La medida incompleta

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El fallecido Jerry Clower, un narrador de historias cómicas, contó una vez una anécdota muy graciosa sobre una señora que entró en una carnicería. Le dijo al dueño, que estaba detrás del mostrador: “Quisiera un pollo de tres libras y media para freír”. Ya casi al final del día y, cuando el carnicero metió la mano detrás del mostrador en el cajón con hielo donde guardaba las aves, vio que solo quedaba una. Puso el pollo de golpe sobre la balanza y vio que pesaba un poco menos de tres libras y media. La clienta comentó: «Bueno, quisiera uno un poco más grande». Entonces, el carnicero volvió a meter el pollo en el cajón con hielo, lo movió para que la cavidad del cuerpo se llenara de hielo y volvió a colocar el ave sobre la balanza. Ahora pesaba cuatro libras. «¡Ah, qué bien! —exclamó la señora—. ¡Me llevo los dos!».

Dios nos hace esta exhortación en el libro de Levítico: “No hagáis injusticia en juicio, en medida de tierra, en peso ni en otra medida. Balanzas justas, pesas justas y medidas justas tendréis” (Levítico 19:35-36). Aunque las medidas mencionadas puedan resultar hoy un tanto desconocidas, el significado es indudablemente claro: hay que ser honesto en todos los tratos, incluidos los pesos y las medidas. Encontramos esta misma exhortación en Proverbios 11:1: “El peso falso es abominación al Eterno; más la pesa cabal le agrada”.

En todos los estados de Estados Unidos, al igual que en muchos otros países, existe un organismo gubernamental que regula los pesos y medidas utilizados en el comercio cotidiano. Por ejemplo, los surtidores de gasolina se inspeccionan periódicamente para garantizar que los clientes, a quienes se les cobra un galón, no reciban en realidad una cantidad menor. Para proteger al consumidor, se revisan las balanzas a fin de verificar que indiquen el peso correcto. Si bien es lamentable que sean necesarias tales inspecciones, estas sirven para proteger al consumidor de comerciantes sin escrúpulos.

También vemos que este principio bíblico se ve desafiado de otras formas más sutiles. Es posible que haya notado que, a veces, los fabricantes de alimentos reducen la cantidad del producto que contiene un envase, manteniendo inalterados tanto el tamaño del envase como su precio. La «caja de 12» ahora contiene 11 unidades por el mismo precio. En efecto, al consumidor desprevenido se le da una «medida escasa». En el ámbito laboral, ¿con qué frecuencia los empleados «inflan» sus hojas de tiempo para cobrar por tiempo no trabajado, y con qué frecuencia se exageran los gastos en los informes, dando así al empleador una «medida escasa»? El profeta Miqueas lo expresó a la perfección cuando escribió: “¿Hay aún en casa del impío tesoros de impiedad, y medida escasa que es detestable? ¿Daré por inocente al que tiene balanza falsa y bolsa de pesas engañosas?” (Miqueas 6:10–11).

¡Qué mundo tan diferente sería si hoy se observaran estos principios sencillos pero importantes! Afortunadamente, pronto llegará un tiempo en que el mundo entero se regirá por principios divinos que traerán bendiciones increíbles para toda la humanidad. Puede leer sobre ese tiempo solicitando nuestro folleto gratuito “El maravilloso mundo de mañana: ¿Cómo será?”. Hasta entonces, ¡asegúrese de dar siempre la medida justa y nunca una «medida escasa»!