El peligro de una falsa conversión | El Mundo de Mañana

El peligro de una falsa conversión

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¿Da usted por sentado que su conversión es auténtica? ¿Qué enseñó Jesucristo acerca de la conversión cristiana, y cómo se manifiesta en la vida diaria del cristiano? ¡La verdad podría cambiar su vida!

Millones que se consideran cristianos han dado por sentada la autenticidad de su conversión. ¿Cómo podemos saber con seguridad si somos convertidos o no?

En todas partes abundan las señales de que estamos en los "últimos días". Las crisis económicas continúan repercutiendo por todo el mundo y los sucesos en el Oriente Medio se van caldeando mientras el movimiento de la "primavera árabe" procede a derrocar a una serie de dictadores que llevaban decenios gobernando. Estos acontecimientos, sumados a muchos otros, están anunciando el pronto regreso de Jesucristo como Rey de reyes (Apocalipsis 11:15).

Pero, ¿dónde estamos usted y yo? Al irse agotando el tiempo para el mundo y para nosotros como individuos, debemos considerar seriamente si somos o no verdaderos siervos del Cristo viviente. Jesús nos recuerda que "al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones" (Apocalipsis 2:26).

¿Está usted "venciendo"? ¿Está permitiendo que Jesucristo viva en usted, de tal manera que va cambiando su vida día a día, mes a mes y año tras año?

Es hora de hacer un "alto en la vida" y cuidadosamente analizar nuestra propia condición. Como dijo el apóstol Pablo a los corintios: "Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?" (2 Corintios 13:5). ¿Realmente está viviendo Jesucristo su vida en usted por medio del Espíritu Santo? (Gálatas 2:20). Ô bien, ¿Fue criado usted en una iglesia (como yo) acostumbrándose a sus doctrinas y prácticas y dándolas todas por correctas?

Una religión muerta

Aunque los seres humanos nos aferramos a nuestras opiniones y tradiciones sin importarnos si son fabricadas por hombres, y aunque nos moleste sobremanera que nos digan que estamos equivocados, la verdad es que el "cristianismo tradicional" que hoy conocemos es una religión muerta.

Hay quienes se dan cuenta de eso, pero la mayoría se niega a reconocerlo. Duele aceptar que uno ha estado equivocado, pero pronto llegará el día en que no habrá alternativa. Dios pondrá fin a los caminos del hombre que son contrarios a Dios y ajenos a las verdades divinas. "De esta manera te haré a ti, oh Israel; y porque te he de hacer esto, prepárate para venir al encuentro de tu Dios, oh Israel" (Amós 4:12).

¿Está usted preparado? ¡Dios dice que nos preparemos! ¡En este momento! La mayoría de quienes leen El Mundo de Mañana con regularidad, comprenden que en el pasado les faltaba algo espiritual en la vida. Ahora han llegado a comprender muchas verdades nuevas. Se les abre una nueva forma de vida. Ahora empiezan a entender las profecías bíblicas y el gran propósito que se está cumpliendo aquí en la Tierra. Entonces, pregúntense: Si usted fue un verdadero cristiano todos aquellos años antes de empezar a aprender lo que ahora sabe, ¿por qué le faltaba tanta comprensión? ¿Por qué le parecía que Dios era menos real de lo que es hoy?

¡Tenemos que afrontar los hechos! ¡De nada servirá el intento de justificarnos en el juicio de Dios delante de su trono! ¡Es preciso que nos examinemos ahora con toda sinceridad!

¿Acaso se refieren a mí?

Para muchos la palabra mi es algo precioso. Hablan con cariño de "mi opinión", "mi religión", "mi manera" y "mi Dios". À nadie le agrada oír que su opinión, o su religión, está equivocada.

Resulta claro que en semejante laberinto religioso, ¡alguien tiene que estar equivocado! ¿Está dispuesto a creer que el equivocado podría ser usted? ¡Que Dios lo ayude a hacerlo! Porque si creemos lo que dice la Biblia, encontraremos que la mayor parte de los seres en la Tierra están imbuidos de errores religiosos. ¡Aun los que se consideran cristianos muy sinceros están engañados!

