¿Se ofende fácilmente?

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Todos nos ofendemos en un momento u otro. Y, muy probablemente, hemos ofendido a alguien. ¿Qué nos dice Dios sobre las ofensas?

Uno de los significados de la palabra "ofensa" es "molestia o resentimiento hacia alguien que nos ha insultado o ignorado". La gente dice o hace cosas que nos duelen y nos enojan, ya sea inadvertidamente o intencionalmente. Nuestros sentimientos pueden variar desde sentirnos molestos hasta tener ira, desde una irritación leve hasta una gran indignación o, desde el resentimiento hasta la amargura. Del mismo modo, nuestras palabras y acciones pueden despertar estos sentimientos en los demás.

Algunas personas se ofenden con demasiada facilidad, y estar cerca de ellas es como caminar sobre cascarones de huevo, temerosos de ofenderlos por cualquier motivo. Algunos parecen estar siempre buscando algo para ofenderse. Los que se ofenden fácilmente pueden estar ansiosos, sentirse inferiores, guardar rencor o ser justos en sus propios ojos, pero son vulnerables, inseguros y miserables. Decididos a sentirse ofendidos, pueden imaginarse una razón, aunque no exista una verdaderamente.

Esto es especialmente cierto en nuestra polarizada sociedad, dividida por ideologías, política, raza, religión, etc. Parece que todos se sienten ofendidos por todos los demás. Algunos censuran y castigan a otros por sus supuestos pensamientos, razones o motivos, publicando comentarios llenos de odio en las plataformas de las redes sociales. Sus expresiones de indignación parecen no tener límites.

¿Qué dice la Biblia acerca de ofenderse u ofender a otros?

En el libro de Eclesiastés 7:20–22 dice: “Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque. Tampoco apliques tu corazón a todas las cosas que se hablan, para que no oigas a tu siervo cuando dice mal de ti; porque tu corazón sabe que tú también dijiste mal de otros muchas veces". Sí, todos somos culpables y no debemos permitir que nuestros sentimientos se vean afectados, "tómelo en serio", porque es probable que todos hayamos ofendido a alguien en un momento u otro.

Proverbios 19:11 nos instruye: "La cordura del hombre detiene su furor (¿ha oído hablar de ‘contar hasta diez’?), Y su honra es pasar por alto la ofensa". Lo más inteligente es controlar nuestra ira y pasar por alto los comentarios ofensivos de otras personas.

Proverbios 12:16 dice: "El necio al punto da a conocer su ira; (indignación, provocación) mas el que no hace caso de la injuria (desgracia, deshonra, reproche) es prudente. La Versión Estándar en inglés lo traduce: "La irritación de un necio se conoce de inmediato, pero el prudente ignora el insulto".

Es posible que deseemos suavizar las cosas, estar en paz y restablecer una relación, ya sea con un cónyuge, un familiar, un compañero de trabajo, un vecino o incluso un extraño. Pero cuando la otra persona no quiere paz y a cambio quiere aferrarse a su ofensa, ¿qué podemos hacer? Proverbios 18:19 dice: "El hermano ofendido es más tenaz que una ciudad fuerte, y las contiendas de los hermanos son como cerrojos de alcázar".

Jesús enseñó: “Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos ...” (Mateo 5:43–45).

Si, ¡bendecir a los que nos maldicen, hacer bien a los que nos aborrecen es una "tarea difícil". Esa no es nuestra naturaleza humana. Pero Pablo nos dice nuevamente en Romanos 12:14, 17 y 19–21, “Bendecid a los que os persiguen; bendecid, y no maldigáis ... No paguéis a nadie mal por mal... No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios... si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber... No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal".

Puede ser difícil manejar las ofensas según las instrucciones de Jesucristo, pero esas son sus instrucciones. ¿Acaso pide demasiado nuestro Salvador? Demostrémosle que no.

Las enseñanzas de Cristo son más que una religión, son el verdadero Camino a la vida. Para obtener más información, lea ¿Qué es un verdadero cristiano?