Manejando nuestras emociones

Rachel Robichaud
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Las emociones forman parte de como Dios nos diseñó hermosamente a su imagen. Dios tiene gozo, tristeza, coraje, y amor; así como nosotros. Nuestras emociones tienen un propósito, y nos empujan a la acción cuando algo se necesita hacer. A veces, los sentimientos nos indican que algo no está bien antes de que nuestra mente lo note.

Usualmente representamos a las mujeres como al sexo más compasivo, sin embargo, esto también conlleva a una sensibilidad mayor a las emociones, tanto de nosotras como de las personas a nuestro alrededor y el incentivo (o fuentes) que los causan, particularmente las negativas. Como mujeres, ¿cómo podemos aprender a controlar, apoyar nuestras emociones y también consolar a los que nos rodean?

A veces nuestras emociones sacan mejor partido y se convierten en un obstáculo para lo que deseamos lograr, o aún peor, nos orillan a una dirección completamente opuesta. Las emociones equivocadas tristemente son la causa de muchos problemas en la vida de las personas. Por esta razón, está escrito, “Mejor es el que se tarda en airarse que el fuerte; y el que se enseñorea de su espíritu, que el que toma una ciudad” (Proverbios 16:32). Debemos a aprender a ser dueños de nuestras emociones. La inteligencia emocional crece a través de pasos graduales:

1. Identifique con precisión las emociones propias, y las de otros.

En otras palabras, saber cuándo cambian los estados de ánimo, y cuales emociones están presentes. Las otras habilidades se basan en este fundamento.

Debemos estar alertas de nuestras emociones y determinar qué es lo que las desencadenan. Además, reconocer todas las emociones, nos ayuda a enfocarnos en emociones positivas, lo cual a su vez nos hace estar más agradecidos y gozosos. Reconocer nuestro estado emocional, y conocer que las emociones nos pueden nublar el juicio, nos debe animar a pedir consejo a otros antes de tomar una decisión. Demostrar empatía hacia los demás (así como en momentos de dolor) nos puede quizás ayudar a entender nuestras propias emociones, y ayudará a que los tiempos difíciles pasen más suavemente.

2. Aprender a manejar nuestras emociones. 

Esto incluye controlar y dirigir nuestras emociones, así como poder calmar o animar a otra persona.

Controlar nuestras emociones nos hace adaptables y resistentes a la adversidad. Podemos tolerar sentirnos incómodos, para ello empleamos mecanismos que nos ayudan sobrellevar y a salir de nuestra zona de confort. Evitar que las emociones descontroladas no nos dejen dormir, comer o que impidan nuestra relación con Dios. Desarrollemos resistencia emocional para aprender a vivir con los desafíos de la vida y aprender de nuestros errores.

Ayudar a otros a controlar sus emociones sucede de manera natural cuando aprendemos a manejar las nuestras. Las personas estarán encantadas con nuestra mente abierta positiva, nos abstenemos de juicios prematuros, hacemos preguntas, vemos las posibilidades y estamos abiertos a nuevas perspectivas.

Además, cuando nos damos cuenta que las emociones de otra persona están fuera de lugar, debemos cambiar nuestro enfoque en la comunicación. Les preguntamos: ¿cómo se sienten? y ¿por qué se sienten así?  Determinar la causa de la emoción, puede resaltar aspectos positivos de la situación y sugerir los posibles pasos a tomar. A veces un tema cambia o una técnica cuando el manejo del estrés es apropiado.

3. Acertadamente iguala las emociones a las tareas.

Las emociones de hecho pueden mejorar efectivamente las tareas, al ayudarnos a resolver los problemas. Cuando las emociones se usan correctamente, podemos utilizarlas de manera apropiada para impulsar nuestros esfuerzos y los de los demás hacia adelante.

Usar nuestras emociones para impulsar nuestros esfuerzos es como aprovechar un buen día en el que tenemos energías para hacer las tareas domésticas. Tome en consideración estos ejemplos:

  • Impaciencia: organizar el desorden
  • Frustración: ten el valor para esa conversación difícil
  • Aburrimiento: intenta algo nuevo
  • Gozo: conoce nuevas personas
  • Tristeza: actos de bondad desinteresados

De manera similar, ayudar a las personas con sus emociones les apoya a resolver sus problemas. Por ejemplo, la empatía motivará a personas que son serviciales y que les importa cómo nos sentimos, a cambiar comportamientos que nosotros queramos. Los sentimientos incómodos o de frustración motivarán a otros que están siendo motivados por el deber o de proteger, mientras les explicamos los peligros, riesgos, o las injusticias de la situación. Entender como las personas responden de forma diferente a las emociones, nos ayudará a enmarcar nuestro mensaje de una manera que inspire emociones y acciones más apropiadas.

El Identificar y manejar nuestras emociones, nos permite utilizarlas, compartirlas e impulsar a nosotros y a los demás a la acción. Para trabajar juntos y comunicar eficazmente, no sólo debemos buscar los intereses propios sino también los de los demás (Filipenses 2:4).