Uno de los principios bíblicos menos comprendidos es que Dios ha cegado al mundo deliberadamente (Romanos 11:8), permitiendo que siga su propio camino y que aprenda lecciones durante estos 6.000 años de historia humana desde Adán. Al mismo tiempo, Dios ha permitido que Satanás ejerza su influencia en la humanidad. La Biblia describe a Satanás claramente como "la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero", añadiendo que "fue arrojado a la Tierra" (Apocalipsis 12:9).

¿Le parece difícil de creer? Pero es cierto. Muchos pasajes de la Biblia indican que todo el mundo ha caído en el engaño en lo que respecta a las cosas espirituales. Recuerde que la persona engañada no sabe que lo está. Es sincera… ¡pero está sinceramente equivocada!

El gran sistema religioso falso que domina al mundo occidental se presenta en Apocalipsis 17. Dios se refiere a esta iglesia apóstata como una mujer caída, una ramera "con la cual han fornicado los reyes de la Tierra, y los moradores de la Tierra se han embriagado con el vino de su fornicación" (v. 2).

À causa de las falsas enseñanzas y los falsos conceptos absorbidos desde la niñez, la mayoría de las personas se encuentran en estado de embriaguez espiritual: con una visión distorsionada, de modo que no pueden discernir las verdades espirituales. Como ebrios, se sienten ilusamente satisfechas dentro de ese estado espiritual brumoso, vago y confuso en el cual se encuentran.

Piensan que andan muy bien, al menos superficialmente. Pero allá en el fondo, saben que les falta algo. Su religión parece vacía. Dios parece irreal y muy, pero muy lejano…

Un cristianismo falsificado

El gran engaño religioso que se ha apoderado del mundo es obra del diablo Satanás, quien actúa por medio de ministros falsos que predican un cristianismo falsificado. Al fin y al cabo, quien engaña es un falsificador. ¡Y Satanás es el falsificador maestro de todos los tiempos! Por tanto, sus ministros propagan una doctrina que simula ser la verdad.

El apóstol Pablo describe así a los ministros cristianos falsos, que ya abundaban en su época: "Estos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo. Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. Así que, no es extraño si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia; cuyo fin será conforme a sus obras" (2 Corintios 11:13-15).

Sí, ¡Satanás el diablo tiene sus ministros! ¡Dan la impresión de ser ministros de Cristo! Pero lo que enseñan es la doctrina de "nada de obras", nada de obediencia a la ley de Dios. Por lo tanto, ellos mismos serán juzgados por sus propias malas obras.

Dios nos manda que probemos todo espíritu o doctrina espiritual que nos llega por medio de hombres: "Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo" (1 Juan 4:1).

Sin saberlo, y procediendo sinceramente en la mayoría de los casos, buena parte de quienes leen este artículo han estado engañados en el pasado por predicaciones falsas, las cuales se originaron en Satanás y se propagaron mediante los espíritus demoníacos que lo siguen; inspirando e influyendo en los sistemas religiosos y en los ministros religiosos de nuestros días. ¡Es hora de despertar!

En estos últimos tiempos antes del regreso de Jesucristo, ¡usted necesita saber si está preparado o no para encontrarse frente a frente con su Dios! Con mente abierta, debe estar dispuesto a comprobar si realmente experimentó una conversión genuina.

¡Esto es serio! Confiar equivocadamente en una falsa conversión constituye un engaño grande y mortal, ¡que puede costarle su destino eterno! ¿Está usted dispuesto a aceptar tal posibilidad? ¿Está dispuesto a cambiar si Dios le muestra que usted no ha sido convertido realmente?

Qué es la conversión

La Palabrade Dios dice: "Si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Él" (Romanos 8:9). En lenguaje claro, debemos tener el Espíritu de Cristo dentro de nosotros; de lo contrario no somos cristianos, es decir, no somos convertidos.

