EL ÚLTIMO ENEMIGO

J. Davy Crockett III
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¡Los enemigos abundan! O eso parece. Algunas personas hacen enemigos por su comportamiento. Los partidos políticos se consideran enemigos entre sí mientras compiten por el poder. Las oficinas judiciales atienden disputas que las personas no resuelven o no pueden resolver por sí mismas.

 Las naciones a menudo tienen el mismo tipo de problemas, y cuando las relaciones diplomáticas fallan, estalla la guerra. Durante la Segunda Guerra Mundial, los Aliados, conformados por Gran Bretaña, Estados Unidos, China y la Unión Soviética, fueron "amigos" durante la guerra contra las potencias del Eje de Alemania, Italia y Japón. Pero, poco después de que terminara la guerra, la Unión Soviética y China comenzaron a devorar territorio y tomar medidas duras contra los que fueron sus aliados en tiempo de guerra. Y, sin embargo, a medida que cambian los intereses políticos y económicos, los antiguos enemigos se convierten en importantes socios comerciales.

Hoy, los Jihadistas Islámicos están causando estragos donde pueden, utilizando métodos bárbaros y brutales. Como resultado, los países del Oriente Medio están encerrados en un sinfín de matanzas y destrucción. La historia revela que estas luchas no son nuevas; solo la tecnología y el número de personas involucradas ha cambiado, pero los conflictos y el sufrimiento continúan.

En la Biblia, Jesús dijo: "Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen" (Mateo 5:44). Pero, usted puede estar pensando: "Eso no es normal", ¡y estaría en lo cierto! Esta actitud requiere un cambio de corazón y mente que proviene solo de haber recibido el Espíritu Santo, que Dios da a aquellos que cambian sus caminos pecaminosos, aceptan el sacrificio de Jesucristo para el perdón de sus pecados, y son bautizados por un verdadero ministro de Dios.

Pero, ¿cómo se puede lidiar con los enemigos de una manera benévola? Primero, reconocer que hay diferentes tipos de enemigos con diferentes intensidades y deseos. Claramente, si es atacado, uno puede optar por la auto defensa, pero es más prudente, en la manera de lo posible, huir del peligro o daño. "El avisado ve el mal y se esconde..." (Proverbios 22: 3). El punto que Jesús resaltó es que hay quienes quieren hacernos daño, y debemos preocuparnos y orar por ellos para que cambien su forma de actuar  para poder tener paz.

Pablo lo expresó de la siguiente manera: " Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. "(Romanos 12: 18-19). Los conflictos pueden ser desalentadores, pero puede encontrar consuelo en el Plan de Dios; y saber que en su tiempo El hará que todo lo posible por llevar a cabo su voluntad. Jesús dijo en medio de una gran dificultad: "... mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca..." (Mateo 24: 6).

Sin embargo, hay un enemigo que todos nosotros debemos enfrentar. Pablo lo describió en Hebreos 9:27, "... está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio". En 1 Corintios 15, Pablo explica que habrá una resurrección de los muertos al regreso de Jesucristo. Él se refiere a esto como "un misterio" que muy pocos entienden. Elocuentemente declara: " Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte " (1 Corintios 15:26). ¿Cuándo sucederá esto? Antes de que la Nueva Jerusalén baje del Cielo. Juan lo dejó claro en Apocalipsis 21:4, "Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron".

Entonces, mientras los enemigos están a nuestro alrededor, Dios se ocupará de ellos a su manera, y en su tiempo. Como individuos, debemos enfocarnos en hacer nuestra parte, con la ayuda de Dios, para vencer hasta el final, conquistando al último enemigo, la muerte, y heredar la vida eterna en el Reino de Dios.

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