La pornografía: un secreto vergonzoso

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El nuestro es un mundo de satisfacciones a corto plazo. La pornografía es fácil de encontrar y, para muchos, difícil de abandonar. Con la ayuda de Dios, ¡usted puede liberarse!


La pornografía está carcomiendo el alma del mundo moderno. ¿Habrá esperanza para un mundo cada vez más adicto a la lujuria? ¿Hay esperanza para usted si es esclavo de la pornografía?

Empieza muy "inocentemente"… o así parece: Una ojeada, una miradita, una excitación pasajera. Luego otra mirada. Un momento de curiosidad se convierte en fascinación. La persona se siente atraída hasta hundirse en una arena movediza de vergüenza y culpabilidad. Una ocasión se convierte en dos, luego tres. Un minuto se convierte en una hora. Una distracción momentánea se convierte en un hábito que se repite durante meses y años. La persona pierde algunas de las cosas más valiosas en su vida: quizás el empleo, quizá la esposa o el esposo, la novia o el novio. Y lo más doloroso de todo: pierde su sentido de dignidad y amor propio.

La pornografía es la "nueva droga" de la sociedad actual. En los Estados Unidos hay cuatro millones de adictos, más o menos el mismo número de adictos a la cocaína, la heroína y las metanfetaminas en conjunto. Y 40 millones de estadounidenses reconocen que miran pornografía con regularidad. Pero el problema no es solamente en los Estados Unidos. Dos tercios de los australianos reconocen que miran pornografía de vez en cuando y muchos son adictos. El setenta por ciento de los hombres británicos entre las edades de 18 y 34 años dicen que miran pornografía por lo menos una vez al mes. En un informe de la ONU sobre la sexualidad de los adolescentes en Irlanda, el 78 por ciento de los varones adolescentes y el 40 por ciento de las chicas dijeron que habían mirado pornografía en la internet.

¿Qué está ocurriendo? ¿Hay esperanza para los millones que se están hundiendo en sus apetitos lascivos?

¿Por qué no hay una "guerra contra la pornografía"?

Contra la pornografía no se ha declarado ninguna "guerra" como la hay contra las drogas. No vemos un esfuerzo concertado de los gobiernos y agencias para luchar contra este cáncer. Sin embargo, es un mal que afecta el cerebro exactamente como lo hacen las drogas ilícitas. Cuando una persona mira material pornográfico, el cerebro queda sobre-expuesto a sustancias químicas del placer, como dopamina, serotonina, oxitocina y epinefrina. El cerebro se modifica para acomodar las sustancias adicionales. El cuerpo acumula tolerancia y dependencia de esas sustancias químicas. Pasa de desear las sustancias químicas para sentirse bien, a "necesitarlas". La pornografía es la nueva narcoepidemia, que, en silencio, se está apoderando del mundo.

Tal como ocurre con cualquier droga, hay miles de personas que se benefician descaradamente de sus víctimas. La pornografía es una industria valorada en muchos miles de millones de dólares. Los vendedores de esta forma pervertida de "libre expresión" se oponen a los intentos por controlar el material ilícito, por vulgar y corruptor que sea. La televisión y el cine lo presentan como una diversión inocua. Algunos consejeros, en su ignorancia, han llegado al extremo de sugerir a las parejas que miren pornografía como un medio para resolver sus problemas conyugales. ¡Qué trágico error!

Algunos dirán que mirar unas imágenes eróticas no es mayor cosa, que se trata de un "crimen sin víctima". ¿Acaso no son víctimas las personas, en su gran mayoría mujeres, que se venden, o son vendidas, para alimentar la industria pornográfica? ¿Y los adictos? ¿Reciben acaso verdadera satisfacción mediante un hábito que los encadena a un ciclo de apetito carnal descontrolado, seguido de una espiral de desprecio propio?

Cada vez son más las investigaciones que revelan los efectos absolutamente devastadores de la pornografía sobre quienes caen bajo su maleficio: mayor probabilidad de depresión clínica severa, sentimientos de soledad, pérdida del empleo, pérdida económica, infidelidad matrimonial y divorcio. El efecto quizá más sorprendente es que muchos pierden su capacidad de disfrutar, incluso de practicar, relaciones sexuales con una persona real.

