¿Cuál es el mejor maestro?

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Muchos dicen que “el mejor maestro es la experiencia”. Pero, ¿lo es? No cabe duda de que la experiencia es una manera de aprender. Para muchos es un verdadero escarmiento, ya que la experiencia a menudo es dolorosa y generalmente no deseamos repetir algo que nos ha causado dolor.


Sin embargo, ¡hay personas que nunca aprenden! Persisten en repetir los mismos errores vez tras vez. Usted probablemente conoce a alguien así.

¿Es usted de las personas que aprenden de la experiencia, o es de las que nunca aprenden? Sea lo uno o lo otro, queda por resolver la pregunta original: ¿Es la experiencia el mejor maestro? O bien, ¿hay alguno otro? Y si lo hay, ¿cuál es?

Hay muchas formas de quemarse en esta vida. Uno puede salir mal parado de una inversión sin haber tomado en cuenta el riesgo, de una relación que no convenía o de una mala decisión. Un niño puede literalmente quemarse los dedos si juega con agua hirviendo, y ocurre con frecuencia aun habiendo sido advertido. ¿Cuántos adolescentes o adultos jóvenes aprenden la muy dolorosa lección de que beber y conducir es una mala combinación? ¿O que las drogas y el tabaco generan una larga esclavitud en forma de dolorosa adicción y problemas de salud? Tarde o temprano todos vivimos alguna experiencia que nos sirve de escarmiento, pero habría que preguntar si hay algún modo de limitar el dolor. ¡Felizmente lo hay!

La creencia en Dios no está tan difundida como en el pasado. El evolucionismo darwiniano la reemplazó en la mente de muchos; y si no hay Dios, entonces le incumbe a cada uno decidir por sí mismo lo que está bien y lo que está mal. Las decisiones traen consecuencias que pueden ser positivas o negativas. Lo que muchos no ven es la relación entre sus decisiones y ciertas leyes morales invisibles. Moisés planteó la siguiente instrucción de Dios: “A los Cielos y a la Tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia” (Deuteronomio 30:19).

Si Dios está perdiendo seguidores, más los está perdiendo el libro que inspiró. Muchos ven que la Biblia trae buenos consejos y consuelo en momentos de dificultad, pero no le atribuyen la misma autoridad de antes. Y los diez mandamientos que en ella se encuentran, suelen considerarse más como diez sugerencias. Esta actitud, tristemente, es lo que lleva a muchos a sufrir innecesariamente en la vida. Cuando nosotros quebrantamos los mandamientos, ¡ellos nos quebrantan a nosotros!

¿Pueden enseñarnos los diez mandamientos?

En el mundo occidental, la mayor parte de las personas han escuchado sobre los diez mandamientos; pero, ¿cuántos saben lo que realmente dicen? Quienes sí saben lo que dicen, suelen elegir los mandamientos con los que están de acuerdo… o dicho de otro modo, aquellos con los que no están de acuerdo. Irónicamente, entre los que niegan la necesidad de guardar la totalidad del decálogo ¡se cuentan muchos que marchan y protestan cuando ven retirar algún monumento público donde estaban expuestos! Probablemente aceptan los mandamientos que prohíben asesinar y adulterar y que mandan honrar a padre y madre. Probablemente concuerdan en que no conviene adorar a otros dioses, ni robar, ni codiciar, al menos en principio. Pero ¿y qué del mandamiento sobre el sábado?

Volvamos atrás para preguntarnos cuál es el propósito de los diez mandamientos. ¿Cuál es la relación entre la experiencia y la clase de maestro que es la experiencia? Reiteramos que la experiencia a menudo causa dolor. Entonces, si la experiencia es lo mejor; resulta fácil reconocer que una mala decisión en materia de finanzas trae consecuencias. En cambio, la relación entre la experiencia y las decisiones morales no siempre es tan evidente.

