Cuidado con extraviarse de la verdad

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La Biblia registra la historia de los antiguos israelitas y la grandeza de su nación. Este relato histórico revela el retroceso religioso y moral de Israel a medida que se desviaron de los caminos de Dios. Por generaciones, Dios por medio de sus profetas instó a Israel para que se volviera a Él y para que obedeciera sus leyes. ¿Hay alguna lección importante aquí que podamos aplicar a los cristianos del Nuevo Testamento?

De hecho, vemos que Jesucristo, los apóstoles y los ministros de Su Iglesia, también exhortan a toda la humanidad a reconciliarse con Él a través de la obediencia voluntaria a Sus enseñanzas.

Muchos están familiarizados con las parábolas de la oveja perdida, la moneda perdida y el hijo perdido, conocido popularmente como el hijo pródigo (Lucas 15). Jesús dio estas parábolas porque los fariseos lo criticaron por comer con pecadores. Todas estas parábolas ilustran el amor de Dios por sus hijos, incluso por aquellos que se apartan de la verdad, y su alegría cuando un pecador se arrepiente de caminos que solo conducen a la muerte (Proverbios 16:25). Él desea enormemente que la humanidad vaya en la dirección correcta y viva Su Camino hacia la vida eterna.

Dios tiene un gran plan de salvación que se revela en los días santos que le dio a Israel (lea nuestro folleto, Las fiestas santas: El plan maestro de Dios). A lo largo de la historia de la humanidad, la una gran cantidad de los seres humanos nunca han conocido al Dios de la Biblia o ni siquiera han escuchado el nombre de Jesucristo. Aun así, tendrán su oportunidad de conocerlo en el futuro, aunque hayan muerto hace siglos o milenios. Lea nuestro folleto ¿Es este el único día de salvación?

Hay quienes han conocido la verdad y que por un tiempo quisieron vivir una vida según la palabra de Dios. Pero en el camino, se alejaron de la verdad que se les reveló y dejaron el verdadero camino. Cristo claramente instruyó: “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan” (Mateo 7:13–14). Los que se han alejado de la verdad, son las "ovejas perdidas" que necesitan ser encontradas.

El mensaje de Dios es consistente. A través del profeta Jeremías, dijo: "Vuélvete, oh rebelde Israel", y "Convertíos, hijos rebeldes, y sanaré vuestras rebeliones" (Jeremías 3:12, 14, 22).

Por medio del profeta Joel, Dios advierte sobre el día del Señor que traerá  destrucción (Joel 1:15). Después de describir la terrible destrucción, Dios nos exhorta: "Convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento... convertíos al Eterno vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia..." (Joel 2:12-13).

Jesús comenzó su ministerio diciendo: "Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado" (Mateo 4:17). Él advirtió: "...si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente" (Lucas 13:3, 5).

En la fiesta de Pentecostés, cuando los discípulos de Jesús recibieron el Espíritu Santo, Pedro predicó el mismo mensaje de arrepentimiento (Hechos 2:38).

Ese mensaje consistente también se encuentra en la segunda epístola de Pedro, donde dice "El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento" (2 Pedro 3: 9).

Y en el libro de la Revelación de Jesucristo, Él dice "Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete” (Apocalipsis 3:19).

Santiago recomienda encarecidamente: "Hermanos, si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad, y alguno le hace volver, sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados" (Santiago 5:19-20).

El proceso de regreso es simple “Escudriñemos nuestros caminos, y busquemos, y volvámonos al Eterno” (Lamentaciones 3:40), buscándolo con todo nuestro corazón (Deuteronomio 4:29). Dios no despreciará a un corazón quebrantado y contrito (Salmo 34: 8, 51:17).

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