¿La maternidad en crisis?

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Nuestras naciones se encuentran en medio de una crisis cultural y moral. Si usted es madre, ¿qué puede hacer para proteger a sus hijos de las calamidades que se avecinan? Millones de familias en el mundo celebran cada año el Día de la Madre. Los países, quizá en diferentes fechas, rinden así tributo a las madres por su carácter amable y amoroso y por los sacrificios que ellas hacen por sus hijos y sus familias.


Sin duda, debemos agradecer a nuestras madres, y a las madres de nuestros hijos, por el amor y apoyo que ellas brindan toda su vida. Estamos en una época de crisis en que el papel de cada madre cobra una importancia vital. Muchos países se hallan en una encrucijada, con cifras de divorcios sin precedentes y manifestaciones de inmoralidad por doquier. El crimen y el consumo de narcóticos son rampantes. Las perversiones sexuales no solamente corroen el carácter de las naciones sino que se extienden cada vez más. La moral y la religión han perdido sentido para millones de personas.

¿Qué importancia tiene todo esto? La profecía bíblica muestra que nuestras naciones sufrirán el derrumbe total de la sociedad si no nos arrepentimos. Jesucristo predijo que el peor período de guerra en la historia universal se presentaría inmediatamente antes de su regreso a la Tierra: "Porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá" (Mateo 24:21). El profeta Jeremías advirtió que este período sería tan espantoso "que no hay otro semejante a él; tiempo de angustia para Jacob" (Jeremías 30:7). Para corregir nuestro rumbo actual, tiene que producirse un cambio drástico en nuestras actitudes hacia Dios y hacia la religión auténtica de la Biblia.

El papel del padre es crucial y jamás puede subestimarse. Pero tampoco podemos subestimar el papel de la madre, quien ejerce un efecto único y decisivo sobre el crecimiento y desarrollo espiritual de sus hijos. Muchos grandes líderes han destacado la importancia de una madre sabia y amorosa. El inventor Thomas Edison, por ejemplo, honró a su madre, diciendo: "Mi madre fue quien me formó".

El papel de la madre siempre ha sido importante, pero lo es aún más cuando falta la influencia del padre. Esta es la triste situación de millones de niños en nuestros países hoy.

¿Catástrofe en el horizonte?

Una de las primeras personas que pidió celebrar un Día de la Madre fue la norteamericana Julia Ward Howe. En 1870, escribió una proclama sobre el "Día de la Madre" en que destacaba la causa de las madres que habían perdido esposo e hijos en las guerras de mediados del siglo 19.

Aunque los varones han sido quienes históricamente han llevado la carga de la guerra, esta también tiene un efecto tremendo sobre las madres y los niños. En la Segunda Guerra Mundial, familias enteras murieron en los campos de concentración nazis. À los seres humanos los acorralaban en vagones de ferrocarril, los humillaban, los deshumanizaban y finalmente los exterminaban.

En una guerra, se vuelven de rutina cosas que en otros momentos serían casi impensables. Las Sagradas Escrituras describen el efecto deshumanizante de la guerra sobre los padres y madres desesperados. Es así como advirtió Moisés a los israelitas: "Y comerás el fruto de tu vientre, la carne de tus hijos y de tus hijas que el Eterno tu Dios te dio, en el sitio y en el apuro con que te angustiará tu enemigo. (Deuteronomio 28:53). La historia también nos dice que algunos padres y madres mataron y consumieron a sus hijos durante el sitio romano de Jerusalén en el año 70 después de Cristo. ¿Es aquello impensable en nuestros días? Pregúntese: ¿Cuántos millones de personas refinadas y "esclarecidas" en la sociedad aceptan el asesinato de niños que aún no han nacido simplemente para facilitar la vida de los padres?

Los padres deben comprender que sin Dios, sus hijos y familias podrán tener sufrimientos increíbles. Moisés consignó esta advertencia de Dios: "Si anduviereis conmigo en oposición, y no me quisiereis oír, yo añadiré sobre vosotros siete veces más plagas según vuestros pecados. Enviaré también contra vosotros bestias fieras que os arrebaten vuestros hijos, y destruyan vuestro ganado, y os reduzcan en número, y vuestros caminos sean desiertos" (Levítico 26:21-22).

