¿El fin del mundo?

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¡Vamos en camino hacia una serie de catástrofes nucleares, químicas, biológicas, políticas, militares y sociales! ¿Será inevitable que acaben con nuestra civilización? ¡La Biblia tiene la respuesta!


Hace varias generaciones los científicos temían el “enfriamiento global” y el colapso de la civilización en una formidable edad de hielo. Hoy los temores se han pasado al calentamiento global. Muchos lectores habrán vivido alguna experiencia natural violenta, como un terremoto o un huracán. Algunos habitan regiones donde, según los expertos, el “gran sismo” esperado traerá muerte y destrucción a millones. Otros lectores quizá crecieron en los años de la “guerra fría”, cuando el motivo del temor era la destrucción recíproca porque los enormes arsenales nucleares de los Estados Unidos y la Unión Soviética no servirían de protección para la humanidad, sino de tentación a algún loco con capacidad para destruir el planeta.

En 1964, la película: ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú, le buscaba el lado cómico a tan horrenda posibilidad. Más recientemente, una serie de películas han presentado la destrucción de nuestro planeta por un asteroide, un cometa, una peste mundial o un “invierno nuclear”; luego de la Tercera Guerra Mundial. La industria cinematográfica suele describir tales obras como “apocalípticas”. ¿Sabe usted por qué? El término viene de la palabra griega apocálypsis, que significa “descubrir” o “revelar”. De ahí también el título del libro bíblico del Apocalipsis.

El libro del Apocalipsis describe una gran guerra que muchos llaman el “Armagedón”. ¿Habrá en realidad una “batalla del Armagedón”? ¿Será destruido el planeta Tierra? ¿Logrará acabarse a sí misma la humanidad? ¡La Biblia tiene la respuesta a tan vitales preguntas!

Jesucristo fue el profeta y portador de noticias más importante que jamás existió. Cierta vez, sus discípulos le preguntaron sobre el fin del mundo: “Estando luego sentado en el monte de los Olivos, se acercaron a Él en privado sus discípulos, y le dijeron: Dinos cuándo sucederá eso, y cuál será la señal de tu venida y del fin del mundo” (Mateo 24:3, Biblia de Jerusalén).

Desastres naturales y no naturales

La llamada caldera de Yellowstone es un supervolcán que se encuentra bajo del parque nacional de Yellowstone en los Estados Unidos. Abarca unos 4.000 kilómetros cuadrados en el estado de Wyoming y es parte del fenómeno geológico que produce los muchos géiseres y manantiales termales del parque. Muchos geólogos prevén que hará erupción en los próximos 10.000 años, pero últimamente, se ha visto un aumento en la actividad sísmica cerca de la caldera. Los científicos advierten que si estallara con toda su intensidad, lanzaría ceniza volcánica que cubriría buena parte del Oeste de los Estados Unidos, con una capa de varios centímetros. Arrasaría con los campos agrícolas, y un efecto muy parecido a un “invierno nuclear” afectaría el clima durante un decenio o más. ¿Habrá razones para temer?

Los sismos han sido motivo de inquietud constante en el mundo. ¿Están ocurriendo con más frecuencia, o es simplemente que un sismo de la misma intensidad puede tener efectos mucho mayores que antes, debido al mayor tamaño de las poblaciones? Un terremoto gigante puede ser tan severo que afecta el movimiento del planeta en el espacio: el de magnitud 9.1 ocurrido en Sumatra en el 2004 no solo produjo un número astronómico de muertes, más de 200.000, ¡sino que frenó la rotación de la Tierra en unos tres microsegundos! Otros solo causan muertes y asolamiento. Recordemos el sismo del 2010 en Haití que, según el gobierno de ese país, cobró más de 300.000 vidas y dejó a más de un millón de personas sin techo. El efecto económico de un terremoto también es formidable. La isla de Japón tiene sistemas de seguridad muy eficaces que mantuvieron el número de muertes por debajo de 16.000 en el terrible desastre de Tohoku en el 2011, pero ese enorme sismo, que registró 9.0 en la escala de Richter, sumado al sunami que produjo, ¡causó daños a la propiedad estimados en más de $230.000 millones de dólares!

¿Aumentará la intensidad de las catástrofes naturales? ¿Veremos más guerras regionales, que quizá conduzcan a una Tercera Guerra Mundial y a un Armagedón? ¿Qué revela la profecía bíblica para el futuro? La Biblia habla del futuro del mundo. Más de la tercera parte de ese libro es profecía. Por eso, debemos prestar atención a la respuesta de Jesús cuando los discípulos le preguntaron: “¿Cuándo sucederá eso, y cuál será la  señal de tu venida y del fin del mundo?” (Mateo 24:3, Biblia de Jerusalén). Estas fueron sus palabras: “Mirad que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán. Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de dolores” (Mateo 24:4-8).

