, sorprendido, me lanzó una mirada de curiosidad y preguntó: "¿Es por algún asunto religioso?"

Le respondí: "Jesucristo dijo: ‘No juréis en ninguna manera’" (Mateo 5:34). Y le expliqué que yo sigo sus instrucciones. Los dos seguimos en silencio y pronto nos encontramos sentados en la sala de juicios cuando la jueza que presidía iniciaba los procedimientos.

Después de algunos saludos, la jueza dio instrucciones a su secretario para que tomara el juramento a quienes iban a testificar. El abogado defensor trató de hablar en mi favor, pero solo logró emitir un balbuceo vacilante, parecía avergonzado de explicar mi situación.

Ante esto, la jueza se quedó perpleja, así que tomé la palabra y dije: "Su señoría, creo que el abogado está tratando de explicarle que yo no juro". Eso pareció molestar a la jueza, y en respuesta dijo ásperamente: "¡Quienes se van a presentar ante este despacho, ¿solemnemente juran o afirman [estas últimas dos palabras las pronunció deliberadamente señalándome] decir toda la verdad y solo la verdad?"

En esta forma comenzó el juicio. Y, por cierto, perdimos el caso.

Los juramentos, y especialmente los juramentos judiciales, son muy comunes en nuestra sociedad. Muchos documentos oficiales requieren la autenticación de un notario público, y esas certificaciones generalmente dan fe de que el firmante ha jurado. Por ejemplo, cuando se llena un formulario para reclamar, bajo la mayoría de las pólizas de seguros, se exige una declaración jurada con la prueba de las pérdidas. Los documentos de préstamos, facturas de venta, títulos de automóviles y de evaluación de impuestos; están entre los muchos documentos que normalmente exigen que el firmante "jure" que la información suministrada es veraz.

"¿Cuál es el problema?", usted se preguntaría. "¿Por qué es tan importante?" Estas son buenas preguntas, especialmente si uno trata de vivir bajo toda palabra de Dios (Mateo 4:4). Sentado en un monte, Jesucristo les enseñó a sus discípulos en privado, explicándoles en esta forma: "Habéis oído que fue dicho a los antiguos: No perjurarás, sino cumplirás al Señor tus juramentos. Pero yo os digo: No juréis en ninguna manera; ni por el Cielo, porque es el trono de Dios; ni por la Tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer blanco o negro un solo cabello. Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede" (Mateo 5:33-37).

Santiago, el hermano de Jesús, reafirmó este principio cuando dijo: "Sobre todo, hermanos míos, no juréis, ni por el Cielo, ni por la Tierra, ni por ningún otro juramento; sino que vuestro sí sea sí, y vuestro no sea no, para que no caigáis en condenación" (Santiago 5:12).

¿Un asunto sencillo? Sí. Pero, obviamente, importante para Dios; y por lo tanto algo que debería ser importante para nosotros. En muchas jurisdicciones, la ley permite la simple afirmación en lugar de jurar. De manera que uno puede contestar: "Yo afirmo", en vez de "Yo juro". Tanto en un tribunal como cuando se firma un documento.

Santiago también nos exhortó: "Mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar" (Santiago 1:19). Y cuando hablemos, debemos hacerlo claramente y sin ambigüedades, de manera que la gente pueda entender nuestro "Sí" y nuestro "No", sin recurrir a juramentos. Para una mayor comprensión sobre este tema, solicite y estudie nuestro folleto gratuito: Los diez mandamientos. Puede solicitarlo telefónicamente a uno de nuestro números que se indican en la página 2 de esta edición, o por el correo: [email protected]o bajarlo desde nuestro sitio en la red: www.mundomanana.org. Usted aprenderá cómo cosechar las muchas bendiciones de Dios al vivir poniendo por obra sus instrucciones.

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