El seno de los necios

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¿Ha observado a ciudadanos enojados, exigentes con una queja, real o imaginaria, o con intereses especiales buscando recompensas amenazando con interrupción o violencia para lograr sus fines? Considere los comportamientos personales que fueron ilegales durante milenios, pero que ahora se consideran "derechos civiles". Piense en la afirmación surrealista de que el género biológico no se limita a "masculino y femenino" y que los individuos pueden "elegir" su género sin tener en cuenta su composición cromosómica o sus genitales. Sin embargo, todas estas situaciones, sin importar cuán desviadas sean, no solo se permiten, sino que se promueven de manera agresiva a niños que aún no han alcanzado la pubertad.

¿Cuál será el resultado de normalizar comportamientos que son peligrosos para la salud física y que son perjudiciales para un estado mental estable y saludable? ¿Qué revela la historia sobre los resultados de estilos de vida pervertidos? Las respuestas a estas preguntas dependen de a quién se le pregunte. Las profesiones psicológicas dominantes parecen haber acogido estos cambios sociales y morales y aconsejan que es un comportamiento humano normal el que los individuos elijan su género. Aquellos que lo hacen exigen a menudo que sus acciones sean aceptadas por todos. Los tribunales están atascados mientras los adherentes litigan, buscando aceptación y reparación monetaria por "daños".

¿Existe otra fuente autorizada para consultar y obtener respuestas? ¡Definitivamente! Si uno reconoce al Creador y Sus instrucciones para la humanidad que se encuentran en la Santa Biblia, la confusión se aclara rápidamente.

David, rey del antiguo Israel, lo expresó de esta manera: "Dice el necio en su corazón: No hay Dios. Se han corrompido, hacen obras abominables" (Salmo 14:1). Nadie quiere ser un necio, entonces, ¿qué dice Dios sobre el género? “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Génesis 1:27).

Es bastante simple, pero a lo largo de la historia, la humanidad ha intentado negar este hecho básico. El comportamiento desviado desenfrenado ocurrió en las ciudades de Sodoma y Gomorra en el tiempo de Abraham, resultando en la destrucción repentina de ambas ciudades.

El apóstol Pablo escribió a la Iglesia de Dios en Roma alrededor del año 57 d. C., “Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen; estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia” (Romanos 1:28–32).

Así que hoy, en gran parte del mundo desarrollado, quienes promueven y agitan estos comportamientos crean perturbaciones furiosas para lograr sus fines. Es una práctica ancestral que no terminará bien para ellos. En varios lugares, la Biblia llama a estos individuos "necios". Por ejemplo, “Honra es del hombre dejar la contienda; mas todo insensato se envolverá en ella” (Proverbios 20: 3). En otro lugar dice: “Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte; y el que se enseñorea de su espíritu, que el que toma una ciudad” (Proverbios 16:32). Salomón dijo sucintamente: “No te apresures en tu espíritu a enojarte; porque el enojo reposa en el seno de los necios” (Eclesiastés 7:9).

Hay un momento para la ira justa, no una ira incontrolable, sino una motivación para tomar medidas positivas para encontrar soluciones. Pablo lo expresó de esta manera a la Iglesia en Éfeso: “Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo… Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo” (Efesios 4:26, 31–32).

Cuando surjan situaciones estresantes en su vida, en lugar de quedar atrapado en la contienda y la ira que “reposa en el seno de los necios”, recuerde las palabras de Pablo: “Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor” (Romanos 12:18-19).

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