El verdadero convertido tiene el Espíritu Santo de Dios en abundancia y se deja guiar por Él. Dios coloca y vive su propia vida dentro de nosotros por medio de su Santo Espíritu. Por este medio, somos engendrados por Él como sus propios hijos ¡y somos partícipes de su propia naturaleza! "Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios" (Romanos 8:14).

Francamente, en el pasado, la mayoría de quienes están leyendo este artículo ni siquiera sabían qué era el Espíritu Santo, qué haría en su vida ni cuál sería el resultado de dejarse guiar por Él.

En Romanos 5:5 Dios nos dice que "el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones" por el Espíritu Santo que recibimos. Por medio de su Espíritu, Dios nos da su amor. Es así como participamos de su naturaleza, su carácter. Y el carácter de Dios se expresa en los principios espirituales que se encierran en los diez mandamientos: "Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos" (1 Juan 5:3).

El Espíritu de Dios nos lleva a obedecerle como nuestro Hacedor y nuestro Amo y Señor. El apóstol Pedro nos recuerda que Dios da su Santo Espíritu "a los que le obedecen" (Hechos 5:32).

Laconversión real, pues, implica una entrega genuina para obedecer a Dios y sus leyes. Pedro nos indicó, por inspiración, cómo proceder para convertirnos: "Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo" (Hechos 2:38).

De lo que nos arrepentimos es del pecado. ¿Cómo se define pecado en la Biblia? "El pecado es infracción de la ley" (1 Juan 3:4). Entonces, para convertirse de verdad, hay que arrepentirse de haber quebrantado la ley de Dios. Recordemos que Jesucristo, en el Nuevo Testamento, magnificó la ley divina, especialmente en Mateo 5 y en todo el sermón del Monte. Los cristianos hemos de guardar no solamente la letra de la ley sino también su espíritu o intención en cada aspecto de la vida. Jesús dijo: "No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios" (Lucas 4:4).

Luego, es preciso que nos bauticemos como señal exterior de nuestra voluntad de sepultar del todo al viejo "yo", y entregar nuestra vida a Dios y a Jesucristo como nuestro Salvador personal, nuestro Sumo Sacerdote y nuestro Amo y Señor.

El apóstol Pablo describe el bautismo como el acto de sepultar al viejo ser (Romanos 6:1-4). Se trata de una inmersión total del cuerpo en el agua como símbolo del entierro del viejo yo, con todo su egocentrismo, en un sepulcro.

La conversión falsa es muy frecuente

La mayoría de las personas que se han "bautizado", muchas ni siquiera por inmersión, ¡ni siquiera sabían de qué arrepentirse! No sabían qué es el pecado. Quizá tenían la intención sincera de "ser mejores" o de "hacer las paces con Dios", pero como no les habían enseñado qué es verdaderamente el pecado, ¡nunca se arrepintieron de este! Nunca se sintieron realmente "quebrantados" por el estado miserable de su vida, ni decididos a "enterrar" su vanidad y su egocentrismo, los cuales se expresan constantemente en la codicia y la lujuria del cuerpo.

¡Nunca se arrepintieron de verdad!Nunca tomaron en serio el estudio de la Biblia; siguieron aceptando las costumbres, los caminos y las tradiciones del mundo. No tuvieron un verdadero cambio en la vida. ¡Jamás llegaron a conocer a Dios personalmente! Así es la mayoría de los cristianos en la actualidad.

Por el contrario Jesús explicó, dirigiéndose a los verdadero convertidos, que el Espíritu de verdad "os guiará a toda la verdad" y que "os hará saber las cosas que habrán de venir" (Juan 16:13). Si usted realmente está convertido, el Espíritu de Dios lo guiará hacia verdades que antes desconocía, y le ayudará a captar las profecías bíblicas de un modo que jamás antes había comprendido.

