¿El Dios NO conocido?

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Durante su ministerio en Grecia y Macedonia, el apóstol Pablo viajó a la gran ciudad de Atenas. Estando allí, hizo este comentario acerca del ambiente "religioso" que imperaba en la sociedad: "Varones atenienses, en todo observo que sois muy religiosos; porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: AL DIOS NO CONOCIDO. Al que vosotros adoráis, pues, sin conocerle, es a quien yo os anuncio" (Hechos 17:22-23).

¿De qué estaba hablando Pablo? Entre los múltiples santuarios idolátricos de Atenas, había un altar dedicado, no a uno de los dioses principales de Atenas como Zeus o Atenea, sino "al Dios no conocido". La religión ateniense acogía la idea de que había otros dioses desconocidos para los griegos y se buscaba agradarlos y ganarse su favor.

En el mundo antiguo se creía que había muchos dioses, los cuales regían diferentes partes de los cielos, como el Sol y la Luna. Unos pensaban que los dioses eran más locales, con poder solamente sobre determinado país. Otros pensaban en "el Dios no conocido" como una representación de todos y cualquiera de los dioses desconocidos para el adorador. Otros lo identificaban con un ser específico pero inidentificable situado fuera del panteón griego.

Es grande el contraste entre estas ideas y la versión bíblica, que proclama que el Dios de Israel es el único Dios y que es el Creador, el que gobierna sobre todo en la Tierra y arriba en los Cielos.

¿Conoce usted al Dios no conocido, el que Pablo proclamó en la colina de Marte?

¿Está seguro?

Muchas religiones afirman que la Biblia es su guía. Sin embargo, presentan ideas que con frecuencia chocan entre sí y aun se contradicen. ¿Podemos, pues, confiar en la Biblia como fuente de toda la verdad? Considere un momento la alternativa científica. Buena parte de la ciencia moderna plantea un mundo sin Dios. El Universo es un lugar grande y complejo, pero se ha intentado explicarlo sin necesidad de un Creador. No obstante, la mayoría de los científicos piensan que la materia no ha sido eterna y que nuestro Universo se formó a raíz de una "gran explosión", hace aproximadamente 14 mil millones de años. El periodista y autor de temas científicos Bob McDonald, de Canadá, explica:

"Según la teoría de la gran explosión, el Universo nació de un caldo de energía inimaginablemente caliente y con presiones tan altas que no podía existir nada que tuviese masa. Aun las partículas más pequeñas que se conocen, los quarks, se habrían aplastado y reducido a energía pura… En algún punto, la energía se convirtió en materia, es decir en quarks, protones, electrones, átomos, moléculas, partículas, planetas y finalmente seres humanos empeñados en comprender todo aquello. Si el Universo no hubiera producido estos pequeños nódulos tan interesantes, nosotros no estaríamos aquí".

Según muchos científicos, la energía se convirtió en materia y la materia se convirtió en nosotros. Ahora bien, ¿de dónde vino aquella energía? ¿Qué origen tuvo? La ciencia no tiene explicación. Tampoco sabe cómo ni por qué la energía, que por lo visto existió siempre, llegó al punto en que produjo la gran explosión.

Cuando observamos al ser humano, vemos maravillas de diseño. El organismo y la mente del hombre evidencian una planificación, un funcionamiento y una ingeniería inteligentes. Otro tanto puede decirse de cualquier ser viviente, sea ave, insecto, reptil, pez o mamífero. En todos vemos hermosura, diseño y un propósito. También vemos en este planeta un ecosistema en el cual todas las partes funcionan en armonía para apoyar la existencia de todas las formas de vida.

¿Acaso es difícil ver la mano de la Inteligencia en todo esto? El apóstol Pablo afirmó ante los atenienses que detrás de todo hay un Dios. "El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del Cielo y de la Tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues Él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas" (Hechos 17:24-25).

¿Es la vida tan simple?

¿Se ha preguntado usted por qué los científicos no pueden duplicar siquiera las formas de vida más simples? Considere. Nos dicen que de algún modo, por accidente, varias sustancias químicas sin vida se juntaron dentro de una especie de sopa inicial y empezaron a enlazarse de tal modo que se produjo vida. Pero, ¿es así de simple? En tal caso, ¿por qué no se ha podido duplicar el proceso, si las sustancias que componen la vida son conocidas?