Los críticos dirán: “Pero, siempre ha habido guerras y desastres naturales”. Es cierto, pero ese mismo hecho nos dice algo: que aquellas guerras fueron causadas por seres humanos, ¡y la naturaleza humana en esencia no ha cambiado de modo que traiga una paz mundial duradera! Se ha dicho que cada vez que la humanidad descubre algún instrumento o tecnología nueva, encuentra también la manera de usarlos para fines malvados. Sea el fuego, la pólvora o la fisión nuclear, el hecho constante en la historia humana es que seguimos avanzando hacia medios más novedosos y eficientes para matarnos unos a otros.

Una mirada a la historia universal nos enseña que después de dos guerras mundiales y muchas regionales, estamos encaminados a una catástrofe mundial total. En agosto del 2015, la nación japonesa conmemoró los 70 años desde la caída de dos bombas atómicas que prácticamente vaporizaron las ciudades de Hiroshima y Nagasaki. Hubo cientos de miles de muertos y heridos, y se dio comienzo a la era de las armas atómicas y nucleares. ¿Cuánto hemos avanzado en los 70 años subsiguientes?

El 22 de enero del 2015, el Boletín de Científicos Atómicos adelantó el minutero de su reloj apocalíptico simbólico en dos minutos. Ahora marca “medianoche menos tres minutos”. Los científicos hicieron este grave anuncio: “En el 2015, el cambio climático descontrolado, la modernización de las armas nucleares y los arsenales nucleares descomunales plantean peligros extraordinarios e innegables a la existencia continuada de la humanidad, y los líderes mundiales no han actuado con la celeridad suficiente para proteger a los ciudadanos de una posible catástrofe. Esta falta de liderazgo político implica un peligro para toda persona en la Tierra”.

Visto todo lo anterior, ¿hay alguna esperanza para el futuro? ¡La profecía bíblica revela que un Armagedón afectará al mundo entero! Sí, habrá una Tercera Guerra Mundial, pero también hay buenas noticias. Agradezcamos a Dios porque el mayor profeta de todos los tiempos, Jesucristo de Nazaret, intervendrá para salvarnos de nosotros mismos. De esta manera nos advirtió: “Habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados” (Mateo 24:21-22).

¡Aquellos días sí serán acortados! ¡Jesucristo vendrá a salvar al mundo del suicidio global y la aniquilación! Va a establecer un nuevo gobierno mundial que dará comienzo a un milenio de paz y prosperidad entre las naciones.

¿Futura devastación nuclear?

Consideremos de nuevo la amenaza de guerra nuclear que nos acompaña desde hace 70 años. Las dos bombas que cayeron sobre Hiroshima y Nagasaki en 1945, explotaron con la potencia de 15 y 20 mil toneladas de TNT respectivamente ¡y literalmente borraron ambas ciudades, convirtiéndolas en regiones despobladas! Con temperaturas superiores a 5.500 grados Celsius y con una radiación letal, causaron más de 100.000 muertes instantáneas y otras cien mil en los días siguientes por los efectos de las dos bombas.

Estas dos bombas nucleares pusieron fin a la Segunda Guerra Mundial. Después de eso, ¿acaso las naciones, los estadistas y los líderes mundiales han hallado el camino a una paz duradera? Japón se entregó incondicionalmente, poniendo fin a esa guerra. En su discurso de victoria emitido desde el buque USS Missouri, el general Douglas MacArthur resumió la lección histórica de la guerra. Estas mismas palabras las repitió en su despedida ante el Congreso de los Estados Unidos el 19 de abril de 1951: “Las alianzas militares, el equilibrio del poder, las ligas de las naciones, fracasaron una por una; dejando como único camino el crisol de la guerra. Ahora el carácter total y absolutamente destructivo de la guerra elimina esta alternativa. Hemos tenido nuestra última oportunidad. Si no ideamos algún sistema más grande y más equitativo, nuestro Armagedón estará a las puertas”.

Así es. Nuestro “Armagedón” estará a la puerta. ¿Estará usted preparado? ¿Quién ganará la Tercera Guerra Mundial? ¿Surgirá otra potencia militar en Europa que hará peligrar a las naciones occidentales tal como ocurrió con la Segunda Guerra Mundial? Muchas naciones están cometiendo pecados horrendos. La mayoría respaldan el horror de matar a millones de niños sin nacer y algunas llegan al extremo de vender sus órganos. Muchas naciones han aprobado el matrimonio de personas del mismo sexo, que Dios llama “abominación” en Levítico 18:22: “No te echarás con varón como con mujer; es abominación”. ¿Quién recibirá el mayor castigo? Ya leímos en Mateo 24:21 que vendrá un tiempo único en la historia llamado la gran tribulación.

