Esperanza para un mundo doliente

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Quienes creen a la Biblia comprenden una revelación de Jesús: Que el mundo afrontará tiempos muy traumáticos en los años anteriores a su segunda venida. En la actualidad, cientos de millones de personas en el mundo sufren, y continúan sufriendo, pese a que muchas entidades e individuos hacen lo posible por ayudar.


Jesús advirtió que en los tiempos del fin por todo el mundo habría engaño y persecución religiosa, y luego guerras regionales y violencia étnica, seguidas de hambrunas sin precedentes y epidemias (Mateo 24:4-7). Estos sucesos profetizados aparecen en Apocalipsis 6 en lenguaje simbólico como los "cuatro jinetes del Apocalipsis".

Si hoy suman cientos de millones los que padecen, las Escrituras advierten que el sufrimiento de la humanidad será mucho peor en los años anteriores al regreso de Cristo. Sabiendo que tantos en el mundo necesitan ayuda en momentos de dificultad, ¿cuál debe ser nuestra actitud? ¿Y cuál es nuestra esperanza para el mañana?

Se necesita ayuda inmediata

Las penalidades humanas son un fenómeno que afecta al mundo entero, desde Canadá hasta Francia, desde Japón hasta África. Un informe noticioso de la BBC fechado el 19 de junio del 2013, revela que hay más de 7,6 millones de refugiados desplazados. ¡No se han visto tantos desde 1994, incluso si contamos el millón y más que huyeron de Siria en el 2013! Los que necesitan ayuda no son únicamente los que huyen de las guerras, la violencia, los fenómenos climáticos o la pobreza en las naciones en desarrollo. Según la Alianza Nacional para Acabar con la Indigencia, en los Estados Unidos hay casi 100.000 individuos sin techo que duermen con regularidad en las calles. La revista El Economista informa que en París, Francia, "un número creciente de personas sin techo están llevando la generosidad de la ciudad a sus límites", (13 de octubre del 2012). El Programa Mundial de Alimentos estima que 870.000.000 personas en el mundo no tienen lo suficiente para comer (10 de julio del 2013). Y la lista continúa.

Como la realidad humana a veces se pierde entre tantas estadísticas, quizá dos ejemplos del Japón sirvan para ilustrar la presencia universal de los necesitados, por "moderna" que sea una nación. El número de personas sin techo en Japón, especialmente entre adultos mayores, se ha elevado notoriamente en los últimos años. Según Reuters, en el 2012 el 73,5 por ciento de los indigentes eran personas de 55 años o más. Es muy típico el caso de Toshiyuki Ishioka, empresario anteriormente dedicado a los negocios: "‘La empresa para la cual trabajé quebró, así que llevo ocho años viviendo en las calles’, dijo el hombre de 50 años, cuyo rostro tostado por el sol le daba una apariencia de más edad que la real. ‘También es difícil para personas mayores como yo encontrar empleo porque ya no somos tan fuertes’". Kyoko Machiya narra una historia similar. Esta mujer delgada de 64 años vive en una estructura improvisada con cajas de cartón, y cuenta que intentó vivir en un refugio para personas sin techo pero terminó yéndose: "‘No es culpa de ellos, pero resulta difícil vivir rodeado de personas con enfermedades mentales severas’ dijo Machiya. ‘No era un ambiente agradable, así que fui a dar a las calles de nuevo’".

El sufrimiento humano tiene muchas causas, sean guerras o sunamis, sequías o avalanchas, enfermedades o quiebras financieras. La Biblia revela que estos problemas se van a agravar antes del regreso de Jesucristo, y que afectarán en especial a las naciones modernas. Para los más afortunados en los países avanzados del Occidente, los peores sufrimientos siempre parecían estar "muy lejanos". Sin embargo, las Escrituras advierten que, antes de la segunda venida y a causa de los pecados, las naciones de Occidente caerán en un período de terrible calamidad, peor de lo que vemos hoy incluso en las naciones donde más se sufre (Isaías 48:1-12; Ezequiel 5:11-17). Este castigo culminará con la gran tribulación, de la cual habló Jesucristo (Mateo 24:21).

Compasión divina

¿Qué debe hacer un cristiano en un mundo de tanto sufrimiento? Apartar los ojos del pobre o menospreciarlo es pecado (Proverbios 14:21). Mostrar caridad no significa que seamos ingenuos ni que nos dejemos explotar (2 Tesalonicenses 3:10-12), pero Dios sí desea que ayudemos a los que realmente lo necesitan; sea dando de nuestro tiempo, nuestras capacidades, oraciones, ánimo o dinero (Romanos 12:6-11). Santiago 1:27 nos dice que la religión pura es visitar a las viudas y a los huérfanos en sus tiempos de necesidad. Los cristianos fieles no se abstienen de hacer el bien a todas las personas, dentro de sus capacidades, especialmente atendiendo a sus hermanos y hermanas en la fe (Gálatas 6:10). Las Escrituras son claras: Si vemos a los necesitados y no los compadecemos, no tenemos el amor de Dios en nosotros (1 Juan 3:17).

Seamos ricos o pobres, debemos recordar que todo lo que tenemos es regalo de Dios: El alimento que comemos, la ropa que vestimos y la vida misma (Levítico 26:4; Mateo 6:25, 33). Dios espera agradecimiento de nuestra parte y requiere que tengamos generosidad con los demás. Comprendamos también una gran verdad: Hay una esperanza que podemos dar a los que sufren y que es bastante más importante que todo lo material.

Al final de cuentas no hay manera de que nosotros, sea como individuos, como empresas o como gobiernos humanos, podamos resolver los problemas del planeta. La Biblia advierte que las condiciones van a empeorar mucho en los próximos años. Para resolver los problemas del mundo será preciso el regreso de Jesucristo. Esta verdad es parte fundamental del mensaje sobre el futuro Reino de Dios, el mensaje que la Iglesia de Dios está encargada de predicar hasta el final de la era. Dar de sus oraciones, apoyar y participar en la proclamación del evangelio del Reino de Dios son algunas de las maneras más profundas de cumplir la voluntad divina y ayudar a los pueblos: Ayudarles a arrepentirse del pecado, a recibir bendiciones viviendo conforme a las leyes divinas, a encontrar una relación personal con Jesucristo y a encontrar la verdadera esperanza de un mundo mejor ¡para toda la humanidad!

Jesús dijo: "Será predicado este evangelio del Reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin" (Mateo 24:14). El evangelio es la buena noticia del regreso de Jesucristo, cuando Dios secará toda lágrima de los ojos de quienes lo sigan (ver Apocalipsis 7:17) y establecerá la paz y la abundancia en la Tierra para toda la humanidad (Isaías 2:2-4; Amós 9:13; Miqueas 4:4; Apocalipsis 19:11). ¡Esta es la esperanza para un mundo doliente!

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