Hipocresía

Roger Meyer (columnista invitado)
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Jesús les advirtió a los discípulos que se cuidaran de la hipocresía. A nadie le agradan las personas hipócritas, ¿pero somos nosotros hipócritas?

Jesús dijo a sus discípulos: “Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía. Porque nada hay encubierto, que no haya de descubrirse; ni oculto, que no haya de saberse” (Lucas 12: 1-2). La hipocresía sale a la luz tarde o temprano, y cuando lo hace, se propaga ampliamente (v. 3).

La hipocresía es afirmar tener creencias y estándares morales, pero no practicarlos genuinamente o no regirse por esos estándares. La hipocresía es hacer las mismas cosas por las que criticamos a los demás. La hipocresía es, como dice un viejo dicho, fallar en "practicar lo que se predica".

El estándar bíblico para un cristiano es extremadamente alto: "Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto" (Mateo 5:48). Jesucristo no tuvo pecado. Todos nos esforzamos por alcanzar ese estándar, pero no logramos alcanzar ese nivel, como lo leemos en Romanos 3:23: "... por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios". Pero los seguidores de Cristo no son hipócritas, porque no pretendemos estar a la altura de ese estándar, sino que a pesar de nuestros errores o fallas, no cesamos en nuestro esfuerzo por mejorar. Según la ordenanza, el cristiano debe seguir practicando y luchando para alcanzar la perfección.

Los hipócritas quieren que otros piensen que son algo que no son, solo pretenden ser o hacer para ser admirados, aprobados y alabados. Mientras tanto, "en secreto" viven en contradicción con la imagen que le muestran a los demás.

Podemos entender el concepto de hipocresía simplemente leyendo Mateo 23. Un hipócrita dice, pero no hace (v. 3). Un hipócrita pone cargas pesadas sobre otros, pero no se las pone a si mismo (v. 4). Un hipócrita hace lo que hace para ser visto (vs. 5-7). Los hipócritas se interponen en el camino de los demás (v. 13), se aprovechan de los débiles mientras pretenden ser justos (v. 14) y crean sus propias reglas de rectitud, que omiten por completo los parámetros de la justicia verdadera (v. 15– 24). Tratan de parecer exteriormente justos, pero interiormente están llenos de hipocresía e iniquidad (v. 28).

A la gente no le gustan los hipócritas. Vemos muchos ejemplos de hipocresía en la vida: El padre que le dice una cosa a su hijo, pero no lo practica él mismo; el activista que se manifiesta para proteger el medio ambiente y no cumple con esos estándares; la figura pública que reclama credenciales que no posee, o exagera en gran medida sus logros; o una persona que condena las fallas morales de otros, mientras esconde o miente sobre sus propias fallas.

Los estudios psicológicos han sugerido que la razón por la que no nos gustan los hipócritas es porque su imagen y su comportamiento son falsos. Encontramos que el hipócrita es repulsivo, porque dice una cosa, pero hace otra. Dictan y condenan, pero no siguen sus propios dictámenes. El hipócrita juzga a los demás por un estándar alto y estricto, pero justifica sus propias fallas. Los hipócritas responsabilizan a los demás, pero no toman responsabilidad por sus acciones.

El apóstol Pablo hace una declaración interesante en su carta a los Romanos: “Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo... ¿Y piensas esto, oh hombre, tú que juzgas a los que tal hacen, y haces lo mismo, que tú escaparás del juicio de Dios?” (Romanos 2: 1–3). Pero Dios juzga con rectitud y "... pagará a cada uno conforme a sus obras" (v. 6).

Jesús condenó rotundamente a los hipócritas. Entonces, todos debemos tomar medidas serias para asegurarnos de que no seamos hipócritas, sino que sigamos sinceramente a Jesucristo y nos esforcemos por practicar el estándar que Él estableció. Para más información sobre el tema del cristianismo verdadero, lea nuestro folleto ¿Qué es un verdadero cristiano?