El Deseado de todas las naciones

Díganos lo que piensa de este artículo

Hay en el fondo del corazón del ser humano una esperanza que, aunque a veces muda, no se apaga. La esperanza y el deseo de que algún día surja un gobernante justo, incorrupto, imparcial, y poderoso; que vele por los pobres y los débiles y establezca paz social.


¿Se trata de un sueño imposible, o de una realidad ya muy cercana, que colmará los anhelos más profundos de todos los que sufren?

"Al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor" (Mateo 9:39).

Siempre que hay elecciones, las multitudes acuden a las urnas con la ilusión de que, al menos esta vez, algunas de las promesas que escucharon se cumplan. Pero la oposición diseñada para evitar la tiranía se torna en obstáculo para los que ascienden al poder con buenas intenciones.

Por otra parte, los que logran eliminar la oposición, no tienen el poder para evitar que el poder los corrompa. Suele ocurrir que ante la oportunidad de enriquecerse, se enceguecen, se vuelven opresores y se olvidan de los pobres. Luego, acarrean una revolución que los derroca, y los nuevos dirigentes que suben al poder vuelven a repetir la misma historia.

¿Está la humanidad condenada para siempre a repetir este círculo vicioso como ha ocurrido hasta el presente?

Una pregunta fundamental

¿Cuál es la motivación de fondo de los que con tanto ahínco buscan el poder, o de los que a toda costa lo quieren retener? ¿Es acaso el amor a los demás, o es el amor a sí mismos?

"El Deseado de todas las naciones", ese líder que en el fondo de su ser toda la humanidad anhela, tiene que ser alguien que haya demostrado, no con palabras sino con hechos, que su motivación absoluta para gobernar es el amor a sus súbditos. Y que el deseo auténtico de su corazón es servirles y no ser servido por ellos. Que es de una humildad y sencillez tales, que se pone de rodillas y lava con sus propias manos los pies de todos los miembros de su gabinete ministerial. Así les enseña con hechos como deben servir y tratar a quienes estarán bajo su cuidado en su gobierno.

¡Qué contraste con el orgullo que les suele subir a la cabeza a los que ascienden al poder!

El Deseado de todas las naciones no es el que accede al gobierno a base de promesas vanas, sino el que ha respaldado con hechos sus palabras antes de asumir el mando.

La máxima prueba de amor de un líder por su pueblo es dar la vida por sus súbditos. Es la prueba irrefutable de que su interés primordial, más que su propio bien, es el de su gente. Hemos visto a muchos dirigentes sacrificar a su pueblo para preservar a toda costa su vida en el poder.

El Deseado de todas las naciones va a romper el ciclo infernal al cual han estado sometidos los pueblos desde los albores de la historia.

Pruebas confirmadas

Sabemos de alguien que dijo: "Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos" (Juan 15:13). Sabemos también que al pie de la letra lo cumplió. Y que poco antes de dar su vida, cuando le preguntó el gobernador romano: "¿Luego, eres tú Rey? Respondió: Tú dices que yo soy Rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo" (Juan 18:37).

Vino al mundo a cumplir primero lo que de Él se había escrito siglos antes. El cumplimiento histórico de lo que había sido anunciado desde antaño, es la garantía de que la promesa de su retorno a gobernar al mundo entero también se cumplirá. Y los que sin conocerlo lo desean, verán pronto aparecer al Único que dará cumplimiento a su recóndita esperanza.

Veamos cómo fue descrita de antemano la prueba de su amor, la cual cumplió. Y cómo se asombrarán a su retorno los que no lo conocieron: "Como se asombraron de ti muchos, de tal manera fue desfigurado de los hombres su parecer, y su hermosura más que la de los hijos de los hombres, así asombrará Él a muchas naciones [las que sin conocerlo lo desean]; los reyes cerrarán ante Él la boca, porque verán lo que nunca les fue contado, y entenderán lo que jamás habían oído" (Isaías 52:14-15).

El futuro Rey del mundo vino primero y experimentó en carne propia, para no olvidarse y tener misericordia (Hebreos 4:15-16), lo que es vivir en esta Tierra como un ser humano común y corriente: "No hay parecer en Él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos" (Isaías 53:2).

