¿Cuál es el error del matrimonio homosexual?

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¿De dónde viene la insistencia por el matrimonio entre personas del mismo sexo, y qué efectos tendrá sobre la sociedad? ¡No se deje engañar! En un intento malintencionado por destruir al género humano, ¡Satanás el diablo ha influido en millones para que acepten la idea de que varones "se casen" con varones y mujeres "se casen" con mujeres! Muchas personas, aun inteligentes, se dejan seducir por tácticas y argumentos astutos, creyendo que tal práctica, antes inaudita, debe ser un "derecho humano".


¡Nuestro mundo está evolucionando rápidamente! Es increíble ver la prontitud cómo se acepta un sistema de vida que durante milenios fue impensable. Hace apenas 40 años, en 1973, la Asociación Psiquiátrica Americana consideraba que la práctica del homosexualismo era un "trastorno mental". No eran ideas del lejano oscurantismo. Eran hombres y mujeres que en su mayoría todavía viven. Y les tocó observar cuando esa asociación cedió a la presión de los activistas y declaró oficialmente que la práctica homosexual era "normal".

Hay que preguntarse si esos psiquiatras comprendían un ápice de lo que dijo Jesucristo cuando describió las astucias de Satanás. Esta es su descripción sobre el diablo: "Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira" (Juan 8:44). ¡Satanás está empeñado en que la humanidad crea una mentira!

Abunda la información sobre la marcha de las naciones hacia un nuevo modo de vida apartado de la Palabra de Dios. El investigador David Kupelian ofrece el siguiente esbozo de esa transformación:

"Realmente, en unos cincuenta años hemos pasado de vivir según los valores tradicionales judeocristianos, a una vida en la cual los mismos valores son cada vez más objeto de burla, rechazo y escarnio.

¿Qué está pasando? ¿Acaso la humanidad actual tiene algo inherente que la confunde moralmente y la hace más depravada que las generaciones anteriores?

Desde luego que no. Pero nos hemos dejado llevar, y por mucho, por algunas de las campañas de mercadeo más atrevidas y eficaces en la historia moderna.

La pura verdad es que en el transcurso de nuestra vida, gran parte de lo que antes detestábamos se ha empacado, perfumado, envuelto y vendido como si fuera de gran valor. Aprovechando hábilmente nuestros principios de justicia, generosidad y tolerancia; los publicistas nos han convencido de que acojamos como avanzado y noble todo aquello que las generaciones anteriores consideraron autodestructivo: en una palabra, el mal".

Esta transformación no ocurrió espontáneamente ni al azar, sino que fue planeada por quienes buscaban transformar la sociedad. Kupelian describe una de las muchas manifestaciones públicas ideadas para llamar la atención del público y ganar simpatía por su causa:

"Un incidente notorio fue el ataque contra la famosa catedral de San Patricio en la ciudad de Nueva York, el 10 de diciembre de 1989. Mientras el cardenal John O’Connor celebraba la misa del domingo a las 10:15 de la mañana, una multitud de simpatizantes del ‘derecho a decidir’ y de los ‘derechos gay’ protestaban acaloradamente en la calle. Unos, vistiendo túnica dorada parecida a la vestimenta clerical, elevaron una imagen grande de un supuesto Jesús desnudo con alteraciones pornográficas.

‘¡O’Connor fanático, usted nos está matando!’ gritó un manifestante, mientras se agitaban letreros que tildaban al arzobispo de ‘asesino’.

Luego la situación se puso realmente fea. Veintenas de manifestantes entraron en el templo, con resultados que muchos parroquianos en el recinto atestado describieron como una ‘pesadilla’.

‘Los homosexuales radicales convirtieron la celebración de la eucaristía en un caos de alaridos, parándose en las bancas, gritando y agitando los puños, lanzando condones al aire’, según narró el diario New York Post. Uno de los invasores tomó una hostia consagrada y la tiró al piso.

En la calle, muchos de los manifestantes llevaban pancartas que expresaban sus sentimientos hacia la Iglesia Católica en los términos más soeces, siendo quizás el menor de ellos: ‘Vida eterna para el cardenal Juan O’Connor ¡AHORA!’".

Otro documento importante que ayuda a explicar esta transformación, es un libro publicado en1990 por dos activista instruidos en la Universidad de Harvard, que montaron una campaña de relaciones públicas para hacer avanzar el movimiento por los "derechos gay". El libro se titulaba: Después del baile: cómo vencerá Estados Unidos su temor y odio por los gays en los años noventa.