La gran tribulación será un tiempo de castigo por los pecados nacionales y personales, si no hay arrepentimiento nacional y personal. Dios castigará a las naciones que no busquen la paz genuina, sino que cometan idolatría y toda suerte de males. ¡Afrontemos la realidad! ¿Cuántas naciones en el mundo no están consumidas de codicia? Dios nos dice en Colosenses 3:5-7 que cambiemos nuestro modo de proceder: “Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría; cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia, en las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo cuando vivíais en ellas”.

La codicia es idolatría. Las naciones parecen nutrirse de materialismo, codicia y avidez. El libro de Jeremías plantea la recia condenación divina sobre las antiguas casas de Israel y Judá. Los lectores habituales de esta revista entienden que la actual nación de Israel en el Oriente Medio desciende principalmente de la casa de Judá y que los pueblos de habla inglesa vienen principalmente de la casa de Israel, específicamente las tribus de Efraín y Manasés, cuyos descendientes se establecieron en el Reino Unido, Canadá, Estados Unidos, Australia, Sudáfrica y Nueva Zelanda. Considere estas palabras formidables registradas por el profeta Jeremías: “Estas, pues, son las palabras que habló el Eterno acerca de Israel y de Judá. Porque así ha dicho el Eterno: Hemos oído voz de temblor; de espanto, y no de paz. Inquirid ahora, y mirad si el varón da a luz; porque he visto que todo hombre tenía las manos sobre sus lomos, como mujer que está de parto, y se han vuelto pálidos todos los rostros. ¡Ah, cuán grande es aquel día! tanto, que no hay otro semejante a él; tiempo de angustia para Jacob; pero de ella será librado” (Jeremías 30:4-7).

Recuerde que el nombre de Jacob fue cambiado a Israel (Génesis 32:28). El patriarca Israel dio su nombre a los hijos de José, que vinieron a ser los antepasados de los pueblos estadounidense y británico. El tiempo llamado la gran tribulación, único en la historia, es el tiempo de angustia para Jacob; parte del período de tres años y medio que marcará el fin de la era actual. Se menciona en términos proféticos como “la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la Tierra” (Apocalipsis 3:10). ¡Procure escapar de él!

¡Cataclismos en el futuro!

Las películas de catástrofes que atraen a miles a las salas de cine dan apenas una leve idea de los siniestros que ocurrirán durante la gran tribulación y el día del Eterno. Imagine volcanes haciendo erupción en Norte y Sudamérica y en todo el “anillo de fuego”, que son las naciones sobre el océano Pacífico. Imagine terremotos sin precedentes y sunamis destructores. El asteroide que estalló sobre Rusia el 15 de febrero del 2013 desarrolló una fuerza de 20 a 30 veces la de la bomba atómica lanzada sobre Hiroshima en la Segunda Guerra Mundial. El libro bíblico del Apocalipsis describe en lenguaje simbólico una guerra nuclear moderna que causará la muerte a miles de millones de seres humanos en tiempos que se avecinan (Apocalipsis 9:13-18).

¡Hagamos caso de la advertencia! ¡La profecía bíblica nos advierte de los castigos y juicios que vendrán sobre las naciones! ¿Cómo escaparemos de esos juicios? Primero que todo, necesitamos una actitud de arrepentimiento. Debemos reconocer nuestros pecados, pedir el perdón de Dios y cambiar nuestras actitudes y nuestro comportamiento. Si nos acercamos a Dios, nos protegerá en los difíciles tiempos que vienen. Esta es la instrucción y advertencia de Jesús: “Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día. Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la Tierra. Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre” (Lucas 21:34-36).

Este es el momento de acercarnos a Dios en oración. Es necesario que estudiemos la Biblia y que estemos atentos a las señales proféticas que Jesús anunció. Recuerde las señales profetizadas en Mateo 24: guerras, pestes y terremotos. Lucas 21:11 además menciona “grandes terremotos”. Los temblores de tierra que han ocurrido hasta ahora son apenas un indicio de la destrucción que será ocasionada por los “grandes terremotos” que vendrán. Ya hemos mencionado el sismo de Sumatra y el sunami que lo acompañó, así como el sismo de Tohoku: ¡la catástrofe natural más costosa en la historia! Y hay muchos ejemplos más. El 8 de octubre del 2005, un terremoto de magnitud 7.6 en Cachemira, Paquistán, dejó 86.000 muertos y 106.000 heridos, destruyó 600.000 viviendas, y tres millones de personas quedaron sin techo. El 12 de mayo del 2008, un terremoto de magnitud 7.9 dejó más de 69.000 muertos y daños por $85.000 millones de dólares en la provincia china de Sichuán. El sismo en enero del 2010 en Haití cobró más de 300.000 vidas y dejó cientos de miles de heridos y más de un millón de personas sin techo.

