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El tratamiento y uso de desechos humanos como fertilizantes es una industria en crecimiento, y las políticas de algunos gobiernos permiten su uso para el cultivo de alimentos para el consumo humano. El 60 por ciento de los “biosólidos” de Estados Unidos se utiliza para “fertilizar tierras agrícolas, parques públicos, campos de golf y jardines domésticos” (Hydroviv, 18 de mayo de 2022). En el Reino Unido, cada año “millones de toneladas de lodos de aguas residuales tratadas se esparcen en tierras agrícolas”, lo que representa aproximadamente el 87 por ciento de todo el lodo de aguas residuales del Reino Unido (The Guardian, 7 de julio de 2025). Estos fertilizantes contienen nitrógeno y otros elementos que contribuyen a cultivos saludables; sin embargo, existe un lado negativo que hay que considerar.
Si no se tratan correctamente, los biosólidos contienen altos niveles de bacterias y virus. Tratados o no, los fertilizantes a base de desechos humanos contienen metales pesados como plomo y mercurio. La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos ha identificado 726 sustancias químicas en estos productos derivados de desechos humanos (Hydroviv), incluidas las llamadas “sustancias químicas eternas” (The Guardian). Otras sustancias químicas adicionales son “retardantes de llama, productos farmacéuticos, microplásticos y residuos tóxicos provenientes de los hogares y las industrias”. Un profesor del Instituto James Hutton dijo: “Todos desechamos sustancias químicas por el desagüe y tomamos medicamentos; estas terminan en los lodos y en la tierra, y pueden entrar en la cadena alimentaria”. En muchas naciones, las leyes que regulan las pruebas de los biosólidos no exigen la realización de pruebas para la mayoría de los productos químicos modernos, y estos fertilizantes a menudo se entregan a los agricultores a bajo costo o sin costo alguno por las plantas de tratamiento de aguas residuales que buscan deshacerse de sus desechos sólidos.
Hace mucho tiempo, Dios dio instrucciones sobre cómo tratar los desechos humanos: ir a un lugar fuera del campamento y luego cubrirlos (Deuteronomio 23:12-13). El Dios que creó el cuerpo humano conocía los riesgos de utilizar los desechos humanos con fines agrícolas; sin embargo, el hombre siempre parece creer que tiene mejores ideas que su Creador. Dios prometió a la antigua Israel que, si obedecían sus leyes, evitarían las enfermedades que afectaban a otras naciones (Éxodo 15:26). Su intención era que Sus leyes bendijeran a su pueblo. Cuando rechazamos la guía amorosa de Dios, siempre surgen problemas. Para aprender más sobre las leyes de salud que nuestro Creador nos ha dado con amor, lean Principios bíblicos de la salud.