¿Es usted como Dalila?

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Como mujeres que a menudo nos encontramos demasiado ocupadas con los deberes en el lugar de trabajo y en el hogar, debemos preguntarnos: ¿mantenemos nuestras prioridades en orden? ¿Estamos poniendo a Dios primero, y después a nuestros esposos, familias, nuestros amigos y nuestro propio bienestar? Leamos Proverbios 31:10–31 y Efesios 5:22–33.

En la película Mi gran boda griega uno de los personajes observa: “El hombre es la cabeza [de la casa], pero la mujer es el cuello. Y puede mover la cabeza de la manera que quiera”. Esto ciertamente puede ser cierto en muchas relaciones matrimoniales, e incluso puede conducir a la falta de armonía. Con frecuencia, las esposas somos plenamente conscientes de nuestra capacidad para usar nuestros ojos y manipular las conversaciones para obtener lo que queremos, "culpando" a nuestros esposos para que se retraigan en algún asunto.

Sin embargo, la Biblia nos enseña a no ser manipuladoras de nuestros esposos (o de cualquier otra persona), ni tampoco debe ser "todo acerca de nosotras". Necesitamos entender que la sumisión a nuestros esposos no es debilidad. Aunque el término "sumisa" en algunos contextos ha adquirido una connotación fuertemente negativa, esta no era la intención de Dios en absoluto. Dios pretendía un equilibrio en la vida entre esposo y esposa.

En Jueces 16, leemos la historia de Sansón y Dalila. Dalila usó estos mismos trucos para obtener el secreto de la gran fuerza de Sansón. Los versículos 15 y 16 captan a Dalila manipulando a Sansón para obtener lo que quería. Finalmente se enteró de su secreto y lo vendió a los filisteos, lo que finalmente condujo a su muerte. Lo más probable es que lo que deseamos no conduzca a la pérdida de la vista ni a la muerte de su esposo, pero la manipulación y el acoso son igualmente indeseables.

Podemos ser súper mamás y súper esposas, pero sin la presión, ni el abuso de poder que la sociedad secular moderna suele esperar de nosotras. "Morderse la lengua" puede ser más fácil decirlo que hacerlo, especialmente en nuestros propios hogares. Necesitamos recordar que nosotras, como esposas, tenemos nuestros roles y que nuestros esposos tienen los suyos. Esa es la intención de Dios. Juntos, cuando las dos mitades soportan su peso, la vida puede funcionar maravillosamente, unificada y equilibrada.

Con la actitud correcta y la comunicación respetuosa, seamos mujeres como el cuello que sostiene la cabeza, manteniéndola estable, sin tratar de "girar la cabeza hacia el lado que queremos". No hacer pucheros, ni dar cantaleta. No tratemos de forzar el trabajo de nuestros esposos haciendo una demostración exagerada de agotamiento al final del día. Recuerde, si su esposo está cumpliendo sus labores, al igual que usted, es probable que esté tan agotado como usted al final de su ocupado día de trabajo.

¿Se siente estresada, incluso abrumada? Deténgase, haga una oración y tómese el tiempo para recordar lo que Dios nos pide a cada una de nosotras. Ponga a su esposo antes que a usted misma. Intente felicitarlo en lugar de regañar o desahogarse. Y pregúntese, para hacer eco de Efesios 5:33, "¿Le he dicho a mi esposo hoy que lo amo y lo respeto?".

A pesar de todo, debemos recordar la promesa del Reino de Dios, que se puede obtener si obedecemos el deseo de Dios para nosotras como esposas. Cuando estamos cansadas ​​o sin recursos económicos, nuestra meta de agradar a Dios debe estar en primer plano. ¡Recordemos esa meta diariamente mientras nos esforzamos por seguir motivadas en todo lo que hacemos por nuestros esposos, nuestras familias y todos aquellos a quienes servimos!