Pimentones de Desobediencia

Díganos lo que piensa de este artículo

Mi esposo y yo nos conocimos y nos casamos siendo ambos miembros de la Iglesia de Dios. Ser soltera en la Iglesia era una cosa, pero el matrimonio agregó otra dimensión: un cambio del “yo” al “nosotros” y el deseo, como mujer casada, de representar bien la esposa de Proverbios 31.

A comienzos de nuestra vida de casados, quise sembrar pimentones frente a la ventana de la cocina, pero mi esposo me dijo que no lo hiciera porque la tierra no era fertil. Era tal mi deseo de sembrarlos precisamente allí, que una tarde, mientras él se encontraba en una reunión de trabajo, salí y compré seis plantas de pimentón y las planté justo en ese lugar. Él nunca dijo una palabra. Cuando las planté medían unos 20 centímetros y al final de la estación seguían midiendo 20 centímetros y no habían dado ni un pimiento.

Esta fue la primera de una serie de lecciones que me enseñaron a someter mi voluntad a la suya, y ninguna fue tan dramática como esta. Con el paso de los años solíamos hablar de tales situaciones y a esta le pusimos el nombre de “los pimentones de desobediencia”. Felizmente, la lección no fue una de consecuencias graves, pero sí me hizo vislumbrar el significado de Proverbios 14:1: “La mujer sabia edifica su casa; mas la necia con sus manos la derriba”. Mirando atrás, me di cuenta de que: 1) desobedecí a mi esposo, queriendo imponer mi voluntad; 2) la tierra realmente era mala y mis acciones no dieron ningún fruto; y 3) él tenía la razón y yo estaba equivocada.

Así comenzó nuestro proceso de crecer juntos en el aprendizaje del camino del matrimonio cristiano. Comprendiendo la importancia de la comunicación, deseábamos que nuestra unión se basara en la relación de nuestro Padre celestial con Cristo, que no discuten jamás, sino que siempre están totalmente de acuerdo, con toda armonía y amor.

El concepto de estar casada con Cristo en la primera resurrección no es fácil de asimilar, pero Dios nos ha dado el matrimonio como muestra de lo que será el verdadero matrimonio con su Hijo: “Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero y su esposa se ha preparado. Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos” (Apocalipsis 19:7–8).

Al prepararse para el matrimonio, hay mucho que aprender. Primero, la mujer debe amar de verdad a su futuro esposo, deseando ser lo mejor para él en todos los aspectos… y este sentimiento, desde luego, debe ser recíproco. Luego, ella debe concentrarse en aprender qué es importante para su esposo, respetándolo en el transcurso de este nuevo camino. Como concepto, esto se aplica igualmente a las solteras, y así lo demuestra el apóstol Pablo en 1 Corintios 7:34: “La mujer soltera, lo mismo que la doncella, se preocupa de las cosas del Señor, de ser santa de cuerpo y de espíritu” (Biblia de Jerusalén).

Es tan fácil desobedecer…

No es fácil para una mujer someterse al marido. La sociedad nos enseña que la mujer es libre para hacer lo que quiera, hasta el punto de matar a un bebé indeseado en el vientre, y que ella es más inteligente que el hombre. Hay en las naciones una confabulación poco reconocida pero que representa al hombre como el lento y torpe que anda dando palos de ciego, que nunca acierta, mientras que la inteligente es la mujer: sumamente capaz en todo y quien domina cualquier situación. Basta mirar los programas de televisión, los anuncios comerciales y en prácticamente todos los medios de comunicación. ¡Está en todas partes! Y se está extendiendo incluso a los niños y lo llaman “la fórmula del burro”.

No se dejen engañar. Las Escrituras nos dicen que: “la mujer respete a su marido” (Efesios 5:33). Dios dispuso que el hombre tuviera autoridad sobre la mujer (v. 23) para que hubiese orden y paz, y al hombre le dijo que “ame también a su mujer como a sí mismo” (v. 33).

Además, con el declive progresivo de esta sociedad de Satanás, a nuestros hijos los están confundiendo incluso en cuanto a su propio género. Este parece ser un fenómeno reciente, pero avanza muy rápidamente. Si un niñito siente que debió nacer niña, parece que en ciertas circunstancias puede vestirse y actuar como niña. Las escuelas del país se ven ante problemas de este tipo cada vez más difíciles, incluso qué sanitarios deben utilizar unos y otras. El cambio de género del ex-campeón olímpico Bruce Jenner, conocido ahora como Caitlyn, ha recibido mucha publicidad y sin duda influye en los niños que pueden estar pensando en cosas así.

Ciertamente, Satanás está atacando a la familia y debemos ser conscientes del peligro y permanecer más cerca de Dios como familia.

Con el paso de los años, mi esposo y yo nos hemos mudado de casa varias veces. He sembrado pimentones muchas veces y con la bendición de Dios han dado mucho fruto. Ahora soy una mujer “de cierta edad” y me pregunto cómo enseñar “a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos”, tal como se aconseja en Tito 2:4. No es fácil para ninguna de nosotras, sabiendo que el enemigo busca constantemente socavar nuestras familias y nuestra vida de todas las formas que pueda, desgarrándonos y dejándonos moribundas mientras él se felicita y se alegra. La principal clave del éxito es poner a Dios primero en todo (Mateo 6:33). En segundo lugar, hay que reconocer que el esposo es la cabeza del hogar. El rey Salomón lo dijo muy bien en Proverbios 3:5–6: “Fíate del Eterno de todo tu corazón y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos y él enderezará tus veredas”.

Hemos sido plantados

Uno de mis pasajes preferidos en la Biblia es Eclesiastés 3, y es un maravilloso ejemplo de la sabiduría de Salomón. Además, muestra cómo la analogía de plantar es importante en nuestra vida. “Todo tiene su tiempo y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. Tiempo de nacer y tiempo de morir; tiempo de plantar y tiempo de arrancar lo plantado” (Eclesiastés 3:1–2).

Es impresionante pensar que nosotros hemos sido “plantados” aquí en la Tierra, que Dios nos llamó y nos dio su Espíritu Santo (al arrepentirnos, creer en Cristo y bautizarnos, claro está) para que seamos el fundamento —la “tierra”, donde Él “plantará” un futuro jardín de inmensas proporciones en el Reino venidero, y aún más en el período de juicio del gran trono blanco.  Es crucial que captemos esta visión, que la mantengamos viva y “alimentada” y que no pensemos que somos “solo tierra”. En el Salmo 128, Dios nos dice los resultados de guardar sus caminos: “Bienaventurado todo aquel que teme al Eterno, que anda en sus caminos… Tu mujer será como vid que lleva fruto a los lados de tu casa; tus hijos como plantas de olivo alrededor de tu mesa… así será bendecido el hombre que teme al Eterno” (vs. 1–4).

Como esposas y madres, debemos respaldar a nuestros hombres, animarlos, alegrarlos, ayudarles de todas las formas, de modo que nuestros hijos también los amen y respeten en gran medida. Esta es la mentalidad normal de los hijos, pues en la tierna infancia sus padres son como Dios para ellos.

Es importante no dejar que el mundo se interponga en una estructura familiar pacífica donde los esposos colaboran para criar hijos como Dios manda y con los ojos puestos en el galardón cuando tendremos la gran boda con nuestro Salvador. Para eso, es necesario que la esposa se haya preparado para ayudar a su Esposo en el mundo de mañana. Entonces no habrá más “pimentones de desobediencia” entre nosotros.