¡Se avecina un gobierno mundial!

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La asombrosa verdad del mensaje de Jesús ¡ya no seguirá oculto! Usted necesita entender la realidad de las profecías divinas, ¡y su significado especial para nosotros hoy! ¡En todo el mundo hay gobiernos en caos! Tal parece que nadie tiene la solución para traer paz y prosperidad a los pueblos. ¿Qué podemos hacer?


Hay quienes buscan la solución en un gobierno mundial. La Organización de las Naciones Unidas, como la fracasada Sociedad de Naciones que la antecedió, se formó como medio para reunir a todos los países en armonía bajo una ley común. Pero casi todos están de acuerdo en que las Naciones Unidas han fracasado. Casi nadie toma a esta organización en serio.

¿Podrán las religiones del mundo traer un gobierno mundial? Millares de extremistas musulmanes piensan que mediante la guerra y el terrorismo, el mundo entero puede llegar a convertirse en el Dar-al-Islam, la "tierra de Islam". Pero incluso los propios religiosos tienen enormes diferencias entre sí en casi todo. Hay decenas de sectas musulmanas en competencia y centenares de centenares de grupos "cristianos" con conceptos muy divergentes sobre la "unidad mundial". Con tantos mensajes contradictorios, ¿acaso es importante en nuestra era moderna qué mensaje acabemos por creer?

Muchos predicadores dicen: "Basta creer en el nombre del Señor Jesucristo y serás salvo". Lo que usted crea sobre Cristo y su mensaje no es tan importante, dirán. Lo importante, agregan, es creer en Jesús y amar a la persona de Jesús.

¿Qué se puede decir al respecto? ¿Es importante creer el mismo mensaje que Jesucristo predicó? ¿Acaso no predicó ningún mensaje específico? ¿Fue su mensaje tan amplio que da lugar a la enorme serie de ideas y tradiciones contradictorias que hoy abundan en la Tierra?

La advertencia bíblica

La respuesta bíblica a esa pregunta se encuentra en el primer capítulo de la epístola de Pablo a los cristianos en Galacia. El apóstol de Cristo se sintió alarmado de que esta gente ya estuviera desviándose, no de utilizar el nombre de Cristo ¡sino de su mensaje! "Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo" (Gálatas 1:6–7).

Observen que la alarma de Pablo se debía a que la gente estaba pervirtiendo la verdad acerca del mensaje de Cristo. Prosigue: "Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema". Más adelante Pablo repite la denuncia con esta maldición doble: "Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema" (v. 8–9). En la mente del apóstol Pablo, había un solo evangelio verdadero. Cualquier otro evangelio ¡era una falsificación que exigía la maldición por parte de una autoridad apostólica!

¿Cuál era este evangelio verdadero que Pablo procuraba conservar en su estado puro? ¿Cuál fue la verdad que Dios envió al mundo por medio de su Hijo Jesucristo.

Cristo fue un mensajero

Cristo vino a la Tierra con un mensaje de Dios Padre ¡que resolvería los problemas de esta última generación en la Tierra! Notemos la profecía en el libro de Malaquías, que se refiere a la primera venida de Cristo. "He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho el Eterno de los ejércitos" (Malaquías 3:1).

De hecho, vemos aquí a Cristo, como Logos o Vocero del Antiguo Testamento, diciendo que Él enviaría un mensajero primero, el cual prepararía el camino para Él. ¡Cristo sería el mensajero del pacto! En Hechos 10 encontramos una descripción de ese mensaje tal como se predicó originalmente a los cristianos de las naciones gentiles. La primera parte del capítulo muestra cómo fue escogido Cornelio como el primer gentil que recibiría el evangelio de Cristo. Vemos a Dios enviando a Pedro a la casa de Cornelio para llevarle la verdad divina. "Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia" (Hechos 10:34–35). Aquí Pedro reconoce que ahora Dios está llamando a los gentiles a aquella misma verdad que se dio a los judíos desde el día de Pentecostés.