À las madres, naturalmente, les interesa el rumbo de nuestros países. Una madre piadosa quiere solamente lo mejor para su familia. Le importa el futuro de su comunidad porque este afectará directamente el futuro de sus hijos.

¿Qué puede hacer una madre para proteger a sus hijos y prepararlos para un futuro feliz y de éxito?

Enseñe a los hijos a andar con Dios

Si nuestras naciones no se arrepienten total y masivamente y si no se vuelcan a Dios, será inevitable para ellas un final aterrador. Ahora bien ¿acaso los hijos sabrán hacerlo si nadie les enseña?

Una de las obligaciones principales de una madre es instruir a sus hijos en la adoración al Dios verdadero. Dice el Dr. Jeffrey Fall en su libro La buena crianza de los hijos: "Para los padres cristianos, la meta primordial es darles a los hijos un fundamento cuando son pequeños y receptivos, de tal modo que siempre deseen buscar a Dios como su Padre" (p. 2). Moisés les dijo a los israelitas: "las repetirás [las palabras de Dios] a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes" (Deuteronomio 6:7).

Tristemente, muchas madres, y padres también, han olvidado este papel que Dios les otorgó. La maternidad no es solamente proveer experiencias recreativas y educativas para los hijos, sino que incluye principalmente inculcar principios morales y espirituales en la próxima generación.

La Biblia muestra que una generación logrará prosperar solamente si los padres le brindan enseñanza religiosa con dedicación y convencimiento. Por eso está escrito: "Escucha, pueblo mío, mi ley… No las encubriremos a sus hijos, contando a la generación venidera las alabanzas del Eterno… Para que lo sepa la generación venidera, y los hijos que nacerán; y los que se levantarán lo cuenten a sus hijos, a fin de que pongan en Dios su confianza, y no se olviden de las obras de Dios; que guarden sus mandamientos" (Salmo 78:1-2, 4-7).

Si usted quiere que sus hijos se salven de las catástrofes que vienen, y que se preparen a la vez para el Reino de Dios, pregúntese: ¿Estoy dando yo el ejemplo? ¿Estoy llevando una vida auténticamente cristiana? El Dr. James Dobson escribe: "Si la salvación de nuestros hijos realmente es tan vital para nosotros, entonces nuestra instrucción espiritual debe comenzar antes que ellos comprendan siquiera de qué se trata. Ellos deben crecer viendo a sus padres de rodillas ante Dios, hablando con Él. À esa edad aprenden rápidamente y jamás olvidarán lo que han visto y oído" (Educar hijos no es para cobardes, p. 104).

No obstante, muchas mujeres piensan, erróneamente, que "su verdadero valor está en la maternidad y no en su relación con Dios". Ese es un error. Si una madre desea formar hijos piadosos, su primera prioridad es ser una madre piadosa, una que ejerce el cristianismo y camina con Dios en su vida personal.

Dios promete bendiciones a quienes lo obedecen de todo corazón. En Deuteronomio 6, Moisés le advirtió a Israel "que temas a el Eterno tu Dios, guardando todos sus estatutos y sus mandamientos que yo te mando, tú, tu hijo, y el hijo de tu hijo, todos los días de tu vida, para que tus días sean prolongados" (v. 2). Si usted desea que sus hijos prosperen y se vayan superando cada día, enséñeles a poner los ojos en Dios y a seguirlo a Él toda la vida.

Enseñe a los hijos a respetar a su padre

En nuestra sociedad, donde cada vez el padre se ausenta más de la familia, muchos hijos sencillamente no tienen una relación seria con un padre. Pero una positiva relación con el padre es fundamental para el crecimiento y desarrollo sano de un niño. También es la base para la relación de ese niño con su Padre Eterno, Dios.

