¿Es Dios indiferente al sufrimiento humano?

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¿Por qué tanto dolor, tanta miseria, tanta desgracia, tanta violencia, tanta guerra y tanta muerte? Si Dios es amor y es omnipotente y misericordioso, ¿cómo es posible que permita tanto mal sobre la Tierra?


Ante la experiencia del dolor y el sufrimiento en carne propia, de lo cual nadie se escapa, y ante el trágico espectáculo del mundo; hay quienes, por no entender, se vuelven ateos o blasfeman de un Dios que consideran injusto. Otros se quedan perplejos, y buscan en vano en la filosofía o en la teología de invención humana, una explicación satisfactoria de la causa y el propósito del sufrimiento.

Dios asume responsabilidad por su creación

El principio de la respuesta al enigma del sufrimiento consiste en entender que, la idea de que el ser humano existiera, no fue nuestra sino de Dios. Como dice la escritura: "Reconoced que el Eterno es Dios; Él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos; pueblo suyo somos, y ovejas de su prado" (Salmos 100:3). También dijo Dios: "Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza" (Génesis 1:26).

No solamente fue Él quien nos hizo, sino que nos creó con la facultad de escoger entre dos caminos: El de la vida y el de la muerte, representados en el árbol de la vida y en el árbol de la ciencia del bien y del mal. Jesucristo explicó que el camino que lleva a la vida es una senda estrecha (Mateo 7:14), la cual consiste en guardar los diez mandamientos: "Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos" (Mateo 19:17). El árbol de la ciencia del bien y del mal consiste en hacer cada uno lo que bien le parece, decidiendo por su propia cuenta lo que es el bien y lo que es el mal; basándose en la experimentación y haciendo caso omiso de lo que Dios diga.

Dios había dicho claramente que el comer de este árbol produciría la muerte (Génesis 2:17). Esto incluía desde luego el dolor y el sufrimiento, y como consecuencia final la muerte. Puesto que Dios nos hizo con libre albedrío, Él sabía perfectamente que existía la posibilidad de que el hombre decidiera (inducido por Satanás el diablo) hacer lo que bien le pareciera, en lugar de someterse a la voluntad de Dios; lo cual trae inmensas bendiciones y, finalmente, a los que perseveren hasta el fin, la vida eterna (Mateo 24:13).

Ahora bien, Dios no iba a permitir que se echara a perder el proyecto que había concebido "desde antes del principio de los siglos" (Tito 1:2; 2 Timoteo 1:9), es decir, antes del big bang, ¡en su mismo comienzo! El diablo tal vez lo pensó así, y tal vez con regocijo, creyendo que con su astucia había hecho fracasar el plan de Dios. Pero Dios que no miente había decidido, "desde antes del principio de los siglos", crear al ser humano y transmitirle vida eterna.

Sin que el diablo lo supiera, Dios ya había tomado medidas al respecto; y quizá la mayor frustración de Satanás es que iba a ser utilizado para fortalecer y solidificar el proyecto que Dios había ideado. Como dijo el apóstol Pablo: "¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero?" (Romanos 11:33-34).

Satanás jamás se imaginó que en caso de que los hombres pecaran, desobedeciendo, Dios ya tenía planeado sujetarlos "a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos" (Romanos 11:32). Dios permitió que toda la humanidad, desde su inicio en el jardín del Edén y a lo largo de seis mil años de historia, que están ya a punto de concluir, experimentara hasta las últimas consecuencias los efectos de la desobediencia a sus mandamientos; aun en sus formas más extremas y espantosas de enfermedad, pobreza, violencia, brutalidad y crueldad inspiradas por Satanás.

Dios ya tenía planeado volvernos a todos a la vida física, por medio de una resurrección, a un planeta Tierra completamente restaurado. Jesucristo habló de un tiempo de regeneración cuando Él vendría a sentarse en un trono de gloria aquí en la Tierra. El apóstol Pedro inspirado por Dios habló de la venida de "tiempos de refrigerio", cuando Jesucristo sería enviado a la Tierra y daría inicio a "los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo" (Hechos 3:19-21).

Los seres humanos, guiados por el diablo y haciendo lo que bien les parece, se están destruyendo a sí mismos por la guerra, la violencia y la enfermedad; causadas por el camino que lleva a la muerte. También estamos destruyendo el medio ambiente que nos sostiene como seres dependientes de la Tierra. Veamos una elocuente predicción de lo que estamos observando en la actualidad: "La Tierra será enteramente vaciada, y completamente saqueada; porque el Eterno ha pronunciado esta palabra. Se destruyó, cayó la Tierra; enfermó, cayó el mundo; enfermaron los altos pueblos de la Tierra. Y la Tierra se contaminó bajo sus moradores; porque traspasaron las leyes, falsearon el derecho, quebrantaron el pacto sempiterno. Por esta causa la maldición consumió la Tierra, y sus moradores fueron asolados; por esta causa fueron consumidos los habitantes de la Tierra, y disminuyeron los hombres" (Isaías 24:3-6).

Una vez más, Dios ha permitido que a lo largo de la historia los seres humanos experimenten las consecuencias de su desobediencia; con el único fin de "tener misericordia de todos" (Romanos 11:32). Con el único fin de que una vez vivida y aprendida la lección, no queramos nunca más experimentar ese camino. Con el único fin de que todos disfruten para siempre de las bendiciones del Paraíso.

