Anarquía en Haití

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En julio, el presidente de Haití, Jovenel Moïse, fue asesinado (Reuters, 27 de octubre de 2021). El primer ministro Claude Joseph intervino para dirigir el país en su lugar, pero renunció bajo presión, dando lugar a Ariel Henry, de 71 años, quien había sido seleccionado por Moïse como futuro primer ministro solo dos días antes del asesinato (NPR, 19 de julio de 2021). Sin embargo, desde el nombramiento de Henry, su gobierno y su nación han sido tomados como rehenes por las pandillas haitianas.

“La coalición de pandillas G9 lleva casi un mes impidiendo que los camiones lleguen a la terminal de combustible de Varreux, a las afueras de Puerto Príncipe, lo que ha provocado una escasez que ha obligado a hospitales, empresas y escuelas a limitar sus operaciones” (Reuters, 12 de noviembre de 2021). Su líder, Jimmy “Barbacoa” Cherizier, ha declarado públicamente que quiere que el primer ministro sea destituido y lo ha acusado del asesinato de Jovenel Moïse. En respuesta, el primer ministro ha dicho que no negociará con delincuentes. Canadá está retirando al personal no esencial de su embajada y la semana pasada Estados Unidos recomendó a sus ciudadanos abandonar Haití. La anarquía parece estar en marcha.

La situación en Haití es peligrosa y delicada, pero lamentablemente no es nueva. La nación tiene una larga lista de golpes violentos. Haití es una nación con un tremendo potencial y con una ciudadanía amable y hospitalaria. Sin embargo, los dirigentes interesados ​​solo en sí mismos y la falta de respeto por el estado de derecho, han sido durante mucho tiempo una carga pesada alrededor de su cuello. Los problemas actuales en Haití son solo un ejemplo más de la necesidad de que Jesucristo regrese como el Salvador de este mundo para traer paz y justicia a sus pueblos atribulados (Isaías 9:6–7). Para más información sobre el impacto que el gobierno de Cristo tendrá en Haití y en muchas otras naciones de la Tierra, lean El maravilloso mundo de mañana.