El tiempo de siega se aproxima

Roger Meyer (columnista invitado)
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A todos nos gustaría una manzana, un durazno, una naranja, una uva, una fresa u otro producto agrícola recién cosechado. Los jardineros esperan con anticipación el cosechar ese primer tomate maduro. Cuando la fruta está completamente madura y está en el mejor punto del sabor, el tiempo de la siega finalmente ha llegado.

El término siega, se refiere al acto de recolección de la cosecha. Quienes participan en la producción agrícola están especialmente familiarizados con las temporadas de cosecha o siega. Los mercados agrícolas son cada vez más populares entre quienes buscan frutas y verduras frescas cultivadas localmente. "De acuerdo con el Servicio de Comercialización Agrícola de la USDA, 8,687 mercados agrícolas operaron en 2017, en comparación a los 2,746 en 1998". Estos puntos de venta directa al consumidor incluyen puestos en la orilla de la carretera. Algunos agricultores permiten y alientan a los clientes a recoger sus propias frutas cuando llega la época de la cosecha de fresas, manzanas y otros cultivos.

En la Biblia se usa el término "cosecha" no solo para referirse a los cultivos de productos maduros, sino también a los juicios de Dios y a las "cosechas" de la humanidad, el verdadero propósito de su creación.

Después del diluvio en los días de Noé, Dios prometió: “Mientras la tierra permanezca, no cesarán la sementera y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, y el día y la noche” Génesis 8:22).

Cuando Dios estableció sus Días Santos anuales, usó tres temporadas de cosecha para referirse a estos: la cosecha de cebada a principios de la primavera, la cosecha de trigo a principios del verano y la gran cosecha en el otoño (Ver Éxodo 23 y nuestro folleto Las fiestas santas: El plan maestro de Dios).

Dios usó a sus profetas para advertir a las naciones de su juicio inminente, como cuando los frutos de sus obras lleguen a su madurez (Joel 3:1-13).

Jesús enseñó usando parábolas, una de las cuales era la parábola del sembrador. Algunas de las semillas sembradas cayeron en el camino, algunas en pedregales, otras entre espinas y otras en buena tierra. Explicó a sus discípulos que la semilla representaba las buenas nuevas del Reino de Dios, que se escucha, pero solo da frutos en buena tierra. Los que dan fruto son aquellos que escuchan el evangelio, lo aceptan y llevan fruto (Marcos 4:2-20).

En Marcos 4, Cristo enseña la parábola de la semilla en crecimiento, que se usa como una analogía del Reino de Dios. La semilla se siembra, brota como una hoja tierna, crece, produce una espiga y finalmente madura. Solo cuando esto sucede, llega el momento de la cosecha (vs. 26-29).

En Juan 4, Jesús habló de la cosecha de una manera interesante. Cuando sus discípulos le preguntaron si tenía algo para comer, les dijo que tenía un alimento que ellos no conocían. Su comida era hacer la voluntad de Dios y acabar su obra (vs. 32-34). Luego Él explicó que esa obra era una cosecha. Dijo: “Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos (maduros) para la siega” (v. 35). Él estaba hablando acerca de "recoger fruto para la vida eterna". Los discípulos fueron llamados para ayudar en la labranza (v. 38) que actualmente se está llevando a cabo. Esta es la pequeña cosecha temprana. Pero, aun así, Jesús les dijo a Sus discípulos “A la verdad la mies es mucha, más los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies” (Mateo 9:38, Lucas 10: 2). Pero la gran cosecha tendrá lugar después de que Cristo regrese a la Tierra para establecer el Reino de Dios.

El propósito divino de la creación es producir "fruto para vida eterna", un ofrecimiento a la humanidad para la salvación y el regalo de la vida eterna (Romanos 6:23). En Mateo 13, en la parábola del trigo y la cizaña, Jesús muestra el trigo cosechado, pero la cizaña atada para quemarla (versículos 24-30). Los períodos de cosecha revelan el plan de Dios. Asegúrese de leer Las fiestas santas: El plan maestro de Dios y, ¿Es este el único día de salvación? ¡El tiempo de la siega se aproxima!