Consideremos el séptimo mandamiento: “No cometerás adulterio”. Muchos piensan que pueden violar este mandamiento y no sufrir las consecuencias. Pero el mundo está repleto de corazones partidos, hogares deshechos e hijos dolientes y confundidos por la violación de este breve decreto. Todo ese dolor se evitaría si los individuos obedecieran celosamente el mandamiento. ¿Cuántas personas más tendrán que sufrir las consecuencias de violarlo antes de entenderlo? La transgresión de este mandamiento trae pena y daño a todos, y en especial a los hijos. El propósito del mandamiento es decirnos que por muy llamativa que se vea la tentación, los resultados de ceder nunca serán buenos. La infracción de esa ley es una decisión terriblemente mala.

Los mandamientos están allí para ayudarnos a tomar decisiones acertadas, pero no se refieren únicamente al yo, sino que son el fundamento de toda sociedad armoniosa. Desobedecerlos genera confusión y desequilibrio. Solamente el amor y la cooperación nos harán felices. Los primeros cuatro de los diez mandamientos nos enseñan a respetar al Creador, y este es el comienzo de todo. Apartados de Dios, nadie, y en especial ninguna autoridad humana, puede ser capaz de generar un código de conducta que traiga armonía a la sociedad. Basta una mirada a nuestro alrededor para reconocer la realidad de esta afirmación. Usted puede guardar la totalidad de los mandamientos, pero su vecino tal vez solo guarda nueve, o ninguno. Las autoridades civiles procuran hacer cumplir las normas, pero ¿hay alguien que pueda estar satisfecho con los resultados de su labor? Las normas varían de una jurisdicción a otra, como varía el cumplimiento de estas.

Los últimos seis mandamientos nos dan el fundamento para amar el prójimo. Esta división en dos partes: amar a Dios y amar al prójimo, aparece en Mateo 22:37-40.

Necesitamos todo el libro

Siendo así, ¿por qué no seguir los diez mandamientos y olvidarse del resto de la Biblia? ¿Para qué lo demás?

Este libro extraordinario revela cómo aplicar los mandamientos y cuál es el propósito de la existencia humana. También explica las consecuencias de transgredir los mandamientos, por lo tanto nos instruye mucho mejor que la simple experiencia.

Los proverbios en la Biblia nos brindan conocimiento, entendimiento y sabiduría (Proverbios 1:2-6). Están dirigidos en especial a los jóvenes, que carecen de experiencia en la vida, con el objeto de enseñarles a evitar las experiencias dolorosas. Reconocen que la tentación es muy real, pero luego explican los resultados de ceder a ella (Proverbios 5:1-14).

Hay instrucciones a nuestro alcance, pero a nosotros nos corresponde aceptar y asimilarlas. El problema no está en el maestro ¡sino en el estudiante! Recibir instrucción de alguien más sabio y más conocedor es la mejor forma de aprender, y de este modo la experiencia puede ser buena maestra.

Buena parte de la Biblia es de carácter histórico y revela que el resultado de seguir caminos que parecen buenos al hombre, en vez de las instrucciones de Dios, es la muerte (Proverbios 14:12). Hay quienes expresan su objeción a la violencia que se presenta en ciertas historias de la Biblia, por ejemplo, en el libro de los Jueces. Ese libro narra lo que ocurrió cuando la nación de Israel rechazó a Dios y se fue por los caminos de las naciones vecinas. Seguramente fueron caminos muy atractivos para ellos, pero las consecuencias fueron dolorosas y aun desastrosas.

Estos relatos históricos en la Biblia nos enseñan, por la experiencia de otros, cómo tomar decisiones acertadas. El dolor, las penas y el sufrimiento de ellos; no tienen por qué repetirse en nosotros, si nos proponemos asimilar y aplicar en nuestra vida las lecciones allí consignadas para nuestro beneficio. Como dice en 1 Corintios 10:11: “Estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos”.

Escuchar a Aquel que nos creó es la mejor forma de aprender. Aprender del ejemplo de otros y aprender de las experiencias dolorosas es otra buena forma de aprender. Aprender de nuestra propia experiencia, si bien puede ser eficaz, ¡no es la mejor manera! Para saber más sobre el camino de vida que Dios nos propone para una vida mucho menos dolorosa, solicite nuestro folleto gratuito titulado: Los diez mandamientos. Este recurso le mostrará en detalle cuál es el designio de Dios para la humanidad y por qué es preciso guardar la totalidad de los diez mandamientos.

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