Una respuesta apresurada

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A la mayoría de nosotros, nos han hecho la siguiente pregunta: "¿Puedes hacerme un favor?" y normalmente respondemos, "claro que sí". Pero, ¿realmente tenemos la intención de cumplir nuestra palabra?

En 1 Reyes 2, vemos un ejemplo de esto. Salomón, el hijo del rey David, se había convertido en el rey de Israel. Su hermano, Adonías, quería casarse con Abisag, la joven sunamita que había cuidado del rey David en sus últimos días. Adonías le pidió a Betsabé, que hablara con Salomón al respecto (porque él no le negaría nada a ella). Entonces, Betsabé fue a ver a su hijo Salomón y le dijo: "Una pequeña petición pretendo de ti; no me la niegues. Y el rey le dijo: Pide, madre mía, que yo no te la negaré. Y ella dijo: Dese Abisag sunamita por mujer a tu hermano Adonías” (1 Reyes 2: 20-21).

Salomón dimensionó las implicaciones de esta petición al instante. Adonías ya había tratado de reclamar el reino en el pasado, y podía usar estratégicamente a Abisag para arrebatarle el reinado a Salomón. ¡Pero Salomón ya había dado su palabra! Y, ¿cómo respondió él? "Entonces el rey Salomón juró por el Eterno, diciendo: Así me haga Dios y aun me añada, que contra su vida ha hablado Adonías estas palabras" (1 Reyes 2:23).

Teniendo en cuenta el impacto de su decisión, no es extraño que Salomón escribiera en Eclesiastés 5:2, "No te des prisa con tu boca, ni tu corazón se apresure a proferir palabra delante de Dios". Salomón se puso a sí mismo en una posición complicada, al aceptar hacer un favor sin haber escuchado el asunto primero. 

Solo toma unos instantes expresar algunas palabras sin pensar para que otros nos vean como que no somos capaces de cumplir los compromisos que hacemos. Por lo tanto, debemos considerar: ¿nos comprometemos a ayudar a los demás, pero luego, buscamos razones por las que no podemos o no debemos cumplir nuestra palabra? ¿Prometemos llevar a cabo una tarea, aunque sabemos que no tendremos el tiempo ni el deseo de terminarla?  O, ¿queremos que otros sepan que cuando nos comprometemos a hacer algo, tenemos toda la intención de mantener nuestra palabra?

Cuando era adolescente, le pedí un favor al papá de un amigo y él respondió: "Contestaré después de que me digas de qué se trata". Esa respuesta se ha quedado en mi mente toda la vida. A través de Moisés, Dios instruyó a los israelitas: “Cuando alguno hiciere voto al Eterno, o hiciere juramento ligando su alma con obligación, no quebrantará su palabra; hará conforme a todo lo que salió de su boca” (Números 30:2). Todos debemos esforzarnos por tener esta actitud, debemos considerar cuidadosamente cada situación antes de pronunciar palabra, y si accedemos, debemos esforzarnos por cumplir los compromisos que hemos hecho.

Considere esto: "Al que responde palabra antes de oír, le es fatuidad y oprobio" (Proverbios 18:13). Además de que glorificamos a Dios, es benéfico para nuestra reputación aplicar sabiduría a las palabras que pronunciamos.

Seamos hombres y mujeres de palabra.