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Recientemente, han surgido noticias sobre varias figuras destacadas que sufrieron lesiones graves al caerse mientras realizaban tareas cotidianas en sus hogares o lugares de trabajo. Un momento de distracción o descuido puede acarrear consecuencias debilitantes que cambian la vida. En el plano personal, hace poco, mientras terminaba un proyecto sencillo en casa, tropecé con aquello en lo que estaba trabajando y sufrí una caída; el resultado fue un esguince grave en la mano y la muñeca izquierdas, cuya recuperación total llevó semanas.
El Consejo Nacional sobre el Envejecimiento (“National Council on Aging”) señala que las caídas son la principal causa de lesiones mortales y potencialmente mortales entre los adultos mayores. Informan que el costo total de la atención médica derivada de caídas no mortales en este grupo de edad asciende a 80.000 millones de dólares anuales. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) indican que una de cada cuatro personas de 65 años o más sufre una caída cada año, lo que deriva en unos tres millones de visitas a los servicios de urgencias. Las caídas son la causa más frecuente de lesiones cerebrales traumáticas.
Ante estas cifras y datos poco alentadores, resulta aconsejable adoptar medidas preventivas para evitar las consecuencias, a menudo catastróficas, de las caídas. Sin duda, el ejercicio físico para mejorar la fuerza y el equilibrio es beneficioso. Las revisiones oculares periódicas permiten detectar problemas de visión que podrían provocar caídas. Por muy sencillo que parezca, debemos deshacernos de objetos, como alfombras o elementos decorativos, en las zonas de paso donde podríamos tropezar o resbalar. Asimismo, la instalación de barras de apoyo resistentes y una iluminación adecuada en los lugares necesarios son medidas preventivas cruciales. Y, si una persona necesita un bastón o un caminador para desplazarse con seguridad, debe dejar a un lado la vanidad y utilizarlo para poder moverse.
Citando al sabio Benjamin Franklin “más vale prevenir que curar”. A diario debemos pedir a Dios su protección, comprendiendo al mismo tiempo que Él no hará por nosotros aquello que nosotros mismos podemos hacer.
Las circunstancias físicas a menudo ilustran importantes principios espirituales. La Biblia utiliza los términos «tropezar» o «caer» para ilustrar las consecuencias espirituales de no buscar el Reino de Dios y su justicia como forma de vida (Mateo 6:33). En el libro de Proverbios, el rey Salomón utilizó circunstancias físicas para transmitir una enseñanza espiritual al escribir: “Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto. El camino de los impíos es como la oscuridad; no saben en qué tropiezan... Tus ojos miren lo recto, y diríjanse tus párpados hacia lo que tienes delante. Examina la senda de tus pies, y todos tus caminos sean rectos. No te desvíes a la derecha ni a la izquierda; aparta tu pie del mal” (Proverbios 4:18–19, 25–27).
En la parábola del sembrador (Lucas 8:11–15), Jesús describió cómo quienes escuchaban Sus palabras reaccionaban de maneras diferentes. Algunos oían la verdad, pero el diablo los distraía y no creían (v. 12). Otros escuchaban sus palabras y las recibían con alegría, pero al poco tiempo, debido a la tentación, se apartaban de la fe (v. 13).
Jesús también explicó a Sus discípulos que los creyentes sufrirían persecución. “Muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán” (Mateo 24:10). El apóstol Pedro también advirtió sobre herejías y tiempos difíciles al escribir: “Así que vosotros, oh amados, sabiéndolo de antemano, guardaos, no sea que arrastrados por el error de los inicuos, caigáis de vuestra firmeza” (2 Pedro 3:17).
El apóstol Pablo, en su carta a la iglesia de Dios en Corinto, advirtió contra la complacencia o el exceso de confianza con esta exhortación: “Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga” (1 Corintios 10:12).
Por muy inquietantes que sean estas advertencias, existen también medidas positivas que un creyente puede tomar para evitar una caída espiritual. En el Salmo 119, un hermoso poema acróstico que exalta los beneficios de obedecer los Diez Mandamientos, el salmista escribió en el versículo 165: “Mucha paz tienen los que aman tu ley, y no hay para ellos tropiezo”.
Luego, hacia el final del Nuevo Testamento, el apóstol Judas, al defender la fe, pronunció esta inspiradora bendición: “Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría, al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad, imperio y potencia, ahora y por todos los siglos. Amén” (Judas 24–25).
La necesidad apremiante de reconocer los peligros físicos para evitar las consecuencias de una caída física debería ser una prioridad para todos. Sin embargo, evitar los obstáculos o impedimentos para nuestra vida espiritual es aún más importante, dadas las consecuencias eternas de las decisiones que tomamos.
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