Príncipe de Paz

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¡Por fin había terminado! Los japoneses capitularon el 15 de agosto de 1945, y el mundo se encontró en paz por primera vez desde que Adolfo Hitler lanzó su invasión sobre Polonia casi seis años antes. No todas las naciones se unieron a la guerra al mismo tiempo, y los escenarios de acción militar en Europa y el Pacífico terminaron con algunos meses de diferencia; pero en agosto de 1945 la guerra mundial había terminado. Desde ese mes han transcurrido 75 años.

La paz duró poco. Menos de cinco años después, Corea del Norte invadió a Corea del Sur, y empezó otro conflicto. Luego, en mayo de 1954, los franceses perdieron su control sobre Vietnam. Esto marcó el comienzo de una intervención más directa de los Estados Unidos y algunos aliados en lo que llegó a conocerse como la Guerra de Vietnam, y como un período de bochornosas derrotas y de división interna en la historia de Estados Unidos. En África y Asia se produjeron otras luchas para sacudirse del dominio colonial. Y desde entonces, el mundo ha visto muchos más conflictos.

La humanidad puede colectivamente anhelar la paz, pero es claro que muchos prefieren el ejercicio de la guerra. No obstante, el mensaje de El Mundo de Mañana es que a este mundo perturbado le llegará la paz. En términos humanos, es imposible, y así lo ha demostrado la historia. Cada generación cree que puede hallar la manera de traer finalmente la paz. En el programa titulado: El fin de la guerra, que se transmitirá pronto, cito un libro de Robert Kagan publicado en el año 2018. En The Jungle Grows Back [Regresa la ley del monte], Kagan se refiere a quienes, como el autor y político inglés Norman Angell en 1909, creyeron que las grandes potencias del mundo habían “salido ya de aquella etapa de desarrollo” en las que las conquistas militares traían algún beneficio grande a una nación:

“Quienes sustentaban tal opinión, mal podrían imaginarse que las grandes potencias comerciales del mundo, tan interdependientes en la moderna economía global, librarían una guerra en busca de objetivos tan primitivos como el dominio territorial y militar; que su inspiración no sería el cálculo racional de sus intereses sino temor, orgullo y ambición; y que la guerra contaría con el respaldo entusiasta del pueblo, impulsado por el nacionalismo y el tribalismo” (págs. 16-17).

Angell hizo su evaluación solo cinco años antes de la Primera Guerra Mundial, conflicto que el presidente estadounidense Woodrow Wilson llamó “la guerra para poner fin a todas las guerras”. La expectativa de paz de Wilson era ilusoria, y casi veinte años después el mundo se vio sumido en un conflicto mucho mayor.

Siendo así, ¿qué mueve a El Mundo de Mañana a publicar un mensaje de paz? ¿Somos acaso ilusos? ¿Vivimos en un mundo de sueños? ¿Qué bases nos permiten hacer la atrevida predicción de que vendrá la paz?

En sus propias palabras Jesús dijo a qué vino

Muchos creen que el objetivo de la primera venida de Jesucristo fue difundir la paz por todo el mundo. Su sorpresa sería grande si leyeran lo que Él mismo dijo: “No penséis que he venido para traer paz a la Tierra; no he venido para traer paz, sino espada” (Mateo 10:34).

¿Cómo armonizar esto con la profecía de que el Mesías sería el “Príncipe de Paz”? (Isaías 9:6). La respuesta tiene que ver con el momento y la intención de los dos pasajes.

Jesús comprendía que su mensaje para la humanidad no gustaría a muchos. Advirtió que seguirlo era emprender un viaje duro y con pocos amigos.

Tras explicar que “los enemigos del hombre serán los de su casa” (Mateo 10:36), procedió a lanzar un reto que pocos están dispuestos a aceptar: ponerlo a Él antes de todo lo demás. Suena fácil, quizá, pero, ¿lo es? Veamos este pasaje: “El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí… El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará” (Mateo 10:37, 39). Con razón advirtió que “estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida” (Mateo 7:14).