Primero en una vida física en un medio paradisíaco lleno de paz, armonía y abundancia; y luego, después de rechazar para siempre el árbol de la ciencia del bien y del mal, comer del árbol de la vida y vivir para siempre en plenitud de gozo (Salmos 16:11). Heredar toda la Tierra transformada en un jardín del Edén: "Ciertamente consolará el Eterno a Sion; consolará todas sus soledades, y cambiará su desierto en paraíso, y su soledad en huerto del Eterno; se hallará en ella alegría y gozo, alabanza y voces de canto" (Isaías 51:3). Como dijimos antes, Jesucristo viene a regenerar la Tierra (Mateo 19:17; Salmos 104:30).

Dios traerá felicidad eterna

Después de mil años de regeneración y restauración mediante un gobierno mundial (Apocalipsis 20:4), Dios nos dice en su Palabra que la inmensa mayoría de los descendientes de Adán y Eva, los miles de millones de seres humanos que a lo largo de seis mil años han poblado la Tierra, no volverán a vivir hasta que se cumplan esos mil años: "Los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años" (v. 5).

Jesucristo viene a dar cumplimiento a lo que estaba escrito por los profetas, que habría de venir un tiempo de restauración de todas las cosas. Para dar lugar de habitación y alimentación a semejante multitud, que algunos calculan en cuarenta mil millones de seres humanos descendientes de Adán y Eva, Jesucristo con su poder creador transformará los desiertos en vergeles productivos:

"Se alegrarán el desierto y la soledad; el yermo se gozará y florecerá como la rosa. Florecerá profusamente, y también se alegrará y cantará con júbilo… verán la gloria del Eterno, la hermosura del Dios nuestro. Fortaleced las manos cansadas, afirmad las rodillas endebles. Decid a los de corazón apocado: Esforzaos, no temáis; he aquí que vuestro Dios viene con retribución, con pago: Dios mismo vendrá y os salvará. Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán. Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo; porque aguas serán cavadas en el desierto, y torrentes en la soledad. El lugar seco se convertirá en estanque, y el sequedal en manaderos de aguas… Tendrán gozo y alegría, y huirán la tristeza y el gemido" (Isaías 35:1-10).

Todos los seres humanos experimentarán el paraíso

Así como Adán y Eva fueron puestos en un paraíso, sus descendientes serán resucitados cuando toda la Tierra habrá sido regenerada y restaurada y ¡convertida en un paraíso! Pero con dos diferencias fundamentales: La primera es que Satanás ya no estará ahí: "Y el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre" (Apocalipsis 20:10). Como se indicó anteriormente, posiblemente la peor frustración de Satanás es que habrá contribuido a que la humanidad resucitada a nueva vida, ¡no quiera nunca más experimentar su camino de muerte!

Esta última constituye la segunda diferencia fundamental con el primer jardín del Edén. El ser humano escogió no confiar en Dios cuando le señaló el camino de la vida desde el principio, porque no había experimentado las consecuencias de la desobediencia.

Esta vez, todos recordarán lo que fue su vida bajo el imperio de Satanás. Los habitantes de Sodoma volverán a vivir y se acordarán quiénes fueron (Mateo 11:24). Los habitantes de Nínive volverán a vivir y se acordarán quiénes fueron (Mateo 12:41). También la Reina del Sur volverá a vivir y se acordará de su visita a Salomón (v. 42).

Es muy importante señalar aquí, que la palabra "castigo" que se encuentra en Mateo 11:22 y en Mateo 11:24 no aparece en lo que se conoce como el "Texto Bizantino" del Nuevo Testamento. Dicho texto recoge los manuscritos más antiguos y fidedignos de los Evangelios. La lectura correcta debe ser la siguiente: "Os digo que el día del juicio será más tolerable…"

La razón por la cual es correcto omitir la palabra "castigo", es porque Jesucristo, quien estará juzgando al mundo entero en aquel entonces, ya pagó el castigo que todos nos merecíamos. Por eso dice la Escritura: "Mas Él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre Él, y por su llaga fuimos nosotros curados" (Isaías 53:5).

Esas fueron las medidas que Dios tomó aun antes de que el hombre pecara, con el fin de que su plan no se echara a perder por una decisión errónea del hombre. El apóstol Pedro nos explica magistralmente cómo Dios previó la posibilidad de que el hombre pecara y cómo habría de rescatar a toda la humanidad: "Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres [Adán y Eva], no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros" (1 Pedro 1:18-20).

La "fundación del mundo" en lenguaje bíblico significa el sistema de civilización establecido según el árbol de la ciencia del bien y del mal. ¡Vemos aquí claramente como Dios había tomado las medidas preventivas necesarias para el triunfo de su plan!

Dios no es indiferente al sufrimiento humano

El mismo Dios que nos creó se hizo hombre: "En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios… Y aquel Verbo fue hecho carne" (Juan 1:1, 14). Sin haber pecado, sufrió en carne propia las consecuencias de nuestros pecados, a saber, el sufrimiento y la muerte, para rescatarnos a todos.

Y finalmente, como está escrito: "Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron" (Apocalipsis 21:4).

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