Kupelian explica: "El plan maestro de Kirk y Madsen, en resumen: ‘La campaña que esbozamos en este libro, aunque compleja, se fundamenta en un programa de propaganda descarada, firmemente asentada en principios establecidos de la psicología y la publicidad’…

Un ejemplo sencillo: Los activistas homosexuales le dicen a su movimiento ‘derechos gay’. Con esto logran dos objetivos principales: (1) El empleo de la palabra gay en vez de homosexual disimula el comportamiento sexual polémico y resalta una identidad cultural vaga pero de insinuación positiva: gay, que antes significaba en inglés ‘alegre’. (2) La descripción de su batalla, desde al comienzo, como una de ‘derechos’ da a entender que a los homosexuales les están negando las libertades básicas de ciudadanos que otros sí disfrutan".

La astuta mentira de Satanás

Satanás suele valerse de instrumentos humanos para lograr su propósito, y esos instrumentos pueden ser personas eruditas e inteligentes. Como "maestro del engaño", Satanás busca resultados. Y sabe que la gente siente simpatía por una víctima oprimida ya que esto le trae un sentimiento de satisfacción propia. Entonces, dirige la atención hacia la idea de que los hombres y mujeres homosexuales "nacen así" y que supuestamente no pueden evitarlo.

Un aspecto de este ataque tiene que ver con la idea de un "gen gay", que supuestamente es parte de la composición inherente de la persona, o sea que "nace" homosexual. Sin embargo, otras investigaciones científicas no ligadas al movimiento gay han demostrado que tal gen es un mito. En un trabajo técnico titulado "El homosexualismo en el varón: ausencia de enlace con marcadores microsatelitales en Xq28", publicado en el respetado periódico Science, el neurólogo clínico George Rice y sus colaboradores confirmaron que no se podía demostrar ningún nexo entre un supuesto "gen gay" y una tendencia hacia la orientación homosexual. Por otra parte, el doctor Dean Hamer, antiguo defensor del "gen gay" y cuyo activismo empezó a promover la idea hace 20 años, ha reconocido que "no hay un gen maestro único que haga homosexual a la persona… No creo que podamos predecir jamás quiénes serán homosexuales".

No obstante, los activistas homosexuales continúan invocando la idea del "gen gay", sin duda influidos y guiados por el propio Satanás, para convencer a los de mente débil de que los homosexuales "no pueden evitarlo". Ciertamente, toda la experiencia humana indica que muchos pueden tener una inclinación hacia el alcoholismo por herencia familiar, o una inclinación hacia la gordura o la flacura, una inclinación hacia el mal genio o el gusto por la comida. Pero si creemos las afirmaciones claras en la Palabra de Dios, sabremos que no hay manera de que el Dios de la Biblia haga nacer a una persona de modo que la obligue a pecar: ¡A contravenir las instrucciones claras de Él! El apóstol Pablo, inspirado por nuestro Creador Todopoderoso escribió: "No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar" (1 Corintios 10:13).

Dios jamás obligará a nadie a pecar. Esto debe ser claro por lo que dicen este versículo y muchos otros en el mismo sentido. Y no son únicamente unas palabras de las Escrituras que lo dicen; en la sociedad quedan algunos líderes que aún recuerdan lo que todos sabíamos hace pocos decenios.

¿Por qué el cambio?

Para algunos activistas es sencillo: todo lo que importa es su deseo de satisfacer los deseos personales, pese a los posibles efectos nocivos sobre la sociedad. El hecho de cambiar tradiciones que llevan ya miles de años o leyes civiles de larga data, carece de importancia. Aunque cada uno de estos activistas tuvo una madre y un padre, desean ver una sociedad en que la realidad biológica dé paso a un cumplimiento forzoso de la moda: "dos mamás" o "dos papás" en hogares que elijan ese estilo de vida.

¿Y quién está pensando en las consecuencias terribles para la salud? Hay estudios que demuestran que, aun aparte del azote del sida, los varones que tienen relaciones con otros varones presentan una esperanza de vida notoriamente más corta que los otros. En parte se debe al índice de suicidios, que es más alto entre los homosexuales. En parte se debe a ciertas enfermedades relacionadas con el aseo. En parte también se debe al abuso del alcohol y las drogas, aspecto tan frecuente en el "estilo de vida gay".