Para no olvidarse de los oprimidos sufrió, injustamente, humillaciones y rechazo de parte de los gobernantes religiosos y políticos: "Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de Él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos" (v. 3).

Con el fin de poder ofrecer sanidad física a todo ser humano, desde ahora a quienes a Él clamen y en su futuro gobierno a todo el mundo, pagó en su propio cuerpo el precio de su programa de salud pública: "Ciertamente llevó Él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido" (v. 4).

Para rescatarnos de las consecuencias de nuestros errores y desviaciones, y poder guiarnos por el camino de la paz, pagó el precio de nuestras transgresiones: "Mas Él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre Él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas el Eterno cargó en Él el pecado de todos nosotros… fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido" (Isaías 53:5-6, 8).

Una vez más, antes de asumir el mando, demostró con hechos el amor por el pueblo que habría de regir por largos días: "Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días [para siempre mediante su resurrección de los muertos]… Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho" (vs. 10-11).

Un Rey con el corazón de un pastor

Jesucristo anunció así su retorno para gobernar al mundo: "Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en las nubes con gran poder y gloria" (Marcos 13:26). Veamos cómo armoniza esta escritura con lo dicho antes por el profeta: "He aquí que el Eterno el Señor vendrá con poder, y su brazo señoreará… Como pastor apacentará su rebaño; en su brazo llevará los corderos, y en su seno los llevará; pastoreará suavemente a las recién paridas" (Isaías 40:10-11).

Pronto aparecerá un Rey supremo y poderoso. Poderoso para defender y proteger a su pueblo, sus ovejas. Pero con un corazón tierno para cuidar de ellas con esmero. Jesús dijo: "He venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas" (Juan 10:10-11).

Dios reprende duramente a los líderes religiosos y políticos que no tienen el corazón de un pastor para cuidar de su pueblo, sino que lo oprimen y lo explotan: "¡Ay de los pastores de Israel, que se apacientan a sí mismos! ¿No apacientan los pastores a los rebaños? Coméis la grosura, y os vestís de la lana; la engordada degolláis, mas no apacentáis las ovejas. No fortalecisteis las débiles, ni curasteis la enferma; no vendasteis la perniquebrada, no volvisteis al redil la descarriada, ni buscasteis la perdida, sino que os habéis enseñoreado de ellas con dureza y con violencia… Por tanto, oh pastores, oíd palabra del Eterno. Así ha dicho el Eterno el Señor: He aquí, yo estoy contra los pastores; y demandaré mis ovejas de su mano… ni los pastores se apacentarán más a sí mismos, pues yo libraré mis ovejas de sus bocas, y no les serán más para comida. Porque así ha dicho el Eterno el Señor: He aquí yo, yo mismo iré a buscar mis ovejas, y las reconoceré" (Ezequiel 34: 2-4, 9-11).

Lo que la Palabra de Dios dice aquí sobre Israel, se aplicará a los oprimidos del mundo entero. He aquí palabras de consuelo para todos los enlutados y afligidos del mundo: "Se acordarán, y se volverán al Eterno todos los confines de la Tierra, y todas las familias de las naciones adorarán delante de ti. Porque del Eterno es el Reino, y Él regirá las naciones" (Salmos 22:27-28).

Jesucristo a su regreso cuidará de las naciones como un pastor cuida de sus ovejas. El deseo de las naciones no será frustrado: "El Eterno de los ejércitos hará en este monte a todos los pueblos banquete de manjares suculentos, banquete de vinos refinados, de gruesos tuétanos y de vinos purificados. Y destruirá en este monte la cubierta [el engaño] con que están cubiertos todos los pueblos, y el velo que envuelve a todas las naciones. Destruirá a la muerte para siempre; y enjugará el Eterno el Señor toda lágrima de todos los rostros; y quitará la afrenta de su pueblo de toda la Tierra; porque el Eterno lo ha dicho. Y se dirá en aquel día: He aquí este es nuestro Dios, le hemos esperado, y nos salvará; este es el Eterno a quien hemos esperado, nos gozaremos y nos alegraremos en su salvación" (Isaías 25:6-9).

