Amplíe su círculo de amigos

Janth B. English
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Como mujeres en la Iglesia de Dios, cuando miramos alrededor en nuestras congregaciones vemos personas de diferentes edades, razas, condiciones socioeconómicas y personalidades. Podemos ver que Dios llama a personas de todos los ámbitos de la vida. ¡Dios ama la diversidad!

¿Usted ama la diversidad? ¿Sus amigos incluyen personas de diferentes edades, estatus socioeconómicos, razas y personalidades? Es humano relacionarnos con aquellos que son similares a nosotros. Entre más cosas en común tengan dos personas, más fácil es entablar una conversación y comenzar una amistad. Sin embargo, si está haciendo lo que es natural, solo puede estar siendo parte de un grupo exclusivo.

Las mujeres tienden a ser más sociables y, como regla, nos encanta compartir nuestras vidas con los demás. Nuestro comportamiento extrovertido nos lleva a buscar a otras mujeres con quienes podamos socializar. ¡Esto es algo bueno! Debemos cultivar amistades con nuestros hermanos y hermanas en Cristo. A Dios le agrada ver a sus hijos llevarse bien (Salmo 133: 1). Sin embargo, si usted se percata que sábado tras sábado está compartiendo con las mismas personas o que, durante la semana, solo habla con su círculo más cercano de amigos, entonces, sin darse cuenta usted se ha convertido en parte de un grupo exclusivista. Lo peor de un grupo como ese es que excluye y puede herir los sentimientos de los demás, aun si sus miembros no tienen la intención de hacerlo.

Jesucristo, nuestro hermano mayor, nos dio ejemplo en todas las cosas, incluyendo el compartir su vida con los demás. Llamó a varios pescadores para convertirlos en apóstoles: Pedro, Andrés, Santiago y Juan; Mateo, un recaudador de impuestos; Simón, un activista político; Tomas, un escéptico y otras diversas personalidades. Él no se quedó solo con un tipo de personas. Cristo comió con recaudadores de impuestos y pecadores (Lucas 19: 2-7). Él habló directamente con las mujeres (Juan 4: 7, 27) y tuvo mujeres entre sus seguidores (Marcos 15: 40-41), hasta el punto de ponerlo en desacuerdo con miembros de la sociedad que lo rodeaba (Lucas 7: 44-48). Cristo les dijo a Sus discípulos que dejaran que los niños vivieran a él, porque ellos no querían que Él perdiera su tiempo con los niños (Mateo 19: 13-15). Incluso contó una parábola alabando al buen samaritano, aunque los samaritanos eran odiados por la mayoría de los judíos (Lucas 10: 25-37). Cristo socializó con personas de diferentes edades, diferentes orígenes y diferentes posiciones sociales; Él realmente no hizo acepción de personas (Romanos 2:11).

Podemos admitir que es mucho más fácil llevarse bien con personas cuya personalidad es parecida a la nuestra. Me acuerdo de una buena amiga mía. Ella y yo somos tan diferentes como la noche y el día, y hemos tenido nuestros desacuerdos de vez en cuando. Sin embargo, sé que esta relación me ha llevado a ver las cosas de manera diferente, y me he visto forzada a ir en direcciones en las que no habría ido por mi cuenta. Esto me hace pensar en la frase "Hierro con hierro se aguza", que las Escrituras usan para describir una amistad cristiana (Proverbios 27:17). Ampliar nuestro círculo de amigos para incluir a personas con diferentes estilos de vida puede ayudarnos a ampliar nuestros puntos de vista, enseñarnos sobre diferentes culturas y también aprender a interactuar con diferentes tipos de personalidades. En el proceso, puliremos nuestras habilidades de comunicación y creceremos y maduraremos como cristianos.

Lo opuesto a ser exclusivista es acoger todo tipo de personas; deberíamos optar por ser ese tipo de persona. Mire a su alrededor en busca de personas tímidas, un poco incómodas o que se sienten excluidas para entablar una conversación. Tendremos toda la eternidad para conocer a todos y cada uno de nuestros hermanos y hermanas en Cristo un día, en un futuro no muy lejano. Mientras tanto, esforcémonos por incluir a tantos como podamos en nuestro círculo de amistades ahora.