¡La conversión genuina produce una revolución en la vida del cristiano! Le renueva la mente, la actitud ¡el propio carácter! Los cristianos convertidos llegan a conocer a Dios como nunca antes. Empiezan a orar y hablar con Dios de una manera personal. ¡Y reciben respuestas reales a sus oraciones! Al ir creciendo en la vida cristiana, ¡se asemejan más y más a Cristo con cada mes y año que transcurre!

Es triste decir que la mayoría de quienes se declaran "cristianos" ni siquiera han comenzado a ponerse en camino hacia la vida cristiana auténtica.

¿Está usted dispuesto a aceptar esta realidad y actuar de conformidad con ella?

Hagamos frente a la naturaleza humana

El Dios Todopoderoso que creó nuestra mente y nuestra naturaleza humana nos da esta advertencia en el libre de Proverbios: "Hay camino que parece derecho al hombre, pero su fin es camino de muerte" (Proverbios 16:25; 14:12). Es apenas natural y humano creer que nuestro modo de pensar o actuar es acertado. Pero Dios dice que el camino que nos parece acertado ¡termina en muerte! Recordemos que la paga del pecado es muerte (Romanos 6:23).

El gran obstáculo que hace tropezar a la mayoría y le impide aceptar la verdad y convertirse, es la vanidad. Incontables son las personas que se han criado en alguna iglesia y les cuesta reconocer que no han sido convertidas. La naturaleza humana es tal, que desean proclamar su propia bondad y justicia. Nunca llegan a arrepentirse. ¡No llegan a aborrecerse a sí mismas como seres pecadores!

Sin embargo, ¡el Dios verdadero nos ordena que dejemos de justificarnos! "Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase al Eterno, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar" (Isaías 55:7). ¿Piensa usted, quizá, que no ha sido tan malo? El Dios Todopoderoso declara: "No hay justo, ni aun uno" (Romanos 3:10). Nos recuerda que "todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios" (v. 23).

¡Sí, todos hemos pecado! Todos hemos quebrantado las leyes de Dios. La mayoría sigue quebrantando sus leyes, ¡y se empeñan en justificar su proceder!

Pero la voz de Dios resuena: "Mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo el Eterno. Como son más altos los Cielos que la Tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos" (Isaías 55:8-9). Nuestros caminos y nuestros razonamientos humanos, separados de Dios, ¡siempre serán desacertados! No aplique esto solamente a los demás. ¡Aplíquelo a usted mismo!

Es casi seguro que la mayoría de los lectores de este artículo aún tienen lo que la Biblia llama una mente "carnal". Muchos creen que ya están "salvos", cuando la realidad del asunto es que jamás llegaron al punto de entregarse completamente a Dios y admitir su gobierno absoluto en su vida. Por lo tanto, no han recibido el Espíritu Santo de Dios ni fueron engendrados como sus hijos o hijas espirituales.

¡Por eso es que nunca han podido entender las profecías bíblicas! Por eso es que no han entendido el gran propósito que se está cumpliendo en la Tierra. Y por eso es que ven a Dios siempre tan lejano, tan irreal.

Esta ausencia del Espíritu de Dios explica por qué usted no ha estado creciendo continuamente en gracia y en conocimiento y por qué ha carecido de las verdades bíblicas durante tantos años de vida.

¡Ahora es el momento de despertar! ¡Es hora de convertirse de verdad!

Lo que debe hacer

Primero que todo, debe aplicar lo que lee en este artículo a usted mismo. ¡Y debe tratar de no ofenderse por las palabras de corrección y exhortación que le damos con profundo amor!

Recuerde que cuando Jesús les explicó a sus discípulos que era preciso que "comieran" su cuerpo y su mensaje, muchos se ofendieron y se retiraron. "Al oírlas, muchos de sus discípulos dijeron: Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír?" (Juan 6:60). Entonces Jesús les preguntó a los doce: "¿Queréis acaso iros también vosotros?" (v. 67). Pedro dio una respuesta que es tan importante hoy como lo fue en ese momento: "Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna" (v. 68).

Si Dios le ha mostrado a usted por los "frutos" que lo que está leyendo en esta revista es verdad, entonces ¡no deje de seguir la verdad! ¿A dónde más iría?

