Rendirse en el Monte Everest

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El 26 de mayo de 2006, en lo alto de la ladera norte del monte Everest, el guía Daniel Mazur, de Olympia, Washington, tuvo que enfrentar una decisión de vida o muerte. Estaba subiendo hacia la cima del Everest cuando su grupo y él se encontraron con una situación inusual. "Mazur, sus dos clientes y un guía sherpa estaban a solo dos horas del pico ... cuando se encontraron con Lincoln Hall, una persona de 50 años, que fue abandonado el día anterior cuando sus guías creían que estaba muerto". Me sorprendió ver a este hombre sin guantes, sin gorro, sin tanques de oxígeno, ni saco para dormir estando a 8.595 metros de altura, simplemente sentado allí, dijo Mazur ... Mazur dijo que las primeras palabras de Hall hacia él fueron: 'Me imagino que le sorprende verme aquí' ("El hombre que abandona su ascenso al Everest por un rescate", Associated Press, 8 de junio de 2006).

A solo dos horas de llegar a la cima del mundo, encontraron a un hombre sentado allí, ¡en uno de los lugares más inhóspitos de nuestro planeta! El señor debió tomar una decisión: ¿Ignorar la difícil situación de otro ser humano para continuar con su objetivo de llegar a la cima, o abandonar su ansiado objetivo para salvar la vida de otro escalador?

Después de meses de preparación, miles de dólares invertidos y un viaje al otro lado del mundo, ¿debía renunciar a su objetivo para salvarlo o debía pasar de largo y dejarlo allí a esta persona para que muriera?

Él pudo haberlo hecho, ya que otros ciertamente lo hicieron. El artículo continúa: "Mientras el equipo de Mazur estaba ocupado ayudando a Hall, dos ... escaladores pasaron junto a ellos hacia la cima ... 'No sé por qué no quisieron detenerse para ayudar', dijo Mazur. 'Espero que, si a mí me sucede algo así, y alguien pasa por mi lado, que ese alguien sea como yo'". Solo una semana antes, el 15 de mayo, cerca de 40 escaladores pasaron junto al británico David Sharp, de 34 años, quien estaba a unos 300 metros de su descenso. Y murió (ibid.).

No todos estamos escalando el Everest. Pero si somos cristianos, hemos sido llamados a dar la vida los unos por los otros. Jesús nos dio la parábola del buen samaritano para mostrar que todos debemos estar dispuestos a ayudarnos unos a otros en tiempos de necesidad, incluso si eso significa que debemos sacrificar algo. ¿Qué está dispuesto a sacrificar por su vecino, cónyuge o algún miembro de su familia? ¿Su tiempo? ¿Dejar de hacer las cosas a su manera? ¿Su orgullo?

Jesús dijo: "Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto. Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo. Asimismo, un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo. Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia; y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él. Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese" (Lucas 10:30–35).

No sabemos a qué renunció este samaritano para ayudar al hombre. Pero cualquiera que haya sido el inconveniente que le costó, tuvo compasión: se detuvo a pensar en los demás y se ocupó de una necesidad. Daniel Mazur era el verdadero samaritano de ese escalador solitario, asustado y moribundo allá arriba en las laderas del Everest. Debemos mirar a nuestro alrededor y ver quién nos necesita y a quién podemos servir y ayudar en su momento de necesidad.

¿Le pesó a Daniel Mazur el renunciar a llegar a la cumbre para salvar a Lincoln Hall? "Todos miramos la cumbre y luego nos miramos", dijo. "Todos estuvimos de acuerdo en que no había otra opción", dijo Mazur.

¿Tomaría usted una decisión como la de Mazur? Si busca a Dios de verdad, Él puede darle lo que usted necesita para tomar las decisiones correctas.