El apóstol prosigue: "Dios envió mensaje a los hijos de Israel, anunciando el evangelio de la paz por medio de Jesucristo; éste es Señor de todos. Vosotros sabéis lo que se divulgó por toda Judea, comenzando desde Galilea, después del bautismo que predicó Juan" (vs. 36–37). Inspirado directamente por Dios para que llegara a ese primer cristiano entre los gentiles, Pedro se refiere de inmediato a la verdad como la palabra de Dios enviada a Israel por medio de Jesucristo, comenzando en Galilea luego de la predicación de Juan el Bautista.

Pedro se refirió a ese mensaje diciendo que era tanto para Israel como para los gentiles. ¡Era el mensaje de Dios para toda la humanidad!

El mensaje que Jesucristo trajo

¿Cuál fue el mensaje de Cristo, y cómo y dónde lo proclamó? Leamos: "Después que Juan fue encarcelado [este era el cuándo], Jesús [este es el mensajero] vino a Galilea [el dónde], predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio" (Marcos 1:14–15).

Aquí encontramos al verdadero Mensajero, así como el tiempo y el lugar. Y aquí encontramos también ¡el verdadero mensaje de Dios! Es la buena noticia, o evangelio, del Reino de Dios. Se trata de la feliz noticia sobre el reinado de Dios, su gobierno que finalmente traerá paz a toda la Tierra.

Este evangelio verdadero no es un evangelio del hombre acerca de la persona de Cristo. Es el mensaje de Cristo. Es el mensaje que Él trajo, proveniente del Padre, acerca del futuro gobierno de Dios, o Reino de Dios, en la Tierra. ¡Es esencial que usted crea y obedezca este mensaje! Jesús dijo: "El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero" (Juan 12:48). Por tanto, Jesús dijo que usted será juzgado por su palabra, es decir, ¡por su mensaje! Jesucristo siempre enseñaba sobre el Reino de Dios. Lucas consigna este hecho: "Aconteció después, que Jesús iba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce con él" (Lucas 8:1).

Aun las parábolas de Jesús se referían todas al Reino de Dios. "Sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Qué significa esta parábola? Y él dijo: À vosotros os es dado conocer los misterios del reino de Dios; pero a los otros por parábolas, para que viendo no vean, y oyendo no entiendan" (Lucas 8:9–10). Visto que Jesucristo y todos los apóstoles y profetas hablaban del Reino de Dios constantemente, es importante que nosotros entendamos qué es un reino.

¿Qué es un reino?

Todo reino comprende cuatro elementos. Primero, hay un rey o agente que gobierna. Segundo, hay un territorio sobre el cual se extiende el dominio del reino. Tercero, en todo reino hay súbditos o ciudadanos. Cuarto, todo reino tiene que tener leyes y una forma de gobierno.

Es así como está organizado el Reino de Dios. Isaías revela quién será el rey o agente gobernante en el futuro gobierno mundial. "Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces. Y reposará sobre él el Espíritu del Eterno… No juzgará según la vista de sus ojos… sino que juzgará con justicia a los pobres… herirá la tierra con la vara de su boca, y con el espíritu de sus labios matará al impío" (Isaías 11:1–4). Esta es una profecía bien conocida, en la cual se afirma que Cristo, descendiente de Isaí por medio de David, será el rey sobre toda la Tierra cuando venga por segunda vez.

Antes del nacimiento humano de Jesús, un ángel pronunció esta profecía acerca de su reinado futuro: "Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin" (Lucas 1:32–33). Cristo va a reinar en el trono de David. ¡Y ese trono se encuentra en la Tierra hoy! La profecía dice que reinará sobre la casa de Jacob, o sea Israel. ¡Estos son seres humanos aquí en la Tierra! Si usted no entiende la identidad nacional del Israel moderno, lo invitamos a pedir nuestra publicación gratuita sobre los Estados Unidos y Gran Bretaña en profecía.

Así es: pronto vendrá un gobierno mundial ¡con Jesucristo como su divino soberano! El apóstol Juan describió así uno de los acontecimientos más impresionantes de toda la historia: "El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos" (Apocalipsis 11:15). ¡Cristo nos mostrará cómo tener paz en la Tierra! ¡Esta es la única manera como lograremos tener paz!