Los activistas y los medios de difusión no vacilan en señalar las consecuencias muy reales y nocivas del tabaco, que puede robarle un decenio a la vida del fumador. Al mismo tiempo, guardan silencio, o incluso aprueban, lo que muchos médicos han reconocido como un estilo de vida ¡que puede acortar la vida de un hombre en 20 años o más!

Al final de cuentas, lo importante no es lo que digan los medios ni lo que descubran los funcionarios de salud. El hecho "clave" que debemos estar realmente dispuestos a escuchar es lo que dice el Dios Todopoderoso, el Creador del cielo y de la Tierra, sobre este tema del "matrimonio" entre personas del mismo sexo.

Lo que dice Dios

El Dios Todopoderoso instruyó así a la antigua Israel: "No te echarás con varón como con mujer; es abominación "(Levítico 18:22). En el Nuevo Testamento, el apóstol Pablo describió cómo los "grandes pensadores" de su época se manifestaban a los ojos de Dios: "Profesando ser sabios, se hicieron necios" (Romanos 1:22). Y prosiguió: "Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos laretribución debida a su extravío" (vs. 26-27).

¿Son acaso difíciles de entender estas palabras de Pablo? Muchos, entre ellos ministros que se declaran cristianos, difícilmente reconocen que Dios condena firmemente tal conducta. ¿Por qué querría alguien promover un comportamiento que el propio Dios Todopoderoso llama abominación?

Todos nuestros lectores que hayan estudiado la Biblia saben que está repleta de instrucciones directas y ejemplos que indican muy claramente cómo dispuso Dios que fuera el matrimonio: un vínculo entre un hombre y una mujer. ¡Dios no creó a "Adán y Adán"! ¡Creó a Adán y Eva! El propio Jesucristo dijo: "¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne?" (Mateo 19:4-5).

El apóstol Pablo nos dijo, por inspiración, que la relación del esposo y la esposa ha de simbolizar la relación de Cristo y la Iglesia. Pablo escribió: "Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la Iglesia, la cual es su cuerpo, y Él es su Salvador. Así que, como la Iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la Iglesia, y se entregó a sí mismo por ella" (Efesios 5:22-25). Dando instrucciones inspiradas a las viudas, Pablo escribió: "Quiero, pues, que las viudas jóvenes se casen, críen hijos, gobiernen su casa; que no den al adversario ninguna ocasión de maledicencia" (1 Timoteo 5:14). Este es el propósito que Dios tiene para la relación matrimonial.

Pablo también escribió: "Quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo… Porque el varón no debe cubrirse la cabeza, pues él es imagen y gloria de Dios; pero la mujer es gloria del varón. Porque el varón no procede de la mujer, sino la mujer del varón, y tampoco el varón fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón" (1 Corintios 11:3, 7-9).

Los hombres deben comprender que el Dios Eterno creó a su pareja femenina para que fuera una hermosa compañera y ayuda. ¡Debemos estar muy agradecidos por eso! Cuando llego a casa después de una semana de trabajo, agradezco tener una hermosa compañera que me saluda con un abrazo cariñoso. Agradezco su belleza femenina, su piel suave y el aroma de su cabello. Para mí, otro varón jamás podría satisfacer esta necesidad… ¡Como no la podría satisfacer una mula ni un canguro! ¡Siento profundo agradecimiento por el don divino que es la unión entre hombre y mujer!

El Dios Creador le dice al varón: "Sea bendito tu manantial, y alégrate con la mujer de tu juventud, como cierva amada y graciosa gacela. Sus caricias te satisfagan en todo tiempo, y en su amor recréate siempre" (Proverbios 5:18-19). El amor natural de un hombre joven y una mujer joven dentro del matrimonio es algo hermoso a los ojos de Dios. Él es el autor del matrimonio. ¡No lo inventó algún hombre ni los tribunales humanos! Dios les dijo a los israelitas que Él no aceptaría sus ofrendas por una razón: "Porque el Eterno ha atestiguado entre ti y la mujer de tu juventud, contra la cual has sido desleal, siendo ella tu compañera, y la mujer de tu pacto. ¿No [los] hizo Él uno, habiendo en Él abundancia de espíritu? ¿Y por qué uno? Porque buscaba una descendencia para Dios. Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales para con la mujer de vuestra juventud" (Malaquías 2:14-15).

El pacto matrimonial

¡La intención del Creador cuando hizo el "pacto" matrimonial fue crear "hijos para Dios"! Una unión, ideada por seres humanos, entre varones que rechazan a Dios ¿cómo produciría "hijos para Dios"? ¿Acaso puede agradar al Dios Creador, quien nos da vida y aliento, esta utilización impía del cuerpo humano, la mente y la personalidad?