Supongamos que se pudieran reunir todas las sustancias necesarias y conectarlas del modo preciso, más o menos como se arma un rompecabezas complicado. Ahora, supongamos que se pudieran mantener juntas unos momentos. Para crear una célula viviente, sería preciso envolver este extraordinario rompecabezas en algún tipo de bolsa o membrana especializada para mantenerlo todo unido. Algunos lo plantean como una burbuja, algo que veríamos en un charco de agua. Lo lamento, pero es hora de reventar la burbuja. La membrana que rodea una célula no tiene nada de sencillo, y la idea de que esto ocurriera al azar es un atentado contra nuestra inteligencia. Reflexione. Para que esta célula sobreviviera, su ADN debía contener instrucciones detalladas sobre cómo formar la pared celular protectora que mencionamos. Entonces, ¿quién vino primero? ¿La pared celular que mantiene unido el ADN y demás estructuras de la célula, o el ADN que provee las instrucciones sobre cómo construir la pared celular?

Aun suponiendo que todo lo anterior ocurrió de esa manera, sin ningún control inteligente, ¿habría vida? La respuesta es: No. Se pueden tener todas las piezas del organismo en la configuración precisa, pero no habrá vida mientras no haya algo que le imparta vida. Quienes escriben sobre ciencias suelen especular que una chispa, o quizás un relámpago, le da a nuestro rompecabezas la sacudida que da comienzo a la vida. Pero el hombre, con toda su inteligencia, jamás ha podido unir el rompecabezas desde cero y mucho menos darle una sacudida que lo avive. Bastante difícil es darle vida a un organismo completo que ya la tuvo. À veces, cuando alguien deja de respirar, logramos traerlo de nuevo, pero si el corazón no empieza a latir y los pulmones a bombear rápidamente, habrá un deterioro rápido y se perderá toda esperanza de reestablecer la vida.

En un curso de biología que tomé, el profesor explicó que los científicos habían mezclado varias sustancias y habían producido aminoácidos sencillos. Estos forman la materia básica de las proteínas, las cuales son a su vez la materia básica de la vida. No explicó que habían mezclado cuidadosamente las sustancias precisas en un medio muy controlado, ni dijo por qué no vemos este fenómeno en la naturaleza. Entonces pregunté: "¿Cómo se pasó de unos cuantos aminoácidos a una célula muy compleja, perfectamente desarrollada y que funcionaba?" Su respuesta fue sorprendente: "Esa es la laguna más grande en la evolución, pero como estamos aquí, sabemos que la laguna se franqueó".

Nadie discute el hecho de que existamos, sino la manera cómo llegamos a existir. Ese profesor estaba promoviendo como un hecho, una teoría con un gran problema según él mismo lo reconoció. Si la evolución no puede explicar la primera célula, ¡y no puede! ¿Cómo podría explicar las demás maravillas de la vida?

¡Hay una fuente!

Pablo y la Biblia proponen otra explicación: Una Inteligencia que actúa, que creó el Universo y que da la vida. Este es el Dios que los atenienses desconocían. Además, esa Inteligencia tiene un plan para el hombre: "Puesto que en Él vivimos, nos movemos y existimos. Como algunos de sus propios poetas griegos han dicho: De Él somos descendientes" (Hechos 17:28, NVI).

¿Descendientes? Detengámonos a pensar. ¿Para qué creó Dios al hombre a su imagen y semejanza? ¿Con qué objeto lo hizo?

Un concepto puramente materialista, llamado también naturalismo, diría que hubo un momento en que solamente existía la energía. ¿De dónde vino?, nadie lo sabe, pero de algún modo, en el curso del tiempo según dicen, la energía se concentró a tal extremo en un punto, del que nadie sabe cómo ni por qué, rompió en una gran explosión pasando de algún modo de energía a materia. Esta materia anduvo por allí formando estrellas, planetas y toda una serie de astros y sistemas celestes. En uno de esos planetas, ciertas sustancias químicas sin vida se juntaron de alguna manera para formar un rompecabezas complejo. No había vida, pero antes que alcanzara a deteriorarse, recibió una sacudida de vida gracias a una chispa de naturaleza desconocida; una chispa diminuta porque nuestro futuro ser unicelular era diminuto.