En el libro titulado: La trampa de la pornografía, Wendy y Larry Maltz describen los efectos terribles de la pornografía. "El hecho de recurrir con frecuencia a la pornografía implica mucho disimulo y actividad secreta, por lo cual las personas que caen en ella suelen decir que se sienten aisladas, avergonzadas, deprimidas, falsas, moralmente comprometidas y en algunos casos, con tendencias suicidas… La mayoría de los adictos a la pornografía que hemos aconsejado o conocido se sorprenden al ver cómo esta pasó de ser una diversión esporádica a convertirse rápidamente en un problema habitual con la capacidad de destruir casi todo aspecto de la vida real… deteriorando sus relaciones, su trabajo, su amor propio e incluso sus sueños y deseos". Siendo así, ¿cuál es la solución?

Consejos desde la antigüedad

Hace miles de años el patriarca Job escribió que él cuidaba mucho hacia adónde miraba: "Yo había convenido con mis ojos no mirar con lujuria a ninguna mujer" (Job 31:1, NVI). Proverbios 6:23-25 prosigue así: "El mandamiento es lámpara, y la enseñanza es luz, y camino de vida las reprensiones que te instruyen, para que te guarden de la mala mujer… No codicies su hermosura en tu corazón, ni ella te prenda con sus ojos". El apóstol Juan hizo eco de la misma advertencia: "No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre" (1 Juan 2:15-17). La lujuria no es nada nueva, sino una tentación muy antigua que ha hecho caer a muchos, aun a "los más fuertes" (Proverbios 7:26).

El apóstol Santiago explica cómo ocurre la tentación y adónde lleva: "Cada uno es tentado cuando sus propios malos deseos lo arrastran y seducen" (Santiago 1:14, NVI). El versículo siguiente dice: "Cuando el deseo ha concebido, engendra el pecado; y el pecado, una vez consumado, da a luz la muerte" (v. 15). ¿Qué tipo de muerte causa la pornografía? Muerte del carácter y de la propia estima. Muerte de la confianza y de la integridad. Muerte de la honra y de la confianza en sí mismo. Muerte de las relaciones normales y sanas. Posible muerte por enfermedades de transmisión sexual a causa de la promiscuidad. Y al final: "El lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda" donde terminarán "los incrédulos, los abominables, los homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos" (Apocalipsis 21:8). Dios no desea que ninguno muera, sino que todos se arrepientan y vivan. "Vivo yo, dice el Eterno el Señor, que no quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino, y que viva. Volveos, volveos de vuestros malos caminos" (Ezequiel 33:11). Dios aborrece la pornografía porque destruye la vida de sus hijos, a quienes desea ver en su Reino.

Si usted tiene el vicio de la pornografía y quiere cambiar, hay buenas noticias. ¡Puede hacerlo! Pero antes debe comprender que tiene un poderoso enemigo espiritual, Satanás, quien no desea que usted cambie. Él ha engañado a todo el mundo y ha arrastrado a la gente al pecado (Apocalipsis 12:9). Es él quien pretende que usted sea consumido por el vicio. Por eso, el apóstol Pedro nos advierte que seamos conscientes de sus acechanzas: "Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo" (1 Pedro 5:8-9).

Satanás aprovecha el sentimiento de vergüenza. Quiere que los adictos se sientan abrumados. Si usted es adicto a la pornografía, Satanás desea que usted se crea el único que lucha contra ese problema. Desea que usted se sienta solo, aislado e indigno del perdón de Dios. ¡Nada más lejos de la verdad! Como bien dijo el apóstol Pablo: "No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar. Por tanto, amados míos, huid de la idolatría" (1 Corintios 10:13-14).

Todo vicio es idolatría. Cuando uno está enviciado, siente apetito por algo o alguien, con exclusión de todo lo demás. Cuando llega el apetito, arrolla y consume, no deja parar. Proverbios 27:20 dice: "Los ojos del hombre nunca están satisfechos". Jamás es suficiente. Una de las mentiras que se dice el adicto a sí mismo es: "Puedo parar en cualquier momento" o, "no es gran cosa". Si usted está enviciado a la pornografía, ¡deje de mentirse y busque ayuda! Si se encuentra atrapado en el pecado de la lujuria y la idolatría, ¡está poniendo su apetito en "la cosa creada", por encima del Dios que hizo la vida y le da a usted hasta el aliento que lo mantiene vivo! Y Él toma esto muy en serio. Pablo dice: "Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría" (Colosenses 3:5). Ser adicto a las imágenes sexuales no es, en realidad, diferente de postrarse delante de un ídolo de tierra o de madera. Es idolatría del corazón.