¿Qué pasa con los que murieron?

Se preguntará el lector: ¿Y qué pasa con los que murieron sin haber visto jamás el cumplimiento del deseo de su corazón? Para los que durmieron también hay buenas noticias. Serán despertados los que duermen en el polvo de la Tierra, los que durmieron pensando que su esperanza moría con ellos. Volverán a la vida y se encontrarán cara a cara con "el Deseado de todas las naciones" sentado sobre un trono blanco. Él los juzgará en el sentido en que les señalará sus transgresiones, el pecado en que murieron. Pero también les dará la buena nueva de que Él ya pagó por sus transgresiones con su propia vida. Si se arrepienten y aceptan su camino, les "abrirá los libros", los cuales son la Palabra de Dios que no entendieron, la cual les señala el camino de vida que conduce a la Eternidad.

Veamos algunas escrituras que ilustran estos puntos. Primero veremos en el libro de Ezequiel lo que Dios dice de Israel. Y luego veremos cómo se aplica a todos los que han muerto como señala claramente el libro del Apocalipsis: "La mano del Eterno vino sobre mí, y me llevó en el Espíritu del Eterno, y me puso en medio de un valle que estaba lleno de huesos. Y me hizo pasar cerca de ellos por todo en derredor; y he aquí que eran muchísimos sobre la faz del campo, y por cierto secos en gran manera. Y me dijo: Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos? Y dije: Señor Jehová, tú lo sabes. Me dijo entonces: Profetiza sobre estos huesos, y diles: Huesos secos, oíd palabra de Jehová. Así ha dicho Jehová el Señor a estos huesos: He aquí, yo hago entrar espíritu en vosotros, y viviréis. Y pondré tendones sobre vosotros, y haré subir sobre vosotros carne, y os cubriré de piel, y pondré en vosotros espíritu, y viviréis; y sabréis que yo soy Jehová. Profeticé, pues, como me fue mandado; y hubo un ruido mientras yo profetizaba, y he aquí un temblor; y los huesos se juntaron cada hueso con su hueso. Y miré, y he aquí tendones sobre ellos, y la carne subió, y la piel cubrió por encima de ellos; pero no había en ellos espíritu. Y me dijo: Profetiza al espíritu, profetiza, hijo de hombre, y di al espíritu: Así ha dicho Jehová el Señor: Espíritu, ven de los cuatro vientos, y sopla sobre estos muertos, y vivirán. Y profeticé como me había mandado, y entró espíritu en ellos, y vivieron, y estuvieron sobre sus pies; un ejército grande en extremo. Me dijo luego: Hijo de hombre, todos estos huesos son la casa de Israel. He aquí, ellos dicen: Nuestros huesos se secaron, y pereció nuestra esperanza, y somos del todo destruidos. Por tanto, profetiza, y diles: Así ha dicho el Eterno el Señor: He aquí yo abro vuestros sepulcros, pueblo mío, y os haré subir de vuestras sepulturas, y os traeré a la tierra de Israel. Y sabréis que yo soy el Eterno, cuando abra vuestros sepulcros, y os saque de vuestras sepulturas, pueblo mío. Y pondré mi Espíritu en vosotros, y viviréis, y os haré reposar sobre vuestra tierra; y sabréis que yo el Eterno hablé, y lo hice, dice el Eterno" (Ezequiel 37:1-14).

Veamos ahora lo que nos dice la Palabra de Dios en el Apocalipsis:

"Vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él… Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras" (20:11-12).

Cabe señalar aquí que hay quienes erróneamente creen que la resurrección de Ezequiel 37 ocurre antes, y que es solo para los judíos y los demás israelitas. Mientras que la resurrección de Apocalipsis 20 es para el resto del mundo.

Veamos cómo Jesucristo mismo aclara este punto, señalando que los judíos de su tiempo, quienes son parte de la "casa de Israel" (Ezequiel 37:11), resucitarán al mismo tiempo con el resto de las naciones:

"Los hombres de Nínive [que no eran la casa de Israel] se levantarán en el juicio con esta generación, y la condenarán; porque ellos se arrepintieron a la predicación de Jonás, y he aquí más que Jonás en este lugar. La Reina del Sur [que no era israelita] se levantará en el juicio con esta generación, y la condenará; porque ella vino de los fines de la Tierra para oír la sabiduría de Salomón, y he aquí más que Salomón en este lugar" (Mateo 12:41-42).

