¿Más viejo y más sabio?

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¿Tenemos la garantía de que seremos más sabios y maduros en diez o quince años? Mirando hacia atrás, ¿podemos ver la evidencia de una mayor sabiduría y comprensión en nuestras propias vidas en comparación a una década atrás? Si nunca ha pensado mucho sobre esto, la respuesta podría ser "no", pero eso puede cambiar.

Como niños pequeños, nuestros cuerpos y mentes crecen a ritmos asombrosos. Físicamente, el cerebro de un niño es más "moldeable", lo que significa que está más listo y está más dispuesto a aprender que el de un adulto. Hay una buena razón para esto, todo es nuevo para los bebés y los niños pequeños. Por lo tanto, tiene sentido que los niños adquieran más conocimiento y comprensión a medida que crecen. El conocimiento acumulado por los niños es casi automático, pero ¿qué pasa con el resto de nosotros?

Nuestros cuerpos físicos maduran automáticamente con la edad, pero ¿es eso también aplica a nuestro crecimiento emocional e intelectual? Podríamos responder esta pregunta observando a las personas que conocemos desde hace décadas, tal vez desde la escuela secundaria. Algunos de nuestros antiguos compañeros de clase lo han hecho bien y reflejan personalidades más sabias y maduras. Otros compañeros de clase parecen estar atrapados en el túnel del tiempo; tienen el mismo nivel de pensamiento y los mismos hábitos que tenían hace 15 o 20 años atrás. ¿Cuál es la diferencia?

Aquellos que maduran en su pensamiento y conducta han tomado la decisión de aprender de sus experiencias pasadas. Han interiorizado las consecuencias de sus decisiones. Por ejemplo: mi esposa y yo decidimos probar un nuevo restaurante francés cerca de nuestra casa. Sabíamos que el restaurante se especializaba en desayunos y almuerzos, así que decidimos ir un domingo por la mañana para desayunar. Cuando llegamos al estacionamiento a las 7:30 a.m., notamos rápidamente que el estacionamiento estaba vacío y que el restaurante estaba cerrado. Estábamos completamente perplejos.

Había dos formas de reaccionar en ese momento. Una habría sido enojarnos y dejar una nota desagradable en la puerta del restaurante cuestionando las prioridades del establecimiento. Otra opción más sensata, que fue la que tomamos, era pensar en cómo podríamos haberlo hecho mejor, lo cual hicimos. Acordamos que hubiera sido prudente preguntar al comienzo de la semana acerca de sus horarios y días de funcionamiento.

Todos tenemos la misma opción durante nuestro diario vivir, ya sea en casa, en el trabajo o cuando estamos estancados esperando en el tráfico. Siempre podemos culpar a "otro", o podemos elegir tomar el camino de la reflexión interior. Al reflexionar cómo reaccionar, podemos entender cómo acciones de ira podrían llevarnos a los resultados indeseables y también a entender nuestra parte en el asunto, lo que nos permite mejorar y aprender.

Este principio se refleja en toda la Biblia y el Apóstol Pedro nos dice que "crezcamos en la gracia y el conocimiento" de Jesucristo y que agreguemos dominio propio, conocimiento y virtud a la lista de características que deseamos tener (2 Pedro 1: 6; 3:18). De hecho, toda Escritura es útil para enseñar y para corregir (2 Timoteo 3:16).

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