El gobierno de Dios en la tierra

Habiendo demostrado que Cristo es el Rey de aquel próximo Reino de Dios, pasemos ahora a ver dónde estará situado dicho Reino. ¿Notó usted en el pasaje anterior que "los reinos del mundo" serán gobernados por Cristo?

Esta afirmación está respaldada por Daniel 2:44, que es el final de la profecía de Daniel sobre cuatro grandes reinos mundiales que dominarían el mundo occidental. Como bien lo reconocen casi todos los estudiosos de la Biblia, el cuarto reino allí mencionado es el Imperio Romano, el cual, en sus diversas formas renovadas, se impondrá hasta el fin de esta era. "Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre". Esto indica claramente que el Reino de Dios estará en la Tierra, pues aquí Cristo, la "Piedra " (v. 45) habrá aplastado los demás reinos para establecer el gobierno de Dios.

La descripción de Isaías muestra que el Reino se situará en la Tierra. "No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte [reino], porque la tierra" (Isaías 11:9). será llena del conocimiento de el Eterno, como las aguas cubren el mar

Quizá usted haya reparado ya en que los súbditos o ciudadanos del Reino de Dios serán seres humanos físicos… ¡los que quedarán con vida en la Tierra! Isaías 11:10 habla de Cristo como la "raíz de Isaí" y dice que "será buscada por las gentes". Vemos, pues, que aun las naciones gentiles serán gobernadas por Cristo en la Tierra. Ahora prosigamos a partir del versículo 11: "Asimismo acontecerá en aquel tiempo, que el Eterno alzará otra vez su mano para recobrar el remanente de su pueblo que aún quede en Asiria, Egipto… y juntará los desterrados de Israel, y reunirá los esparcidos de Judá de los cuatro confines de la tierra".

Este será un glorioso momento en que Dios reunirá a los pueblos israelitas, quienes regresarán del cautiverio a la segunda venida de Cristo. Entonces aprenderán a entender y apreciar el gobierno de Dios, sus leyes, su gobierno ¡y su camino de vida! ¡Será un mundo realmente extraordinario.

Las leyes del reino de Dios

Solamente Dios sabe el camino a la paz y la felicidad! Él revela este camino desde el comienzo de Génesis hasta el final de Apocalipsis. No siempre concuerda con el camino que "parece derecho" al hombre, pero es el único camino para la paz verdadera en la Tierra.

En las profecías bíblicas, Dios muestra que su Reino será gobernado por el camino que se basa en su ley. Leamos la descripción inspirada que da el profeta Isaías del Reino de Dios y su administración en la Tierra: "Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte de el Eterno, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sión saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de el Eterno" (Isaías 2:3).

Sí, ¡Dios gobierna conforme a su ley! Los principios espirituales de los diez mandamientos son el camino a la paz y la felicidad y a todo lo que este mundo anhela. No obstante, hoy la gente ¡corre a alejarse de ese camino a toda velocidad!

Cuando Cristo regrese, le será preciso reprender primero a las naciones del mundo para enseñarles a valorar su camino y su ley. "Y juzgará entre las naciones, y reprenderá a muchos pueblos; y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra" (v. 4). Como Rey de reyes, Cristo tendrá que amonestar a las naciones y enseñarles el camino a la paz. Tendrá que enseñarles las leyes divinas, que son las que traen paz.

Mucha gente vive con la impresión errada de que el Nuevo Pacto puso fin a la ley de Dios. Por el contrario, al describir estos hechos que se desarrollarán cuando Cristo regrese y establezca al Reino de Dios, las profecías revelan que la ley divina es la base misma del Nuevo Pacto y del acuerdo entre Cristo y el Israel físico. Al mismo tiempo, es la base de aquel pacto que Cristo hace con cada cristiano, de cualquier nación que sea, en el momento en qué este se convierte. "Después de aquellos días, dice el Eterno: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo" (Jeremías 31:33, Hebreos 8:10 y 10:16).

