Einstein, Dios y las ondas gravitacionales

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El 11 de febrero del 2016, un grupo de científicos muy emocionados anunciaron que luego de investigar por decenios, habían descubierto las ondas gravitacionales.


Esto ha sido llamado "el avance del siglo". Ante el anuncio, hubo quienes derramaron lágrimas de felicidad: "Es oficial: Se han detectado ondas gravitacionales, Einstein tenía razón"; clamaron. ¿A qué viene tanta celebración? ¿Qué son las ondas gravitacionales? ¿Y qué nos dice este descubrimiento sobre el Dios que hay detrás de todo eso?

La historia de este descubrimiento se remonta por cien años hasta 1915, cuando Albert Einstein, a la edad de 26 años, publicó su teoría de la relatividad. Fue una teoría revolucionaria, que explicaba que toda masa en el espacio, como el Sol o la Tierra, desvía y distorsiona el espacio y el tiempo que la rodea. Este desvío del espacio y el tiempo, o "espacio-tiempo", causa el efecto que nosotros captamos como gravedad.

¿Qué significa esto?

Para visualizar el efecto, haga rodar una canica sobre la sábana lisa de una cama recién tendida. Normalmente rodaría en línea recta. Ahora, imagine que en el centro de la cama hay una bola pesada de boliche, la cual hundiría la sábana en el colchón. Si se echa a rodar la canica muy cerca del lugar donde está la bola de boliche, seguirá una trayectoria curva acercándose a esa bola.

La teoría de Einstein explica que así es como funciona la gravedad. Un objeto como la Tierra desvía el espacio-tiempo que lo circunda, por lo cual los objetos cercanos, como la Luna, "siguen una curva" hacia este. El Sol, mucho más grande que la Tierra, causa una distorsión tan grande que los planetas del sistema solar siguen una órbita en vez de alejarse.

La relatividad general se considera uno de los descubrimientos científicos mejor demostrados en la historia humana. Sin embargo, una de sus predicciones fundamentales, las ondas gravitacionales, no estaba comprobada.

La teoría de Einstein predijo que ciertos sucesos colosales en el espacio, como el choque de dos agujeros negros, que son los objetos más densos y masivos en el Universo, tendrían que generar ondas gravitacionales. Estas ondas serían distorsiones en el "tejido" del espacio-tiempo, en el que este se estiraría y encogería; las ondas viajarían del punto del suceso hacia afuera por todo el Universo, como la ondulación producida en el agua al caer una piedra en un lago.

Ahora bien, las distorsiones del espacio causadas por estas ondas serían tan pequeñas que resultaría imposible detectarlas. Imposible hasta el 14 de septiembre del 2015, cuando científicos del Observatorio de ondas gravitacionales por interferometría láser (LIGO), efectivamente detectaron la existencia de ondas de espacio-tiempo. Los instrumentos impresionantemente sensibles de LIGO midieron el estiramiento y encogimiento del espacio-tiempo, una de las "ondas" de un suceso cósmico masivo, al pasar una onda gravitacional a través de la Tierra. Lo midieron aun cuando la distorsión del espacio-tiempo era increíblemente pequeña: ¡Solo la milésima parte del diámetro de un protón subatómico!

Para estar seguros, los científicos pasaron los cinco meses siguientes revisando y verificando los resultados. Las pruebas fueron claras y contundentes. Tras un siglo de búsqueda, sí se habían descubierto las ondas gravitacionales. La predicción de Einstein era correcta.

El doctor Kip Thorne describió así, en resumen, el suceso cósmico violento que produjo las ondas: "El choque de agujeros negros que produjo estas ondas gravitacionales creó una tormenta violenta en el tejido del espacio y el tiempo, tormenta en que el tiempo se aceleró y desaceleró y aceleró de nuevo, tormenta en que la forma del espacio se desvió para aquí y para allá" (TheGuardian.com, 11 de febrero del 2016). Los agujeros negros son los objetos más densos en el Universo, y se estimó que la colisión ocurrió a 1.300 millones de años luz de distancia.

