La presunción de reescribir la vida

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Antes de confundir las lenguas de la humanidad, Dios dijo que nada será imposible para una humanidad unida (Génesis 11:1-9), y nuestra era moderna comienza a revelar tales capacidades. Recientemente, los genetistas han estado utilizando la tecnología CRISPR (por sus siglas en ingles) para eliminar y reemplazar secuencias genéticas que consideran defectuosas en plantas y animales (Deutsche Welle, 16 de junio de 2026). Se pueden introducir secuencias genéticas que hagan que las plantas sean resistentes a la sequía o a los hongos, y aumenten el rendimiento de los cultivos. Los que apoyan este enfoque prevén importantes beneficios, mientras que los que se oponen cuestionan las consecuencias a largo plazo de consumir alimentos con genes editados.

Aunque la Unión Europea ha flexibilizado las restricciones sobre el uso de la tecnología de edición genética en alimentos disponibles comercialmente, el profesor Michael Antoniou, del King's College de Londres, dijo que el proceso CRISPR puede provocar cambios no deseados en el ADN de la planta: “La evidencia científica muestra que, cuando se considera en su conjunto, el proceso de edición genética CRISPR causa daños al azar y no deseados a gran escala en el ADN de la planta, y [estos daños] pueden ser cientos o miles”. Los científicos conscientes creen que se necesita más investigación para comprender mejor estos cambios y su impacto en los consumidores.

Los científicos que realizan la edición genética suelen ver este proceso desde un modelo evolutivo y no ven al Creador detrás de la vida que están “reprogramando”. De hecho, la complejidad e inteligencia del ADN y los sistemas genéticos son una prueba sólida de la existencia de Dios. Manipular con sistemas que no comprendemos del todo, sistemas que Dios diseñó con tanto cuidado, conlleva el riesgo de causar graves consecuencias en toda la biosfera. Para más información sobre las razones por las que sabemos que el ADN no evolucionó al azar, vean “Los secretitos sucios de la evolución”.