Miles de ustedes se han dado cuenta de que están recibiendo la verdad y el mensaje de Dios por medio de esta obra, las transmisiones y la revista de El Mundo de Mañana. Empiezan a ver que esta es obra de la verdadera Iglesia de Dios.

¡Pero no se les ha ocurrido hacer mayor cosa al respecto! Si nosotros somos siervos del Dios Altísimo, entonces usted debe seguir nuestras enseñanzas y nuestro ejemplo en la medida en que los encuentren acorde con la Biblia. Debe aplicar estos artículos más literal y personalmente en su vida personal. El apóstol Pablo escribió: "Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo" (1 Corintios 11:1). Cada uno de nosotros debe imitar el ejemplo de los verdadero ministros de Dios… y del propio Jesucristo.

La mayoría de quienes están leyendo este artículo no han hablado con uno de los ministros de Dios acerca de la verdadera conversión y el bautismo. Ahora tienen la oportunidad, si están dispuestos a aprovecharla. Cientos y miles de lectores de El Mundo de Mañana nos han buscado por teléfono, carta o internet para pedir una entrevista personal con un ministro de Jesucristo. Si usted ha comenzado a ver que la obra que respalda esta revista es obra de la verdadera Iglesia de Dios, y si reconoce la importancia de cambiar realmente su vida, no deje de buscarnos poniéndose en contacto con nosotros por medio de una de las direcciones o teléfonos que aparecen en la página 2 de esta revista.

¡De un modo o de otro, todos nuestros lectores deben llegar a comprender la vital importancia de llegar a una conversión verdadera! ¡No la aplacen tanto que pierdan la oportunidad! ¡Recuerden que Dios no acostumbra hacer su obra por medio de ministros engañados! Si usted desea estar bien seguro de su condición espiritual, debe hablar con los verdaderos ministros de Dios, que sirven como instrumentos para predicar su mensaje a este mundo que muere. Luego debe humillarse para seguir los consejos que le den y seguir sus instrucciones… siempre y cuando se convenza de que sí son ministros de Dios y que hablan conforme a su Palabra.

Dispóngase a cambiar

No olvide jamás que antes de la verdadera conversión viene el verdadero arrepentimiento. Es preciso que usted llegue a tal grado de humildad, que pueda decir sinceramente, como dijo David: "Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está siempre delante de mí" (Salmos 51:2-3).

Observe que David no intentó justificarse, sino que reconoció su pecado abiertamente y pidió perdón. Sus palabras prosiguen: "Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos" (v. 4). ¡Dios no tuvo que "convencer" a David ni "razonar" con él para que reconociera su culpa! À la luz de los mandamientos divinos, David se había visto como realmente era y llegó a aborrecerse. ¡Y ni usted ni yo somos mejores que David!

Cuando usted esté dispuesto, por fin, a arrepentirse de quebrantar las leyes de Dios, de seguir tradiciones humanas, de conformarse a esta sociedad y sus caminos, entonces esto es lo que Dios manda: "Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios" (v. 17).

¿Ha sido usted un "aficionado a la religión", dado a discutir con los ministros de Dios sobre "cómo veo yo las cosas"? ¿Se sentía ofendido cuando le demostraban, Biblia en mano, que usted se equivocaba? Cuando le llegue el momento de convertirse de verdad, no se va a aferrar a una vieja conversión falsa, sino que estará agradecido de tener maestros. Será humilde y dispuesto a dejarse enseñar, como un niño. No se creerá un "gigante espiritual" al emprender el camino hacia la verdadera conversión. Y comprenderá el peligro de permitir que su viejo orgullo y vanidad espirituales lo convenzan de que una antigua conversión falsa era auténtica. Al contrario, estará agradecido con Dios por su Iglesia y por sus ministros que le están enseñando su verdad (Romanos 10:15). Y tendrá la enorme paz que llega al saber que Dios realmente lo está guiando, como nunca antes.

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