Labrar y cuidar la Tierra

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Una vez, mi esposa y yo tuvimos la oportunidad de rescatar a un ciervo bebé, que se había separado de su madre y estaba a punto de morir. Mientras conducíamos hacia   y desde el centro de rehabilitación de ciervos en Carolina del Norte, comenzamos a hablar sobre nuestra experiencia, y nos percatamos de que existe una gran responsabilidad y alegría asociadas con el cuidado de la creación de Dios. Vimos esta experiencia como una oportunidad que nos dio Dios para ayudarnos a aprender algunas lecciones de cuán importante es labrar y cuidar la tierra.

Cuando noté por primera vez al pequeño ciervo, quien corría hacia el edificio donde trabajo con la intención de esconderse detrás de la cerca, parecía que se había separado de su madre después de que se asustó con el equipo de mantenimiento de jardines. Pude atraparlo detrás de la cerca, donde se había acostado para esconderse. Cuando lo levanté, noté que estaba temblando de miedo. ¡Me golpeó una ola de compasión y sentí una tremenda responsabilidad de proteger a esta pequeña criatura en necesidad!

Rastreé algunas huellas de ciervo que encontré en el bosque e hice una pequeña oración pidiéndole a Dios, si era su voluntad, que llevara al pequeño a su madre. A la mañana siguiente recibí una llamada telefónica de un compañero de trabajo, diciéndome que el ciervo había regresado y que se veía extremadamente débil. Al darme cuenta de que su madre lo había abandonado, decidí recuperarlo y desarrollé un plan para su supervivencia. Con la ayuda de mi esposa y de algunos de mis maravillosos compañeros de trabajo, pudimos alimentarlo con biberón y localizamos un centro de rehabilitación para cervatillos. Dios parecía estar bendiciendo la situación al abrirnos todas las puertas posibles para que cuidáramos su creación. Después de que el cervatillo fue alimentado, recuperó algo de fuerza y ​​luego lo llevamos al centro.

Mientras mi esposa y yo hablamos en el camino de regreso, acordamos que parecía que Dios estaba probando nuestro carácter en esta situación, y oré para que pasáramos esa prueba. ¿Tomamos a la ligera nuestra responsabilidad de administrar la creación de Dios? Cuando Dios creó la humanidad, tuvo la intención de que el hombre se sintiera realizado cuidando su creación. “Tomó, pues, el Eterno Dios al hombre, y lo puso en el huerto del Edén, para que lo labrara y lo guardase [cuidase]” (Génesis 2:15). Adán tuvo la oportunidad de estudiar, identificar y ponerle nombre a cada criatura en la Tierra (vs. 19–20). ¡Piense en el sentimiento de emoción que Adán tuvo al ponerle nombre a cada criatura! Tal vez como la alegría de un niño pequeño cuyos padres traen a casa su primera mascota, y le dicen a su hijo, "puedes ponerle el nombre que quieras".

Este es el gozo que Dios quiere que tengamos cuando labramos y cuidamos la tierra. Dios creó al hombre y dijo: “señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra” (Génesis 1:26). A diferencia de Satanás, que se rebeló y llevó a la destrucción y el caos, la humanidad debía ser responsable de proteger la Tierra. Cuando Adán y Eva siguieron el camino de "obtener" de Satanás en lugar del camino de "dar" de Dios, esta actitud envió una onda de agonía a toda la creación, la cual sigue sufriendo las consecuencias. Nuestra esperanza está en el regreso de Cristo cuando "la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios" (Romanos 8:21). ¡Mi esposa y yo aprendimos importantes lecciones de nuestra "experiencia con los ciervos", y esperamos que nuestra historia pueda ilustrar la importancia de seguir la voluntad de Dios de labrar y cuidar la tierra!

Para obtener más información sobre el futuro de la Tierra cuando Cristo regrese y la prosperidad que traerá a la creación, solicite nuestro emocionante folleto: El Maravilloso Mundo de Mañana ¿Cómo será? y lea el artículo: "El Mundo después de la tercera guerra mundial”.