Si usted es madre, ¿les está enseñando a sus hijos a respetar a su padre? La madre puede cumplir la tarea de volver el corazón de sus hijos a su Padre Celestial así como a su padre terrenal. Ahora bien, si usted como esposa siente que no puede respetar a su marido, ¿entonces qué? ¿Y si no le parece que él sea digno de admiración? Dobson señala: "Usted como madre tiene la clave para la relación entre sus hijos [o hijas] y el padre de ellos. Si usted manifiesta respeto por él como hombre, ellos se inclinarán más a admirarlo e imitarlo. Si a usted le parece que él es un débil o un tonto o un para nada, esas actitudes se traducirán directamente a la interacción de los niños con él" (Crianza de los varones, p. 94). ¿Da usted un ejemplo que les ayuda a sus hijos a respetar a su padre, pese a sus flaquezas humanas?

El apóstol Pablo escribió: "Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra" (Efesios 6:1-3). Muchos padres y madres hoy temen exigir la obediencia y honra de parte de sus hijos. Muchas técnicas de crianza infantil promueven solamente la tolerancia y la "auto-expresión" de parte de los jóvenes, así como el cultivar su amor propio. À los padres se les hace sentir egoístas y ocupados en su interés personal si exigen el respeto y obediencia de sus hijos. Pero Dios quiere que los niños aprendan a tener dominio propio, piedad y que crezcan a su imagen. Como bien lo dijo el apóstol Pablo, honrar y acatar a los padres es uno de los diez mandamientos. Y es un mandamiento que lleva consigo la promesa de una vida larga y abundante.

¿Y si el suyo es un hogar con grandes problemas? Busque la reconciliación si hay alguna posibilidad de lograrla. Esfuércese por resolver sus discrepancias. Un matrimonio, aunque sea imperfecto, pero formado por un padre y una madre suele ser mejor para todos que la separación y el divorcio. Los investigadores Pablo Amato y Alan Booth llegaron a la conclusión de que "Solamente en la tercera parte de los matrimonios son tan disfuncionales que el divorcio convendría a los hijos. En los restantes casos, aproximadamente el 70 por ciento, las uniones con un bajo grado de conflicto, hacen menos daño a los hijos que la realidad del divorcio" ("Dos padres, aunque infelices, son mejores", Today, 7 de enero de 1998).

¿Y si usted es madre soltera o separada? No procure incitar a sus hijos contra el padre. Enséñeles a respetarlo hasta donde sea posible. Esto no significa tolerar su mal comportamiento sino enseñarles a respetarlo como un ser humano, igual que ellos. Aunque el padre se haya ausentado del todo, o si es enteramente inútil como ejemplo, usted puede enseñarles a respetar a otras figuras masculinas de autoridad. Esto les dará mayor seguridad al abrirse paso por la vida y echará los cimientos para una relación con su Padre Celestial. Les ayudará a llegar al arrepentimiento en su propia relación con Dios. Así, se les ahorraría grandes sufrimientos en los años por venir (Proverbios 30:17).

Edifique su hogar

Como fundamento para que los hijos aprendan a honrar a Dios y respetar a sus padres, es responsabilidad especial de la madre hacer de su casa un hogar. Por eso leemos: "La mujer sabia edifica su casa; mas la necia con sus manos la derriba" (Proverbios 14:1). ¿Está usted edificando una vida hogareña de paz, tranquilidad y felicidad, donde los hijos pueden crecer en un medio que los protege y los cultiva?

Proverbios 31 describe a una madre que se esfuerza por construir un hogar pacífico y piadoso. No es una "supermadre" idealizada pero sí una mujer que ejerce el máximo las aptitudes que Dios le dio. Teme a Dios (v. 30), respeta a su marido y este a su vez confía en ella (vv. 11-12), provee ropa y alimento para su familia (vv. 13-15, 21-22), cuida la lengua y habla con bondad (v. 26). La maternidad piadosa no es un ideal inalcanzable sino que debe ser la meta de toda madre que busca seguir a Dios.

