¡Las anguilas se drogan en Gran Bretaña!

Díganos lo que piensa de este artículo

Nuevas investigaciones muestran que: "la cocaína arrojada en los ríos hace que las anguilas, críticamente en peligro de extinción, se vuelvan ‘hiperactivas’ y amenaza su supervivencia” (The Independent, 20 de junio de 2018). El cuerpo humano no metaboliza todas las drogas que ingiere. Por lo que los residuos de drogas como la “cocaína, anfetaminas y éxtasis [se han introducido en] lagos y ríos europeos, incluido el Támesis”. Estas drogas sobreviven a las plantas de tratamiento de aguas residuales y terminan en el medio ambiente y no se tiene conocimiento de sus efectos a largo plazo. La investigación de la Universidad de Nápoles mostró que incluso en bajos niveles de agua contaminada con cocaína: “el músculo esquelético de las anguilas mostró evidencia de lesiones graves, incluyendo ruptura e hinchazón muscular, que no sanaban después de 10 días de haber sido sacadas de las aguas contaminadas con la droga”. Estos resultados plantean otras preguntas: ¿Cómo afectará este residuo de drogas a los peces? ¿Qué hay de los peces que luego son consumidos por los humanos, o con el agua potable que se toma de los lagos y ríos contaminados?

Lamentablemente, muchas actividades humanas tienen impactos no deseados a largo plazo en el mundo natural. El profeta Oseas predijo un tiempo cuando las criaturas de esta Tierra estarían en peligro (Oseas 4:1-3), y el apóstol Pablo lamentó: “toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora” (Romanos 8:22). Sin embargo, Pablo también vio un futuro más brillante por delante cuando escribió: “porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios” (v. 21). La humanidad, al poner deseos egoístas ante todo lo demás, ha sido una pobre administradora de la creación de Dios. Sin embargo, la Biblia revela que un día la creación, incluyendo las aguas de la Tierra, recibirá sanidad (Ezequiel 47:8-9). Para más información sobre este emocionante futuro, lean “El agua, cuestión de vida o muerte”. —Scott Winnail y Francine Prater