Vemos entonces cómo, todos los que alguna vez pensaron: "Nuestros huesos se secaron, y pereció nuestra esperanza, y somos del todo destruidos" (Ezequiel 37:11). Despertarán y verán cara a cara al "Deseado de todas las naciones". Para entender mejor este tema, sírvase solicitar sin ningún costo para usted, nuestro folleto titulado: Las fiestas santas – Plan maestro de Dios.

Un Rey justo

No hay espacio en el presente artículo para citar todas las escrituras proféticas que señalan la gloria futura de gobierno justo y perfecto de "el Deseado de todas las naciones". Veamos, sin embargo, dos textos más para afirmar la certeza y alimentar la esperanza de ese Reino que ya está próximo, a las puertas.

En el libro de los Salmos hallamos una descripción del tipo de gobernante que todo pueblo quisiera tener. La buena noticia, como lo hemos demostrado brevemente en este artículo, es que el cumplimiento de ese anhelo está ya muy cercano. Y como veremos, no será algo transitorio y fugaz como han sido los escasos períodos de refrigerio que el ser humano ha vivido a lo largo de su historia.

El gobierno perfecto de Jesucristo se iniciará con un período de mil años (Apocalipsis 20:4). El cual no será más que la introducción a un reinado que se prolongará por los siglos de los siglos, es decir, por la eternidad: "Un niño nos es nacido, hijo nos es dado [primera venida de Jesucristo], y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre [segunda venida de Jesucristo] Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno [esta expresión en hebreo significa iniciador o Padre de una era eterna], Príncipe de Paz. Lo dilatado de su imperio [mundial y universal] y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su Reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre" (Isaías 9:6-7).

Veamos ahora cuál será su principal preocupación como gobernante, tal como está descrita proféticamente en el Salmo 72.

El Salmo 72 fue dedicado a Salomón, cuyo nombre significa "paz". Ô sea que, fue utilizado como una figura del futuro "Príncipe de Paz", porque en los días de Salomón hubo paz y prosperidad como nunca antes ni después en la historia de Israel. No obstante, Salomón fue fiel a Dios únicamente cierto período de su reinado de 40 años. Hacia el final de su gobierno se desvió y apostató. Le fue infiel al Dios que todo se lo había dado.

Jesucristo, por su parte, ya demostró su fidelidad desde la eternidad y que nos precede y, luego, en su vida terrenal hasta la muerte. Lo cual es garantía absoluta para la eternidad que tenemos por delante:

"Oh Dios, da tus juicios al Rey, y tu justicia al hijo del Rey. Él juzgará a tu pueblo con justicia, y a tus afligidos con juicio… Juzgará a los afligidos del pueblo, salvará a los hijos del menesteroso, y aplastará al opresor. Te temerán mientras duren el Sol y la Luna, de generación en generación [un reinado de mil años, Apocalipsis 20:4]" (Salmos 72:1-2, 4). Después, cuando se entre en la dimensión eterna, no habrá Sol ni Luna (Apocalipsis 21:23).

"Florecerá en sus días justicia, y muchedumbre de paz, hasta que no haya Luna" (Salmos 72:7). "Todos los reyes se postrarán delante de Él; todas las naciones le servirán. Porque Él librará al menesteroso que clamare, y al afligido que no tuviere quién le socorra. Tendrá misericordia del pobre y del menesteroso, y salvará la vida de los pobres. De engaño y de violencia redimirá sus almas, y la sangre de ellos será preciosa ante sus ojos" (vs. 11-14).

"Bendito el Eterno Dios, el Dios de Israel, el Único que hace maravillas. Bendito su nombre glorioso para siempre, y toda la Tierra sea llena de su gloria. Amén y amén" (vs. 18-19).

He aquí la descripción perfecta de "el Deseado de todas las naciones".

MÁS ARTÍCULOS DE ESTA EDICIÓN

Mostrar todos