El hombre no puede encontrar la paz mientras no haya una transformación de la naturaleza humana. La ley de Dios revela la naturaleza y el carácter de Dios. Cuando Cristo esté nuevamente en la Tierra, convirtiendo a todas las naciones, Él escribirá su ley en la mente y el corazón de la gente. De este modo, ¡dicha ley se convertirá en parte de la naturaleza de los hombres! ¡Entonces conocerán el camino a la paz! ¡Y a la felicidad! ¡Y a la alegría! El propio Jesucristo reveló que la ley de Dios es el fundamento de su Reino, cuando dijo: "La ley y los profetas eran hasta Juan; desde entonces el reino de Dios es anunciado, y todos se esfuerzan por entrar en él. Pero más fácil es que pasen el cielo y la tierra, que se frustre una tilde de la ley" (Lucas 16:16–17). Aquí vemos una clara afirmación de Jesús en el sentido de que la ley de Dios ¡es parte integral del mensaje sobre el Reino de Dios!

Alguno preguntará: ¿Acaso estaba hablando Jesús de la ley de los diez mandamientos? ¡Si! Enseguida lo deja muy en claro, diciendo: "Todo el que repudia a su mujer, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada del marido, adultera" (v. 18). Está mostrando aquí que la ley de la cual habla incluye el mandamiento contra el divorcio basado en los diez mandamientos divinos. Cristo amplió la ley, dando más directrices específicas en cuanto al divorcio (Mateo 19:9). Para más sobre este tema, lo invitamos a solicitar nuestra publicación gratuita titulada Los diez mandamientos.

¡La misma ley es obligatoria para nosotros hoy! Si pretendemos estar en el Reino de Dios, si queremos ser parte de su gobierno para siempre, debemos aprender a guardar y obedecer la ley divina ¡aquí y ahora, en esta vida.

Entrar en el reino de Dios

Para comprender mejor este principio de la obediencia, pasemos a los comienzos del ministerio de Jesucristo y veamos qué enseñó Él mientras estuvo en la Tierra. Ante las tentaciones de Satanás, proclamó una de las verdades más fundamentales de todos los tiempos: "No sólo de pan vivirá el hombre, sin o de toda palabra que sale de la boca de Dios" (Mateo 4:4).

Recordemos que la única palabra de Dios que había escrita cuando Jesús dijo esto ¡era el Antiguo Testamento! Esta es la palabra que contiene la ley de Dios: la ley que tantos predicadores hoy ¡parecen aborrecer! Y Jesús declaró ¡que debemos vivir conforme a esta palabra inspirada!

Concluida la tentación de Satanás, Jesús empezó a predicar el mensaje del gobierno de Dios. "Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado" (v. 17). Nuevamente, notemos que la predicación de Cristo siempre era el mensaje sobre el Reino de Dios, es decir el gobierno de Dios. Él enseñó que los humanos deben arrepentirse de sus caminos y someterse a dicho gobierno.

Los tres capítulos siguientes del libro de Mateo traen lo que muchos llaman "el Sermón del Monte" Aunque no se den cuenta, ¡este sermón está repleto de exhortaciones de Jesús en el sentido de que obedezcamos la ley de Dios!

Leamos Mateo 5:17–19: "No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido"; o hasta que todo esté en vigor, como lo indica el griego original. Luego, Jesús dice la conclusión: "De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos".

Jesús dijo que mientras duren el cielo y la Tierra ¡la ley de Dios seguirá intacta! ¡No se va a abolir jamás! Y los que recibirán recompensa en el Reino de Dios, cumplirán y enseñarán ¡hasta el más "pequeño" de los mandamientos y las leyes de Dios!

¿Es este el único evangelio?

Este mensaje de obediencia a las leyes de Dios y de preparación para su próximo Reino, o gobierno de alcance mundial, ¿es acaso el únicootro evangelio introducido para los cristianos de origen gentil? camino a la salvación? ¿O por el contrario, hay alguna parte de este mensaje que iba dirigido únicamente a los judíos de la época de Jesús?

Esto fue lo que Jesucristo ordenó luego de su resurrección de la muerte: "Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo " (Mateo 28:19–20). Cristo aquí ordenó a los apóstoles que fueran por todo el mundo y predicaran ¡exactamente el mismo mensaje de obediencia al Reino y a las leyes de Dios que Él les había enseñado a ellos!

