De viuda a viuda

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¿Qué imagen nos trae a la mente la palabra “viuda”? ¿Es la imagen de una persona que produce lastima? ¿de una mujer triste, monótona, vestida de negro y que estará acongojada por el resto de su vida?

Cuando una mujer queda viuda, la pérdida de su marido suele traer consternación, indecisión e incluso pensamientos incoherentes al principio. Puede sentirse perdida, incluso asustada y como partida por la mitad. Por algún tiempo, siempre que haya algo sorprendente, divertido o agradable que contar, se volteará para hablarle a su esposo, ¡pero sus palabras se congelarán cuando vea que la silla a su lado está vacía! Me tomó un poco de tiempo romper ese hábito descorazonador cuando quedé viuda.

Las viudas en la verdadera Iglesia de Dios, sin embargo, tienen una gran ventaja. Como alguien dijo una vez: "Hay dos clases de viudas: las afligidas y las aliviadas". Puede que nos sintamos solas, pero nunca estamos solas. Dios siempre está ahí: nuestro Protector, Proveedor, Guía y Ayudador.

Dios está particularmente preocupado por los desfavorecidos de la sociedad. “Padre de huérfanos y defensor de viudas es Dios en su santa morada” (Salmo 68:5). Y nuevamente en el Salmo 146: 9 leemos: “El Eterno guarda a los extranjeros; al huérfano y a la viuda sostiene..."

No mucho después de que la viudez nos golpea, somos responsables de todo: pagar las facturas, el mantenimiento de la casa y mucho más, pero lo más importante es que somos responsables del camino piadoso que recorremos. Aunque hayamos perdido a un esposo amado, es posible que tengamos hijos mayores con quienes podamos hablar, y siempre podemos buscar la guía de los ministros de Dios.

A veces, después de la muerte de un esposo, la viuda puede quedar con dificultades financieras y problemas que resolver. Sin embargo, no importa cuán devastadora o difícil sea la situación, nuestra esperanza está en Dios. Él nunca nos dejará ni nos desamparará (Hebreos 13:5). Sus recursos son infinitos y puede ayudarnos a resolver todas las dificultades si confiamos en Él. Dios se preocupa por nosotras (Salmo 28:7).

Después de un tiempo, nosotras, como viudas, podemos comenzar a darnos cuenta de que, a pesar de nuestra pérdida, Dios nos está moviendo hacia una nueva fase de desarrollo en nuestra vida. Comenzamos a mantenernos firmes y, con la ayuda de Dios, aprendemos a hacer buenos juicios y asumir responsabilidades a medida que se presentan nuevas oportunidades. Nuestra fe se fortalece cuando confiamos en Dios y somos guiadas por Su Espíritu. Como dijo una vez Marcel Proust: "La felicidad es beneficiosa para el cuerpo, pero es el dolor el que desarrolla los poderes de la mente". Algunas viudas entran en pánico y presionan a sus hijos para que las dejen vivir con ellos y que las "cuiden"; sin embargo, esto no siempre funciona de la mejor manera y puede causar problemas. Si una viuda tiene un estado de salud razonable, puede ser mejor para ella mantener su propia casa. La clave es enfocarnos en todo lo que podemos seguir haciendo, y no dejarnos atrapar de la depresión. Considere a Noemí en el libro de Rut. Noemí era viuda y también había perdido a sus dos hijos. Pero se centró en cómo podía servir, en las necesidades de sus dos nueras (Rut 1:8).

Muchas viudas se mantienen muy ocupadas cuidando a sus hijos y nietos quienes ocupan todo su tiempo. Su servicio a sus familias es admirable. Pero incluso una viuda sin una familia que cuidar puede dedicarse provechosamente a servir a Dios y a los demás. Note el ejemplo de Dorcas, quien se mantuvo ocupada y “abundaba en buenas obras y en limosnas que hacía” (Hechos 9:36).

El capítulo 2 de Lucas nos muestra el excelente ejemplo de una viuda justa llamada Ana. Llevaba casada sólo siete años cuando enviudó, y a los 84 años todavía era viuda, sirviendo a su Dios y a su nación “orando y ayunando noche y día” (v. 37). Como resultado de su fidelidad, Dios bendijo a Ana permitiéndole ver al joven Mesías que traería redención a su nación y, de hecho, al mundo entero.

Por lo tanto, nosotras, como viudas, no debemos desanimarnos. Podemos ser siervas gozosas y útiles ayudando a otros y sirviendo a la Obra de Dios hasta la Segunda Venida de Jesucristo.