Los osos

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¡Cómo nos preparamos para dificultades sin sucumbir al miedo! El conferencista en el desayuno de nuestra organización de negocios era un abogado destacado por su servicio a la comunidad. En sus comentarios, mencionó el placer que le daba trabajar con el programa de la organización Scout.


Habló de una experiencia cuando estaba acampado con un grupo de lobatos. La pasaron muy bien en excursiones por el bosque, nadando y en otras actividades divertidas. Terminada la cena, y después de conversar un rato frente a la fogata, llegó la hora de acostarse.

La noche entró en silencio cuando los muchachos se metieron en sus sacos de dormir. Para el abogado y demás instructores y consejeros, era el momento para un agradable descanso luego de las actividades del día. Pero habían pasado pocos minutos de silencio cuando un niño dijo con temblor en la voz: "Consejero, ¿no vamos a orar?" El consejero se apresuró a responder: "Pues claro, podemos orar. ¡Tú empiezas!" El niño salió gateando de su saco de dormir y, poniéndose de rodillas, oró en voz alta y con gran fervor: ¡Señor! ¡Sálvanos de los osos!"

Hasta ese momento, nada se había dicho ni se había expresado inquietud alguna por la presencia de osos, y nadie había manifestado interés por la oración. Sin embargo, cuando el joven campista terminó su petición fervorosa a Dios, sus compañeros , alertados ahora a los peligros de dormir en el bosque, fueron saliendo uno por uno de sus sacos de dormir y presentaron su oración sincera y urgente implorando protección contra los osos.

Esta historia, graciosa pero a la vez conmovedora, nos recuerda que a veces no somos conscientes de un problema, sea real o imaginario, hasta que alguien nos hace caer en cuenta de él.

En estos tiempos peligrosos, es indudable que debemos estar atentos a los peligros y posibles problemas que nos rodean. Pero tampoco debemos exagerar ni estar temerosos. Al respecto, la Biblia tiene mucho que decir. Los peligros, las dificultades, las pruebas y tribulaciones no son cosas nuevas en la experiencia humana, y Aquel que inspiró las Sagradas Escrituras también nos dio instrucciones y directrices para responder a los retos de la vida con espíritu tranquilo y paz mental.

Por ejemplo, consideremos esta perla de sabiduría: "El avisado ve el mal y se esconde, mas los simples pasan y reciben el daño" (Proverbios 22:3). Los que tienen sabiduría se dan cuenta de lo que está ocurriendo a su alrededor y están apercibidos ante la posibilidad de una situación mala o perjudicial. Por estar atentos, pueden reaccionar de un modo que les permita prevenir el daño o la pérdida. Es claro que en toda circunstancia en que nos encontremos, debemos permanecer atentos a lo que ocurre.

Desafortunadamente, algunos tienen demasiada cautela, hasta el punto de caer en un estado de temor que realmente no se justifica. Consideremos lo que se lee en Proverbios 26:13: "Dice el perezoso: El león está en el camino; el león está en las calles" En este caso, el peligro que se percibe no es real, sino una excusa para no actuar y hacer lo que hay que hacer.

En nuestros días sí hay mucho que temer. Sin embargo, la Biblia nos dice que si buscamos primero y ante todo el Reino de Dios y su justicia, no hay por qué temer (Mateo 6:33). Jesucristo ofreció estas palabras de consuelo a sus discípulos: "No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el Reino" (Lucas 12:32). Más tarde, el apóstol Juan escribió: "En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor" (1 Juan 4:18).

Por tanto, aunque siempre debemos estar atentos a los "osos" que se nos puedan presentar en la vida, no debemos estar temerosos, siempre y cuando miremos todos los días hacia nuestro Padre celestial en busca de protección y paz mental, y si hacemos nuestra parte por vivir tal como Él desea que vivamos.

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