¡Es mi derecho!

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Aquellos de nosotros durante la Gran Depresión, aún podemos recordar la imagen de hombres adultos que vendían lápices en las esquinas. Era evidente la lucha diaria por sobrevivir. Estados Unidos se estancó de repente, y el presidente Franklin D. Roosevelt tuvo un trabajo monumental en sus manos tratando de ayudar a una nación para que saliera adelante. Qué contraste con las dificultades económicas de hoy, que parecen mostrar actitudes totalmente opuestas: "¡Me debes!" y "¡Es mi derecho!"

Mirando atrás desde un punto de vista histórico, parece que la civilización gira en círculos. La gente comienza en la esclavitud, luego resuelven escapar, luchan y finalmente alcanzan la libertad. Luego viene la apatía y pronto, las personas desean los beneficios de la libertad sin esfuerzo. Luego viene la sensación de derecho: "¡Quiero lo que me corresponde!" y en poco tiempo, un demagogo llega con resultados prometedores sin esfuerzo, y pronto la gente vuelve a la esclavitud.

¿Dónde estamos actualmente en ese ciclo? La mentalidad común. "¡La sociedad me debe! ¡Es mi derecho!" Parece decirlo todo. Queremos nuestros derechos, pero ¿qué pasa con nuestras responsabilidades? ¿Y qué sucede cuando nuestros derechos individuales chocan con el bien de la sociedad que nos rodea?

Cuando los "derechos" individuales chocan con las responsabilidades sociales, vemos confusión y conflicto. Ningún gobierno humano puede sobrevivir a tal conflicto. Todos los gobiernos diseñados por la fuerza y el intelecto humano se levantan y caen y van y vienen.

Afortunadamente, hay otro gobierno que no está sujeto a estos ciclos. Se llama el Reino de Dios, y es lo que Jesucristo ha prometido establecer en su segunda venida. Las Escrituras nos dicen: "Acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa del ETERNO como cabeza de los montes” (Isaías 2: 2). En la Biblia, una montaña es a menudo el símbolo de un gobierno. Cristo regresará para convertirse en Rey de reyes, el gobernante supremo sobre todos los demás gobernantes. Esto no es una fantasía; es la realidad que los cristianos de hoy anticipan con entusiasmo. Este gobierno ofrecerá algo no provisto por ningún gobierno humano: verdadera justicia.

Cristo, el Salvador, será literalmente Rey en el Reino de Dios. Leemos: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro” (Isaías 9: 6). Cristo gobernará, no de acuerdo con los altibajos de la naturaleza y los cíclicos caprichos humanos, sino más bien con los principios constantes y consistentes de Dios.

En ese reino justo, nadie tendrá que clamar: "¡Dame lo que es mío!" Las Escrituras describen la paz y la prosperidad que se conocerán bajo el gobierno de Cristo. “Y se sentará cada uno debajo de su vid y debajo de su higuera, y no habrá quien los amedrente” (Miqueas 4: 4). El mundo entero aprenderá a honrar a Dios y a guardar sus mandamientos (Eclesiastés 12:13), y el amor a Dios y al prójimo será la norma.