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En el océano Pacífico, se encuentra la “gran mancha de basura del Pacífico”, un remolino de desechos plásticos que tiene dos veces el tamaño de Texas o tres veces el tamaño de Francia (CNN, 18 de abril de 2023). Cada año, entre 1,15 y 2,41 millones de toneladas de plástico llegan al océano desde los ríos (Nature Communications, 7 de junio de 2017). Los microplásticos flotan en la superficie y también se encuentran en las columnas de agua que llegan hasta el fondo del océano. Estos plásticos afectan la salud y la seguridad de los animales marinos y de los seres humanos. Cuando los plásticos se acumulan en especies marinas más pequeñas, son devorados por peces más grandes y, finalmente, terminan en nuestros propios platos. Debido al tamaño y el color de los plásticos, los animales marinos a menudo los confunden con alimento. La “gran mancha de basura”, junto con los vertederos, la basura en las carreteras y los neumáticos de los coches contribuye a la presencia de microplásticos y nanoplásticos peligrosos en el aire que respiramos.
Las tortugas bobas confunden las bolsas de plástico con medusas, entre sus alimentos favoritos. Los albatros confunden los gránulos de plástico con huevos de pescado y se los dan de comer a sus crías, lo que los hace vulnerables a la inanición o a la rotura de órganos. Las redes de pesca de plástico utilizadas en la pesca ilegal pueden atrapar y, en ocasiones, ahogar a las focas y a otros mamíferos.
Esta triste realidad ecológica nos recuerda el lamento del apóstol Pablo en Romanos 8:19-21. La creación de Dios ha sido contaminada y diezmada. Sin embargo, hay una verdadera esperanza para el futuro, cuando la Tierra y sus criaturas sean liberadas de su actual esclavitud y el mundo sea restaurado a su esplendor original. Para más información sobre la futura restauración de nuestro planeta, lean El maravilloso mundo de mañana.