Satanás el diablo es muy real, y ha engañado a la humanidad haciéndola aceptar un evangelio falso, un Jesús falso y un falso sistema o espíritu de adoración (2 Corintios 11:4). Además de hacer pasar a sus propios ministros como ministros de justicia (vs. 13-15), Satanás es identificado como “príncipe de la potestad del aire”, quien dirige “la corriente de este mundo” (Efesios 2:2), y “engaña al mundo entero” (Apocalipsis 12:9).

Muchas familias suelen vivir un conflicto cuando uno de sus miembros decide apartarse de las tradiciones familiares paganas que son ideadas por el hombre, y no por Dios. Así fue en tiempos de Jesús y aún sigue siendo. El cristianismo verdadero no sigue las tradiciones del mundo, muchas de las cuales provienen directamente del paganismo. Es un camino de vida diferente, basado en los mandamientos de Dios; quien ofrece una gran recompensa a quienes lo acojan, aunque no sea el camino fácil.

Un joven le preguntó a Jesús: “Qué bien haré para tener la vida eterna” (Mateo 19:16). Parece que tomó la respuesta como algo duro y se fue triste. Esto motivó a los discípulos a preguntar, en esencia: ¿Y nosotros que ganamos con seguirte? Jesús explicó: “Cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna” (vs. 28-29).

Para todos es difícil captar plenamente lo que hay en juego. Podemos vivir para el presente durante 70 u 80 años, y eso será todo; o podemos vivir para el mañana y tener vida eterna. Muerte o vida: así es realmente de simple, aunque las ramificaciones de esa elección pueden no ser tan simples. El asunto se complica porque somos seres físicos y temporales, que sentimos felicidad y dolor, alegría y tristeza, aquí y ahora. Es natural que sigamos el camino fácil. No obstante, si escogemos el camino angosto, este traerá recompensas infinitamente mayores. Y esto me trae de nuevo al tema de mi mensaje para ustedes: la paz.

Un nuevo comienzo

La Biblia enseña que quienes son de Cristo en su venida, vivirán y reinarán con Él en la Tierra durante mil años. Esto es solo el comienzo… ¡pero qué comienzo! ¡Será entonces cuando finalmente vendrá la paz a este planeta convulsionado!

Satanás y los ángeles caídos que lo siguieron en su rebeldía gobiernan en la Tierra ahora mismo. Varios pasajes de las Escrituras así lo demuestran: Juan 12:31; 14:30; 16:11; Efesios 2:2; 2 Corintios 4:3-4; Lucas 4:5-7, y los resultados se ven en todas partes. Esto cambiará cuando Jesucristo regrese y quitará a ese ser maligno con sus secuaces. Entonces este “príncipe de la potestad del aire” dejará de dirigir el curso del mundo.

En este momento Jesucristo está preparando nuevos gobernantes que reemplacen a Satanás y sus subalternos. Esta profunda verdad, que Dios recompensará a sus siervos con cargos de liderazgo, se enseña tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamentos (Daniel 7:27; Lucas 19:16.19; Apocalipsis 20:4). Los esfuerzos humanos por alcanzar la paz siempre van a fracasar, pero viene un cambio. Pocos lo comprenden y menos lo esperan, pero el cambio no depende de que lo comprendamos o lo aceptemos. ¡De todas maneras va a ocurrir! Jesús realmente es el Príncipe de Paz, y nos ofrece la oportunidad de traer su paz al mundo. Pero antes, quiere saber que nosotros, desde ahora, seremos supremamente leales a Él, y que elegiremos en primer lugar y por encima de todo su camino de vida. Si nuestra entrega no es total, no reuniremos los requisitos necesarios para gobernar al mundo bajo el liderazgo del Príncipe de Paz.

Como dijo Jesús: “Muchos son llamados y pocos escogidos” (Mateo 22:14). En otras palabras, la oferta está allí, pero pocos la aceptarán. La pregunta ahora es: ¿La aceptará usted?