Hace unos años, mi familia y yo visitamos a mi padre en Joplin, Misuri. Como en Joplin no había congregación local de mi Iglesia, nos subimos todos a la camioneta y nos fuimos hasta Springfield para asistir a los servicios. Mi abuela metodista nos acompañó porque deseaba escuchar mi predicación. También fue mi hija Elizabeth. Aunque no se me había ocurrido la idea, nuestro ministro en Springfield dijo muy amablemente, al presentarme antes del sermón: "Hermanos, ¡tenemos aquí cuatro generaciones de Merediths! Hoy el señor Meredith ha traído a su madre, su abuela y su hija Elizabeth".

Decenio tras decenio, los padres de mi padre, mis propios padres y varios tíos y tías han señalado los parecidos entre cada uno de nosotros: "Eres igualita a tu mamá". "Tienes esta misma característica que tiene el tío Juan". Hemos escuchado los recuerdos de cómo mi "abuelo Meredith" trajo a su nueva esposa, Elizabeth Cunningham Meredith, a Oklahoma en una carreta de caballos antes que Oklahoma fuera reconocida como un estado. Se llamaba territorio Indio. Y nunca olvidaré las alegres reuniones familiares con varios tíos, tías y primos, así como nuestros padres y abuelos, quienes narraban con amor muchas historias sobre nuestro pasado común. Cada uno de nosotros fue el fruto feliz de la unión entre una madre y un padre. Vivimos las bendiciones familiares que Dios desea para todas las familias que sigan el patrón de vida familiar ¡diseñado por Él!

¡La familia es la clave!

Amigos, nuestro propio Creador se llama: "el Padre nuestro que [está] en los cielos" (Mateo 6:9). Nos ha creado a su imagen. Se propone formar una familia por medio de sus hijos engendrados del Espíritu "impregnándonos" con una parte de su naturaleza divina por medio del Espíritu Santo (2 Pedro 1:3-4). Dios dispone que la familia humana sea un "prototipo" de su Familia divina, con el padre amoroso como cabeza y con hijos obedientes reunidos, todos con una herencia común porque habrán salido de la "simiente" o "semilla" de Dios el Padre (1 Juan 3:9). De este modo, una vez que hayamos "nacido de Dios", reflejaremos plenamente la propia naturaleza divina de un modo que no es posible excepto mediante esta herencia común.

Cuando se destruye la familia que Dios dispuso, la estructura diseñada por Dios, que ha servido a la humanidad por miles de años, la fuerza de las naciones, las ciudades y las familias ¡jamás volverá a ser igual. Que Dios nos ayude a todos a despertar! Que Dios nos ayude a todos a "clamar" para que el Reino de Cristo venga pronto. Esta será la única solución auténtica y permanente. Solamente en su Reino serán totalmente abolidas las mentiras de Satanás, que llevan a más y más personas a aceptar el "matrimonio entre personas del mismo sexo". Si no resistimos, podemos esperar no solamente la llegada de la poligamia, la poliandria y el "matrimonio de grupos"; temas que algunos ya están comentando, sino otros tipos de relaciones y estructuras propuestas para reemplazar lo que Dios dispuso.

¡Traten de comprender! Nadie tiene por qué sentirse "atrapado" dentro del homosexualismo, creyendo que el matrimonio con alguien del mismo sexo sea lo máximo a que puede aspirar. Aunque los activistas homosexuales consideran cuestionable la "terapia reparativa", y aunque unos tratamientos pueden ser más sanos que otros, hay muchos ejemplos de hombres y mujeres felices que han abandonado el estilo de vida "gay"; se han deshecho de su antigua atracción por el mismo sexo y se han unido con amor a un cónyuge del sexo opuesto. Unos han encontrado ayuda en terapistas seculares. Otros han buscado consejeros vinculados a su propia corriente religiosa. El punto es que Dios no obliga a nadie a vivir como homosexual. Para quienes deseen abandonar esa vida, Dios provee la voluntad y la manera. Y para los cristianos con el Espíritu Santo ¡el poder divino directo les ayuda a superar esta debilidad humana y cualquier otra!

Tenemos que resistir a las mentiras de Satanás el diablo. Viendo cómo se manifiestan estas cosas a plena vista, comprendemos más que nunca aquella primera petición que Jesús nos recomendó al orar: "Venga tu Reino. Hágase tu voluntad, como en el Cielo, así también en la Tierra" (Mateo 6:10).

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