Dios quiere que seamos libres. Jesús dijo: "Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres" (Juan 8:32). Prosiguió, diciendo: "Todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado" (v. 34). El apóstol Pablo reiteró la misma idea: "¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia?" (Romanos 6:16). Pablo explica que Dios quiere vernos libres de las cadenas del pecado, para convertirnos en "siervos de la justicia" (v. 18). Desea que tengamos "por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna" (v. 22).

¡Hora de cambiar!

Si usted ha sido esclavo de la lujuria y quiere librarse, ¡puede hacerlo! Vuélvase a Dios de todo corazón, con todas sus fuerzas. Ríndase a Él en todos los aspectos de su vida. ¡Toda ella le pertenece, puesto que Él nos hizo! Humíllese delante del Dios Eterno. Como dice el apóstol Santiago: "Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros. Acercaos a Dios, y Él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones. Afligíos, y lamentad, y llorad. Vuestra risa se convierta en lloro, y vuestro gozo en tristeza. Humillaos delante del Señor, y Él os exaltará" (Santiago 4:7-10).

Pídale a Dios que le conceda arrepentimiento. Dígale que usted desea tener una relación real con Jesucristo. Su Salvador se hizo carne para que comprendiera lo que es ser humano. Sintió las tentaciones de la carne, pero nunca pecó (Hebreos 4:15). Habiendo estado en la Tierra, y habiendo sentido tentaciones, Jesucristo puede animar y consolar a los que se esfuerzan por vencer. ¡Y por medio de su Espíritu, puede darles poder para vencer de verdad! "Pues en cuanto Él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados" (Hebreos 2:18). En otras palabras, ¡hay esperanzas de vencer!

Si usted realmente desea abandonar el vicio, tendrá que hacer algunos cambios concretos en la vida. Tendrá que alejarse de los medios y situaciones que lo pongan en circunstancias peligrosas: "No se aparte tu corazón a sus caminos; no yerres en sus veredas" (Proverbios 7:25). Si sus viejos amigos lo hacen caer en aquellos hábitos, ¡es hora de buscar amigos nuevos: "Si los pecadores te quisieren engañar, no consientas"! (Proverbios 1:10) Quizá no se sientan halagados y tal vez ofendidos por los nuevos principios que usted ha adoptado (1 Pedro 4:4), ¡pero la vida eterna vale el sacrificio!

Es de inteligentes trazarse ciertas reglas de conducta personales que lo mantengan bien alejado del "precipicio". ¡Vale la pena! Dios no se limita a aconsejar que combatamos la conducta inmoral: ¡Dice que huyamos lejos de ella! (1 Corintios 6:18). Entérese de cuáles son los "fulminantes" que desencadenan el apetito por la lujuria. ¿Cuándo cae en tentación? ¿Cuándo está bajo tensión? ¿Deprimido? ¿Aburrido? ¿Cuándo no ha estado orando, estudiando o cerca de Dios? Al conocerse a sí mismo y analizar su comportamiento, estará mejor preparado para saber cuándo está en peligro y podrá tomar medidas para no "irse por el precipicio".

¡Llénese del Espíritu de Dios!

La verdadera solución ante un vicio implica una mayor profundidad espiritual, es decir, tener una relación más profunda con Dios. Y para vencer realmente fuerzas tan poderosas como es el vicio, se necesita de la ayuda divina. El apóstol Pablo escribió: "Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí" (Gálatas 2:20).

La pornografía no es un enemigo invencible. Eso sí: la victoria requiere un compromiso consigo mismo y con sus relaciones. Los autores Stephen Arterburn y Fred Stoeker dicen enuna de sus publicaciones: "La batalla por la pureza tiene que ver conconvertirse en el héroe de su esposa y no en su pesadilla, y demostrar que es lo bastante hombre para cumplir sus compromisos con ella". La vida cristiana es una lucha ¡hasta el final! "Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre. Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna" (1 Timoteo 6:11-12). Si usted está combatiendo, ¡no se desanime! Jesucristo viviendo en usted puede cambiar sus pensamientos. ¡Puede cambiar su vida! ¡Pero la decisión es de usted!

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