Ondas en el espacio y el tiempo

¡Cuán extraño y fantástico es el Universo que habitamos, uno en que el espacio y el tiempo pueden "ondear" como la superficie de un lago! ¡Cuán poderosas serán las fuerzas en juego en este Universo para causar hechos tan formidables que alteren el propio tiempo y el espacio! ¡Y cuán extraordinaria la percepción que nos dan de la naturaleza, el poder y la bondad del Gran Creador de todas las cosas!

Por ejemplo, ¿cómo es posible que Albert Einstein, a punta de meditaciones y "conclusiones mentales", dedujera la existencia de tales ondas… ondas producidas por objetos a miles de miles de millones de kilómetros de distancia y que no había visto ni vería en toda su vida?

Pudo hacerlo porque nuestro Universo es comprensible. ¡Es una obra creada que sigue un orden y se rige por leyes! Dios ha "puesto las leyes del Cielo y la Tierra" (Jeremías 33:25), ¡y toda la creación, de un extremo a otro del Universo, demuestra que fue diseñada por el Soberano Creador de leyes!

Que un simple ser humano en el planeta Tierra pudiera contemplar la vasta extensión del cosmos, y que pudiera por meditación y computación descubrir principios que no se confirmarían hasta 100 años más tarde, es un tributo al magnífico y ordenado diseño divino desde los fundamentos de la realidad.

El descubrimiento de estas ondas resalta también el poder de nuestro Creador. Considere que la prueba del terrible dispositivo termonuclear llamado la "bomba Zar", en octubre de 1961, fue la explosión más grande jamás provocada por el hombre. El calor de la detonación se sintió a más de 240 Km de distancia, y su nube en forma de hongo se elevó en la atmósfera hasta casi dos tercios de la distancia al espacio exterior.

El poder formidable de la bomba Zar es, sin embargo, menos que el de un juguete comparado con el suceso captado por los científicos de LIGO. Se estima que en el momento del choque de estos agujeros negros, las ondas gravitacionales que emitieron tenían el poder equivalente de "tomar tres soles y aniquilarlos".

Cuando reflexionamos sobre un despliegue de poder tan majestuoso, quizá recordemos las palabras del patriarca Job: "He aquí, estas cosas son solo los bordes de sus caminos; ¡Y cuán leve es el susurro que hemos oído de Él! Pero el trueno de su poder, ¿quién lo puede comprender?" (Job 26:14).

En un Universo donde los choques de agujeros negros que lo sacuden son apenas susurros de su poder, ¿cuánto más poderoso ha de ser Aquel que sostiene ese mismo Universo por la palabra de su poder? (Hebreos 1:3).

Descubrimientos como este deben hacernos pensar. Deben despertar en nosotros admiración y gratitud ante la herencia impensable que nuestro Padre celestial tiene para con nosotros. No: Dios no creó el Universo que nos rodea solo como un "gran espectáculo" para que lo observemos y estudiemos eternamente a distancia. El Universo que se va revelando a nosotros gracias a la labor de científicos como estos astrofísicos de LIGO, es, de hecho ¡nuestro futuro y nuestra herencia!

Jesús nos dice: "El que venciere heredará todas las cosas" (Apocalipsis 21:7). ¡Y "todas las cosas" son todas las cosas! Incluyendo ¡el Universo! El apóstol Pablo señaló que esta herencia va mucho más allá de lo que vemos ahora con los ojos, como que abarca la totalidad del ámbito de lo creado, más vasto de lo que podemos siquiera concebir (Hebreos 2:8).

A medida que los científicos van penetrando más y más lejos en el Universo, continúan descubriendo el poder de Dios, la grandeza de su plan para nosotros ¡y la incomparable magnitud de su don para quienes opten por convertirse en hijos suyos!

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