Entonces, este organismo unicelular solitario supo, de algún modo, que necesitaba alimento y supo dónde conseguirlo a partir de materia no viviente. Supo cómo consumir alimento y sobrevivió lo bastante para reproducirse de algún modo. Si bien, cómo supo que debía hacerlo y cómo aprendió a hacerlo nadie sabe. Simplemente, así fue, porque al azar, cuando se juntaron las piezas del rompecabezas, ¡tenía todos los códigos y estructuras del ADN necesarios! Y en el curso de millones de años llegó a producir todas las formas de vida que vemos hoy.

Ante este planteamiento de un ciego azar que conduce a semejante fin, la otra alternativa es el Supernaturalismo, es decir, Dios. El Dios que Pablo y la Biblia enseñan hizo al hombre a su imagen y semejanza. ¿Por qué?

El rey David se hizo esta reflexión: "Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la Luna y las estrellas que tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites? Le has hecho poco menor que los ángeles, y lo coronaste de gloria y de honra. Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos; todo lo pusiste debajo de sus pies" (Salmos 8:3-6).

Esto fue lo que Dios dispuso para el hombre desde el principio (Génesis 1:26). ¿Con qué propósito decidió que el hombre gobernara? El apóstol Pablo responde así a la pregunta de David: "Todo lo sujetaste bajo sus pies. Porque en cuanto le sujetó todas las cosas, nada dejó que no sea sujeto a él; pero todavía no vemos que todas las cosas le sean sujetas" (Hebreos 2:8).

En la actualidad vemos que gran parte del planeta Tierra está sujeto al hombre. Los seres humanos han domesticado animales silvestres para aprovecharlos como bestias de carga, como mascotas e incluso como alimento. Pero también es obvio que el dominio actual del hombre es muy limitado, pues no se extiende mucho más allá de ciertos aspectos sencillos de la vida física en nuestro propio planeta. Al final de cuentas, somos seres físicos destinados a morir. Entonces, ¿por qué nos ha concedido Dios esta posición de dominio especial? La Biblia responde así. "Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios. Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con Él, para que juntamente con Él seamos glorificados" (Romanos 8:14-17). Y también: "Seré para vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso" (2 Corintios 6:18).

Considere lo que usted acaba de leer: Que nosotros somos hijos de Dios, herederos de Dios y coherederos con Cristo; que somos hijos e hijas, y Dios es nuestro Padre. ¿Empezamos, pues, a vislumbrar por qué llevamos la imagen y semejanza de Él? La mayoría de las personas intentan rebajar a Dios para ponerlo a su imagen, conforme a lo que imagina su corazón, ¡pero la realidad es que Él nos está haciendo a la imagen suya!

Este proceso implica aprender los caminos de nuestro Padre y desarrollar su propio carácter para que podamos vivir en armonía con Él por toda la eternidad. À veces, este desarrollo de carácter implica dolor y sufrimiento. Lamentablemente, a veces es la única manera como un Dios de amor puede captar nuestra atención. "Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse" (Romanos 8:18).

¿Cuál es esta gloria que será manifestada en nosotros? ¿Qué es aquello que nos inspira a conocer mejor y adorar al Creador? Es que miramos hacia un futuro en el cual estaremos dentro de una relación familiar armoniosa con Él. "Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora, y no solo ella, sino que también nosotros… gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo" (Romanos 8:19-23).

El gran diseño

Si nosotros fuéramos producto del azar, entonces quizá tendría sentido vivir para hoy sin pensar en el futuro. Pero si Dios es real, quizá debamos pensar en vivir con miras a un futuro dentro de la Familia de Dios. Los seres humanos no se crearon como simples animales para vivir y morir sin esperanzas. ¡Nosotros somos diferentes! La fe, la esperanza y la capacidad de planear conscientemente para el futuro son características que nos distinguen. Romanos 8 nos dice que Cristo fue solo el primero entre muchos hermanos: "Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que Él sea el primogénito entre muchos hermanos… El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con Él todas las cosas?" (Romanos 8:29, 32).

Este es el plan del"Dios no conocido" que el apóstol Pablo proclamó a los filósofos de Atenas: El Dios que hoy sigue siendo desconocido para la mayor parte de la humanidad.

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