À nosotros nos corresponde arrepentirnos de nuestros caminos y pecados, aceptar a Jesucristo como nuestro Salvador y Gobernante, y empezar a permitir que Él, por medio de su Espíritu, lleve una vida de obediencia en nosotros a fin de prepararnos para la vida eterna en el Reino de Dios ¡y para nacer como miembros de su propia familia! ¡Este es el mismo evangelio que usted debe creer y obedecer para ser salvo! Jesús dijo a sus discípulos: "Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado" (Marcos 16:15–16).

¡Es necesario que nosotros creamos el maravilloso mensaje del futuro gobierno de Dios que traerá paz por medio de sus caminos y su Ley! Y es preciso que nos preparemos para nuestra parte en el Reino aquí y ahora.

¿Qué debe hacer usted?

El apóstol Pedro planteó así la manera de emprender esta vida de obediencia y entrega a Dios: "Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo" (Hechos 2:38).

Tenemos que arrepentirnos del pecado. En 1 Juan 3:4. Dios nos dice que "el pecado es infracción de la ley". ¡La Biblia dice que pecado es incumplir la ley de Dios!

Usted necesita arrepentirse de esto… y de toda su actitud de desobediencia y hostilidad hacia el gobierno de Dios y hacia su autoridad en la vida de usted. Tiene que hacerse humilde, como un niño pequeño, y dejar que Dios lo guíe y le enseñe día a día por medio de su palabra. Usted debe pedir que lo bauticen, como símbolo externo de su voluntad de sepultar su viejo ser bajo el agua y de entregar su vida a Dios para que Él se valga de ella según vea conveniente.

Entonces Dios promete colocar su precioso Espíritu Santo en usted, su hijo o hija engendrado, para que usted pueda ir desarrollando la naturaleza y el carácter del propio Dios. Notemos que también el Espíritu Santo se recibe por medio de la obediencia, pues Pedro habla de "el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen" (Hechos 5:32).

Luego del arrepentimiento y el bautismo, el cristiano emprende una vida de superación y de obediencia a la ley y al gobierno de Dios aquí y ahora. Esto se logra por medio del Espíritu Santo y su poder en el cristiano. ¡Este fue el mensaje que predicaron todos los siervos de Dios en toda la Iglesia inspirada en tiempos del Nuevo Testamento!

El evangelio nunca cambia

Veamos lo que Felipe predicó cuando bajó a la ciudad de Samaria, de los gentiles. "Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres" (Hechos 8:12).

El apóstol Pablo predicó este mismo evangelio a los cristianos gentiles en Éfeso. En su última visita, les dijo: "Y ahora, he aquí, yo sé que ninguno de todos vosotros, entre quienes he pasado predicando el reino de Dios, verá más mi rostro" (Hechos 20:25).

Pablo siguió predicando este mismo mensaje ¡hasta el final de su ministerio! "Y Pablo permaneció dos años enteros en una casa alquilada, y recibía a todos los que a él venían, predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento" (Hechos 28:30–31).

El mensaje del venidero reino de Dios ¡fue el único mensaje de Jesucristo! Ese mensaje es el evangelio de la paz (Romanos 10:15; Efesios 6:15). Es el evangelio de la salvación (Efesios 1:13). ¡Fue el único mensaje que su Iglesia inspirada y sus apóstoles enseñaron al mundo! ¡Ha sido el mensaje de la verdadera Iglesia de Dios a lo largo de los siglos!

Jesucristo dijo que su Iglesia verdadera estará predicando ese mismo mensaje como un "testimonio" a todas las naciones justo antes de su regreso, ¡precisamente en nuestros días! "Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin" (Mateo 24:14).

¡Usted está recibiendo ese mismo evangelio en este instante! Por medio del programa de radio y la revista El Mundo de Mañana, este mensaje de Cristo se está llevando a todas las naciones como "testimonio" al mundo, antes que Cristo regrese a establecer su maravilloso gobierno mundial sobre toda la humanidad. ¡Que Dios le ayude a entender y a hacer caso!

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