Hasta los temblores de tierra leves son motivo de espanto, como nos enteramos mi esposa y yo cuando vivimos más de un decenio en California.

El libro del Apocalipsis alude a varios sismos formidables que ocurrirán en el futuro. Uno estará relacionado con señales celestiales profetizadas, o trastornos cósmicos (Apocalipsis 6:12-17), y su fuerza será tal que sacudirá aun las islas y montañas al punto de correrlas de su lugar (v. 14). En ese tiempo, la Iglesia de Dios, es decir los discípulos reales y fieles de Jesucristo, estarán protegidos, no en el Cielo, sino en un desierto aquí en el planeta Tierra durante tres años y medio (Apocalipsis 12:14-16).

El día del Eterno será un tiempo cuando Dios intervendrá en los asuntos del mundo, de forma poderosa y directa. Jesucristo, el Cordero de Dios, juzgará a las naciones por su maldad. Leemos: “Las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como la higuera deja caer sus higos cuando es sacudida por un fuerte viento. Y el cielo se desvaneció como un pergamino que se enrolla; y todo monte y toda isla se removió de su lugar. Y los reyes de la Tierra, y los grandes, los ricos, los capitanes, los poderosos, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes; y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero; porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?” (Apocalipsis 6:13-17). Queridos lectores, agradezcamos a Dios porque si nos arrepentimos y obedecemos los diez mandamientos, podemos recibir protección de los juicios que afectarán a toda nación, isla y territorio de la Tierra.

¡Cristo regresará para gobernar!

Cuando los discípulos le preguntaron a Jesús cuál sería la señal de su venida y del fin del mundo, la verdadera pregunta no era sobre el final del planeta Tierra, sino sobre el final del “siglo”, o la era. La Tierra siempre existirá, si bien será renovada por el Dios Todopoderoso (2 Pedro 3:13). En Apocalipsis 5:10 se nos revela que el destino espiritual de los santos es llegar a ser “reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la Tierra”. ¡Nuestra recompensa no es ir al Cielo!

La Biblia revela los sucesos proféticos que culminarán con el regreso de Jesucristo para gobernar a las naciones. El Príncipe de Paz va a establecer un gobierno mundial de justicia sobre todas las naciones. Más allá del Armagedón, ¡las noticias son buenas! La historia universal ha demostrado que la humanidad no conoce el camino de la paz. El Príncipe de Paz enseñará a todas las naciones el camino de la paz. Lo más importante es que será preciso cambiar la naturaleza humana. El general estadounidense Douglas MacArthur comprendió que el meollo del asunto es el carácter del hombre: “Hemos tenido nuestra última oportunidad. Si no ideamos algún sistema más grande y equitativo, el Armagedón estará a las puertas. El problema, en esencia, es de índole teológico y tiene que ver con un renacer espiritual y una mejora del carácter humano que sincronicen con nuestros avances casi inigualables en las ciencias, las artes, la literatura y todos los ámbitos materiales y culturales de los últimos dos mil años. Tiene que ser del espíritu si hemos de salvar la carne”.

Efectivamente, la historia del mundo ha demostrado lo mismo que la Biblia predice: que sin la guía continua de Dios, la humanidad acabará por destruirse ¡y también destruirá toda la vida en la Tierra! Pero más allá del Armagedón, el Príncipe de Paz, Jesucristo, salvará al mundo y enseñará a todas las naciones el camino de la paz. Un programa de reeducación universal dará un vuelco a las relaciones internacionales para bien de todos. Felizmente, habrá aquello que el general MacArthur señaló como una necesidad absoluta: un “renacer espiritual” o renovación espiritual en todo el mundo. Así lo indica esta profecía inspiradora: “Venid, y subamos al monte del Eterno, y a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará en sus caminos, y andaremos por sus veredas; porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra del Eterno. Y Él juzgará entre muchos pueblos, y corregirá a naciones poderosas hasta muy lejos; y martillarán sus espadas para azadones, y sus lanzas para hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se ensayarán más para la guerra” (Miqueas 4:2-3).

Demos gracias a Dios porque vendrán un mundo nuevo y una era nueva ¡en esta generación! Oremos, tal como Cristo ordenó: “Venga tu Reino” (Mateo 6:10). Es necesario prepararnos para el futuro con fe. ¡Estudie la Biblia todos los días! Acérquese a Dios en oración. Y tenga en mente el Reino de Dios y la nueva era que vendrá: ¡el mundo de mañana! 

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