Arrancando las raíces de amargura

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Las mujeres creamos una atmósfera positiva o negativa para aquellos que nos rodean. Cuando estoy angustiada, mi temperamento se afecta. Todos pasamos por dificultades en la vida y no somos completamente optimistas todo el tiempo. Sin embargo, en general, debemos crear una atmósfera positiva a nuestro alrededor que atraiga a las personas, comenzando por nuestros amigos y familiares. Aprendí una lección poderosa acerca de esto en mi casa, de hecho ¡justo en el patio trasero de mi casa!

"La mujer sabia edifica su casa; más la necia con sus manos la derriba" Proverbios 14:1

Donde una vez hubo un césped suave y exuberante, el césped de nuestra casa dio paso a una hierba invasora obstinada llamada Artemisia o Cudweed. Pasamos de un césped verde a uno cubierto de tallos de esta mala hierba por todas partes. Mi esposo cortaba la mala hierba con regularidad, pero esto solo hacía que salieran brotes rígidos de la tierra. Era feo y difícil para caminar sobre él, incluso con zapatos.

La mala hierba que era cortada también crecía unas diez veces más rápido que el césped. Dos días después de que se cortaba, las malas hierbas brotaban más sanas y fuertes en la tierra fértil.

Después de ver que esto sucedía una y otra vez, decidí arrancarla de raíz. Tuve que envolver mis dedos con fuerza alrededor de los tallos antes de tirar, porque las raíces estaban bien enterradas y me costó bastante esfuerzo arrancarlas. De vez en cuando, accidentalmente arrancaba el tallo y las hojas de la maleza, mientras que la raíz gruesa y profunda se mantenía firme en su lugar. Esto significaba que la planta volvería a crecer y tendría que lidiar con ella nuevamente en el futuro.  Era solo cuestión de tiempo antes de que su presencia volviera a ser evidente.

Usé la pala para arrancar las raíces. Al tener esta nueva experiencia de arrancar la hierba mala, la frase “raíz de amargura” en la Biblia adquirió un significado completamente nuevo para mí.

 “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que, brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados” (Hebreos 12:14-15).

Mientras pensaba en la mala hierba, sus raíces y este pasaje de las Escrituras, también pensé en las ocasiones en las que me habían ofendido o en las que yo había ofendido a otros. Es algo que sucede a menudo, no es intencional. A menudo, a las mujeres no les gusta enfrentarse a los conflictos y esperan que simplemente desaparezcan. Pero, al igual que tirar solo del tallo y las hojas en lugar de la raíz, los sentimientos de ofensa pueden permanecer. Si no eliminamos la raíz del problema, estos sentimientos de ofensa pueden crear raíces más profundas y volverse aún más difíciles de erradicar.

La pala era una forma de sacar la raíz completamente y de forma rápida y pensé en cómo Dios nos da una herramienta para arrancar la raíz de la amargura que tengamos contra los demás. Esa herramienta es el perdón. Estar dispuestos a dejar de lado nuestro propio dolor para restaurar la relación con los demás es clave. Saber que todos en un momento dado decimos o hacemos algo incorrecto, nos recuerda que también necesitamos el perdón. Mateo 6:15 nos advierte que, si no perdonamos a los demás, no seremos perdonados.

Otra ayuda que tuve para arrancar la hierba mala de nuestro jardín fue la lluvia; ¡era mucho más fácil arrancar la maleza cuando el suelo estaba húmedo! Entonces, ¡aprendí a desyerbar siempre después de la lluvia! Pensé en cómo se compara el Espíritu Santo con el agua. Dios les da a los cristianos este poder que procede de Él, y podemos desyerbar nuestros jardines emocionales con mucha más facilidad si estamos dispuestos a dejar que Dios nos ayude. Por medio de la oración para perdonar a otro una ofensa, el Espíritu Santo será avivado para ayudarnos a eliminar la obstinada mala hierba de nuestra vida espiritual.

Por lo tanto, recuerden, si mantenemos una raíz de amargura, al "cortar el tallo" ocasionalmente, simplemente se dejará la raíz para que vuelva a crecer una y otra vez. Necesitamos ir a Dios y hacer el esfuerzo de desarraigar cualquier resentimiento que podamos estar albergando por largo tiempo. Necesitamos sanar el dolor que tenemos dentro para poder crear un ambiente agradable en nuestros hogares, en nuestras actividades y en nuestros lugares de trabajo. Entonces podremos reflejar verdadera y plenamente el sabio ejemplo que vemos en Proverbios 14, edificando a quienes nos rodean cuando nos esforzamos por arrancar las raíces de amargura.