Inglaterra y las corrientes de la historia ¡Dios salve a la Reina!

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“Dios salve a la Reina” es una frase de sentimiento patriótico que todo ciudadano de la Mancomunidad Británica reconoce de inmediato. Expresa la esperanza de un largo reinado de la soberana y el respeto por su lugar prominente en la vida nacional, y figura en todas las proclamaciones formales que vienen de la Corona. Expresa la esperanza de que Dios venga en ayuda del país en momentos de necesidad. A mediados del siglo 18, durante el reinado de Jorge II y el difícil período de la rebelión jacobina, el himno Dios salve al Rey se entonó por primera vez; y más tarde se convirtió en el himno nacional del Reino Unido. Adoptado rápidamente por otras familias reales de Europa, sigue cantándose hoy en las naciones de la Mancomunidad Británica.

Las palabras traen a la memoria el relato de la coronación del rey Salomón en la Biblia (1 Reyes 1:34-39). Se pronunciaron en la primera coronación de un monarca inglés, la del rey Egbert en la catedral de Bath a comienzos del siglo 9.

Pero, ¿cómo pretender que Dios salve a la Reina” cuando gran parte de sus dominios parecen haber aceptado el famoso edicto de Federico Nietzsche en 1882 de que “Dios ha muerto? (Die Fröhliche Wissenschaft: Leipzig: E.W. Fritzsch, pág. 137). Es claro que Dios no vive en los pensamientos ni la conducta de muchos ciudadanos británicos. En el 2017, el diario The Guardian publicó los resultados de una encuesta sobre actitudes sociales británicas, según la cual más de la mitad de los adultos en el Reino Unido y cerca del 75 por ciento del grupo entre los 18 y los 24 años, afirman que no tienen ninguna afiliación religiosa, (4 de septiembre del 2017). Un estudio del Pew Research Center informó en el 2018 que, el 65 por ciento de los ciudadanos del Reino Unido sin afiliación religiosa así fueron criados. De ese grupo, más del 70 por ciento consideran que la ciencia les basta para reemplazar cualquier necesidad de religión en su vida.

En un reciente artículo de revista, Greg Sheridan, profesor invitado en el King’s College, que es parte de la Universidad de Londres, señaló: “La mayor parte de los británicos acepta por fe que tener fe es una idiotez” (The Spectator, 10 de agosto del 2019). Comentó, además, que Gran Bretaña es más atea que su país de origen; y que Australia lo es más que Estados Unidos. Añade que la convicción religiosa se está deteriorando rápidamente en todo el mundo de habla inglesa.

¿Por qué decae la religión?

Después de la Segunda Guerra Mundial, las élites británicas decidieron rehacer su sociedad con base en la ciencia, y el racionalismo reemplazó la espiritualidad como norma de carácter nacional. El resultado ha sido una rápida secularización de la sociedad. En 1963, el teólogo anglicano Harry Blamires proclamó: “Ya no existe la mentalidad cristiana” en la primera frase de un capítulo que tituló: “La capitulación ante el secularismo” (The Christian Mind, pág. 3). Hoy, casi 60 años más tarde, otros autores como Sheridan pueden plantear la misma observación acerca de la sociedad británica, aun con mayor certeza.

Para que la civilización occidental sobreviva, considera Sheridan, necesita “una creencia reenergizada en el cristianismo”. Sheridan no es el primero en señalar esto. Hablando ante el Parlamento Europeo en Estrasburgo, en octubre de 1988, el papa Juan Pablo II pidió una Europa “unida desde los Urales hasta el Atlántico”. Lo que tenía en mente era una unidad religiosa, más que política: Unidad que nacería si Europa buscaba más intensamente su alma” (George Weigel, Witness to Hope, 1999, HarperCollins, págs. 542, 584). Poniendo oídos sordos a esa llamada, Europa ha buscado más bien desvirtuar, o aun borrar, las referencias al papel que cumplió el cristianismo en su fundación e identidad como si fuera motivo de vergüenza. Sheridan lo resume bien en su artículo al decir: “La opinión liberal moderna no solo es hostil al cristianismo, sino que le da vergüenza tener alguna conexión con este”. Lo anterior es tan cierto para Europa como para el Reino Unido.

¿Qué podría hacer el mundo occidental por fomentar una creencia “reenergizada” en el cristianismo, cuando el resto del mundo está cada vez más secularizado? Sheridan, al igual que Juan Pablo II, se abstiene de ofrecer una solución factible al problema, limitándose a resaltar la necesidad de regresar a la religión.

Auge de una religión falsa

Según afirma una fuente fidedigna escrita hace milenios, pronto se verá en Europa un resurgimiento religioso que parecerá señalar el camino. Pero exigirá un gran cambio en el pensamiento europeo: La disposición a reconocer el mundo sobrenatural, pese al amplio rechazo que en la actualidad favorece al racionalismo.

El libro del Apocalipsis, el último en la Biblia, predice la obra de un personaje que hará señales, prodigios y milagros para engañar al mundo (Apocalipsis 13:11-17). El resultado será una renovación religiosa, en la cual las actuales sociedades racionalistas acogerán la creación de un sistema combinado religioso económico. Este tal vez se presentará como un renacer religioso admirable, pero la Biblia muestra que será un fenómeno decididamente opuesto a lo que es de Dios. No durará para siempre. Es más: no durará mucho tiempo.

El regreso del verdadero Rey

Los lectores habituales de El Mundo de Mañana saben que nosotros proclamamos el regreso de Jesucristo como Rey de reyes y Señor de señores, tal como se plantea en profecías que se leen en la Biblia… siendo muy relevantes las del libro del Apocalipsis. El regreso de Jesucristo producirá la destrucción de ese sistema religioso revivido, que peleará contra Él y será derrotado cuando Jesucristo regrese. El resultado, que es profetizado y seguro, será el establecimiento del verdadero culto a Dios. Esta no es la solución que Juan Pablo II buscaba en su discurso ante los europeos, ni la que trató más tarde con el líder soviético Mijaíl Gorbachov en 1989 en el Vaticano. Juan Pablo II buscaba “una restauración de la normalidad, un regreso al curso histórico de Europa” (Weigel, pág. 602). El resultado del regreso de Jesucristo será que la Tierra se llenará del conocimiento de Dios “como las aguas cubren el mar” (Isaías 11:9; Habacuc 2:14).

Cuando Jesucristo regrese, los ciudadanos del Reino Unido y de los demás reinos terrenales podrán clamar ante el Rey de reyes, con entendimiento y convicción: “¡Viva el Rey!” Todos, sin excepción, sabrán que un gran Dios reina en el Cielo y también en la Tierra.

Nuestro folleto titulado: La bestia del Apocalipsis: ¿Mito, metáfora o realidad inminente? Nos da mucho más luz sobre este tema. Si usted no lo ha hecho, puede leerlo en línea en ElMundodeManana.org, o puede solicitar un ejemplar gratuito a la oficina regional más cercana entre las que están en la página 2 de esta revista o enviar un correo a: [email protected]