Peligroso brote del coronavirus asiático

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En China crece la preocupación por miles de casos de una nueva cepa de coronavirus. Estas infecciones incluyen síntomas similares a los de la gripe, que pueden provocar neumonía e incluso la muerte (The Guardian, 16 de enero de 2020). La ciudad china de Wuhan (aproximadamente del tamaño de Londres con una población de 11 millones) es el epicentro del brote viral. Al momento de escribir este artículo, se han confirmado más de 7.711 personas infectadas en China y 170 muertos (Reuters, 26 de enero de 2020). Sin embargo, los expertos advierten que 100.000 personas ya podrían estar infectados en todo el mundo (The Guardian, 26 de enero de 2020).

El gobierno chino interpuesto restricciones severas de viaje desde y hacia Wuhan (BBC, 23 de enero de 2020). Las celebraciones del Año Nuevo Lunar chino han sido canceladas en varias ciudades en un intento de reducir los viajes de millones de personas que podrían propagar aún más el virus. La infección transmitida por el aire ha viajado al menos a otros 16 países, incluidos Taiwán, Tailandia, Filipinas, Japón, Corea del Sur, Australia, Francia, Alemania y los Estados Unidos. Corea del Norte ha cerrado su frontera a ingresos desde China (Deutsche Welle, 22 de enero de 2020). Sin embargo, los funcionarios de salud pública todavía están estudiando el virus, buscando comprender su origen y encontrar formas de prevenir su propagación. La infección aparentemente se originó en un mercado de mariscos que también vendía animales salvajes ilegalmente. Los funcionarios de salud pública creen que el virus puede provenir del consumo de murciélagos o serpientes (AFP, 24 de enero de 2020). “La Organización Mundial de la Salud ha retrasado la decisión de declarar una emergencia de salud pública de interés internacional” hasta que tengan más información (Deutsche Welle).

Muchas enfermedades respiratorias contagiosas como esta nueva cepa de coronavirus se originan por el consumo de animales que la Biblia etiqueta como “inmundos” y no aptos para el consumo humano (Levítico 11; Deuteronomio 14:1–21). Esta era de rápidos viajes nacionales e internacionales, también ayuda a la propagación de enfermedades infecciosas a lugares remotos. Las profecías advierten que las epidemias o pestes serán una de las señales del fin del siglo que se aproxima (Mateo 24:7). Para más información sobre este tema, lean “Protección de las pestes”.