En nuestro mundo moderno, el "hogar" frecuentemente se reduce a un edificio donde duermen personas emparentadas, donde hay escasa interacción entre los miembros de una familia. La televisión y el Internet consumen buena parte del tiempo de los adultos en el hogar. Los hijos han imitado este ejemplo en su propia vida, pasando cada vez más tiempo delante de una pantalla de computador, de televisión o de video.

Como madre, usted tiene una oportunidad especial de fomentar la interacción entre los miembros de su familia… de edificar su hogar por medio de los verdaderos lazos familiares. ¿Cómo lograrlo? ¿Hay una clave sencilla?

Coman juntos. Es un paso sencillo pero de amplios resultados, uno que le ayudará a preparar a sus hijos para enfrentar el futuro con valentía. Estudios estadísticos demuestran la eficiencia de esta práctica. En las familias donde impera la costumbre de comer juntos los hijos son menos propensos a la depresión, a las drogas y a la delincuencia. Les va mejor en la escuela y se rodean de amigos del mismo sentir.

Una madre también puede facilitar la comunicación en el seno familiar. El Dr. Dobson ofrece este consejo: "Permítanme instar a las madres a que hablen periódicamente con sus hijos varones (y desde luego, con cada miembro de la familia). Es una destreza que se puede enseñar. Esfuércese mucho por mantener las líneas de comunicación abiertas y despejadas. Explore lo que piensan y sienten sus hijos y su esposo… Cuando note que se está formando un espíritu cerrado, no deje pasar un día más sin sacar a luz los sentimientos ocultos. Es el primer principio de una vida familiar sana" (op. cit., p. 96). No permita que su casa se convierta en un simple punto adonde van y vienen los miembros de la familia. Sea catalizadora de una comunicación auténtica, y de este modo les ayudará a convertirse en jóvenes adultos fuertes y firmes.

En la sociedad moderna, la maternidad se encuentra subestimada y demasiado romantizada. No debe ser ni lo uno ni lo otro. Se trata simplemente del papel que Dios dispuso para asegurar que se transmitieran las verdades y los principios correctos y que los hijos se criaran en un medio donde pudieran desarrollar un carácter como el que Dios desea (Malaquías 2:15). Lamentablemente, la sociedad moderna no siempre apoya a las madres que desean ser "cuidadosas de su casa" (Tito 2:5). Muchos acuerdan que tratar al hombre con atención y respeto está muy bien visto, siempre y cuando el varón sea el jefe en tu oficina y no tu esposo; atender niños sería incluso un servicio heroico, merecedor de un premio presidencial, siempre y cuando los hijos sean de otros y no los propios. Cada vez son menos las madres que les enseñan a sus hijas jóvenes a manejar una casa. Alguien dijo, "¿quién tiene tiempo para aprender a manejar una casa, especialmente cuando uno no espera pasar mucho tiempo en ella?

En un mundo que parece ir de crisis en crisis, las madres tienen el privilegio especial de crear un lugar de paz para los miembros de la familia aquejados por tensiones. Lo pueden hacer si convierten su hogar en un lugar cálido, que invita a entrar y estar allí. Las madres pueden promover un medio donde los miembros de la familia aprenden a comunicarse con constancia, respeto y cortesía. Pueden ayudar a sus hijos a aprender moral, a hablar de los caminos de Dios y a manejar la vida correctamente.

El apóstol Pablo nos advirtió que hacia el final de la era actual, los padres cristianos tendrían que nadar contra la corriente de una sociedad caracterizada por seres "amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios" (2 Timoteo 3:2-4). Es mucho lo que pueden hacer las madres hoy para que sus hijos no caigan en semejante situación.

¿Pueden las madres hacer algo significativo en nuestra sociedad? Sus esfuerzos en el hogar quizá no logren salvar al mundo, pero pueden salvar a su familia. Apoyar y guiar a los niños, enseñarles a obedecer a Dios y a respetar a sus padres encamina a los hijos hacia una vida adulta feliz y piadosa, y quizás los salve de ser destruidos junto con una generación desorientada y pecadora (Proverbios 23:13-14). Sí, madres, en estos tiempos de crisis ¡ustedes sí pueden marcar una diferencia!

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