Cena familiar con sus hijos

Díganos lo que piensa de este artículo

En 2001, el Centro Nacional sobre Adicciones y Abuso de Sustancias de la Universidad de Columbia (CASA) inició la celebración del “Día de la Familia: un día para cenar con sus hijos”. Las investigaciones de CASA muestran que “cuanto más a menudo cenan los hijos con sus familias, menos probabilidades hay de que fumen, beban o consuman otras drogas”, como explica Kathleen B. Ferrigno, directora de mercadeo de CASA.

Como todas las madres se dan cuenta, las cenas familiares brindan una variedad de oportunidades para que las madres enseñen, interactúen y alienten a sus hijos. Cuando una madre involucra a sus hijos en la planificación y preparación de las comidas (¡y está bien que papá también ayude!), los ayudantes se dan cuenta rápidamente de que una comida nutritiva y bien presentada no aparece como arte de magia en la mesa. Los niños aprenden que mamá trabaja duro para proporcionar las comidas, dedicando tiempo para comprar los mejores ingredientes y preparando recetas especiales que todos disfrutan. Incluir a los niños en la preparación de las comidas les enseña todo, desde cómo poner la mesa hasta cómo mantenerse dentro del presupuesto familiar.

Pero cenar juntos implica mucho más que el esfuerzo físico que se requiere para preparar las comidas. Como señala Ferrigno, los niños se benefician del tiempo en familia de muchas maneras. La investigación de CASA debería ayudar a todas las madres a ver el valor de pasar más tiempo con sus hijos, ya sea durante la hora de la cena o en otros momentos del día. Durante este difícil período de nuestra economía, muchas familias están luchando, con mamá e incluso los niños trabajando medio tiempo o tiempo completo para ayudar a papá a completar lo necesario para el mes. En un entorno así, programar una hora de cena familiar puede ser un desafío, pero vale la pena.

Una familia que acepta el desafío de comer juntos de manera regular pronto descubre que los niños tienen mucho que decir que de otra manera podría pasar desapercibido. Cuando las madres escuchan a sus hijos describir sus experiencias en la escuela, obtienen una ventana más amplia al entorno diario de sus hijos, incluidas las amenazas o peligros que podrían estar presentes allí. Comer juntos proporciona a toda la familia un lugar relajante y propicio para una conversación estimulante. No solo llegaremos a conocer a nuestros hijos más íntimamente, sino que también los ayudaremos a entender mejor cómo se sienten. Nuestros hijos tendrán la oportunidad de hacer preguntas sobre una variedad de temas que pueden haber estado pensando. En la mesa se pueden enseñar lecciones importantes sobre Dios y Su plan para todos nosotros. Los niños aprenden valores familiares cuando ven a la familia interactuar de una manera tan positiva. La hora de la comida puede convertirse en un momento que toda la familia espera con ansias, y como madres tenemos una responsabilidad especial y una oportunidad de hacer que este momento importante sea especial.

Nuestros hijos son uno de los regalos más preciosos que Dios nos da. Hace años, comer juntos como familia era un ritual que la mayoría de las personas practicaban. Todos tenemos recuerdos de comer juntos en ocasiones familiares especiales, por lo que sabemos por experiencia que los vínculos desarrollados alrededor de la mesa de la cena familiar durarán toda la vida. Si es posible, haga que cada día sea un Día de la Familia y comience una tradición en su familia que producirá beneficios duraderos en los años venideros.