El “apocalipsis” de los normandos

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Hace como un milenio, una invasión feroz y brutal alteró el curso de la historia británica. Abrió la puerta a muchos años de bárbara opresión y colonización que algunos han comparado con un “apocalipsis”. Guillermo, duque de Normandía, se creía con derecho al trono de Inglaterra, y en sus intentos por alcanzar ese trono causó la apertura de una fisura enorme en la continuidad del desarrollo de la gesta británica.


La historia inglesa en particular, parece obra de una comunidad moderada, sacudida raras veces por convulsiones. Pero hay momentos en que la historia no es sutil; cuando llega el cambio de forma violenta, decisiva, cruenta y traumática; como un camión cargado de males, borrando todo lo que le da a una cultura su orientación: costumbres, idioma, ley, lealtad. El año de 1066 fue uno de esos momentos.

Si observamos los antecedentes de la batalla de Hastings, podremos reconocer la importancia de esa fisura y quién fue finalmente el responsable.

Un reino en disputa

Hacia el final del primer milenio de la era cristiana, los pueblos británicos eran una mezcla de varios orígenes, resultado inevitable de las invasiones extranjeras. A la antigua sangre celta se había añadido con su cultura la anglosajona. Había vikingos daneses establecidos en una amplia región del Oriente de Inglaterra, conocida como Danelaw. En las islas Orkney, Shetland y Hébridas, así como en el Noroeste de Inglaterra, había vikingos noruegos. Los anglosajones se establecieron en el Centro y Sur, y los celtas en el Suroeste de Inglaterra, en Gales y en Escocia.

Cuando llegamos a la muerte inminente de Eduardo I, sin heredero a la vista, hubo varios contendores por el trono inglés: Harold Hardrada, rey de Noruega; Guillermo, duque de Normandía; y Harold Godwinson, conde de Wessex.

Eduardo falleció el 5 de enero de 1066 y rápidamente se coronó como su sucesor a Harold Godwinson, el hombre del momento. Guillermo de Normandía pensaba que el trono se le había ofrecido a él, y con juramento, antes que al nuevo rey Harold; y una vez coronado Harold, procedió de inmediato a reunir una flota invasora con más de 400 barcos y a ganarse el respaldo de los barones feudales de sus territorios normandos, en un intento por tomar el trono. Tuvo la astucia de buscar la bendición de la Iglesia Católica en Roma por su cruzada contra Harold, quien, a los ojos del Pontífice, reinaba sobre un país de bárbaros y prácticamente paganos. El 10 de agosto la flota estuvo lista para zarpar.

El clima ayuda a crear una historia

Al otro lado del canal de La Mancha, el rey Harold había reunido 3.000 soldados entrenados y 10.000 reclutas, o soldados de tiempo parcial obligados a servir al rey durante 40 días de cada año. Pero el viento del sur que Guillermo necesitaba para cruzar el canal nunca llegó, entonces el 8 de septiembre Harold desmovilizó a sus reclutas. Cuatro días después, Guillermo zarpó rumbo a Normandía, pero un fuerte vendaval empujó su flota hacia el este, impidiendo la travesía.

Pronto los acontecimientos cambiaron otra vez. Tostig, hermano exiliado de Harold, invadió Inglaterra aliado con el rey noruego Harold Hardrada. El 19 de septiembre, una flota de 300 barcos y 10.000 hombres en el Noreste de Inglaterra derrotó a las fuerzas locales cerca de York. El rey Harold se dirigió al norte, reforzando a sus tropas en el camino. Marcharon 300 kilómetros en cinco días, y el 25 de septiembre derrotó a su hermano y al rey noruego en la batalla de Stamford Bridge.

Al día siguiente, Harold recibió noticias de que Guillermo había zarpado de Francia y había llegado a la costa sur en Pevensey. Sin ejército inglés organizado que se le opusiera, Harold marchó de nuevo hacia el sur. Habría podido detenerse al sur de Londres y quizá mantendría la ventaja para suprimir el avance de Guillermo hacia el norte desde la costa, pero no lo hizo.

La batalla de Hastings tuvo lugar el sábado 14 de octubre de 1066, entre las fuerzas bastante parejas de normandos y anglosajones. Duró casi todo el día. En un momento clave, los normandos simularon una retirada, con lo cual pudieron romper el muro de escudos anglosajones y perseguirlos; abriendo puntos débiles en la línea defensiva sajona. Los dos hermanos de Harold murieron y el propio Harold recibió un flechazo mortal en el ojo.

Un cambio permanente para Inglaterra

Guillermo, el Conquistador, como se le llegó a conocer, fue coronado en la abadía de Westminster el 25 de diciembre de 1066. La clase gobernante anglosajona fue reemplazada por los conquistadores normandos, de habla francesa, lo cual produjo un impacto duradero en Gran Bretaña. En 1085, Guillermo ordenó un censo completo del Reino, condado por condado. Este inventario preparado como el tristemente célebre libro Domesday, o libro del juicio final, le brindó información para coaccionar, multar y confiscar a su gusto. Era información realmente importante. El gobierno en manos normandas significaba que toda la tierra pertenecía a Guillermo, quien la controlaba y la repartía como regalo a su antojo. Las clases gobernantes debían pagar tributo a Guillermo con un juramento de lealtad. Guillermo falleció poco después, peleando contra los franceses en el Continente, pero la nación inglesa había cambiado para siempre.

Los lectores de El Mundo de Mañana recordarán que las promesas de primogenitura en el sentido de grandeza nacional se hicieron a los descendientes de José (1 Crónicas 5:1-2; Génesis 49:22-26). Su hijo menor, Efraín, había de convertirse en una multitud de naciones (Génesis 35:10-11), y la actual nación del Reino Unido cumplió esta promesa. Inglaterra, que corresponde a la antigua tribu israelita de Efraín, alcanzó la grandeza como potencia mundial, junto con las naciones que formaron su Imperio, que se inició alrededor del año 1800. Es de importancia crucial el hecho de que las promesas no se hicieron a otras naciones modernas como Dinamarca, Noruega o Francia; que descienden de otras tribus de la antigua Israel. Los hechos históricos que rodearon la batalla de Hastings serían un paso esencial en la reconfiguración de la nación, su cultura y sus leyes como preparación para su papel profético futuro en siglos más tarde; como una potencia unificada dentro de los acontecimientos mundiales. Para más detalles sobre el lugar que ocupa Gran Bretaña dentro de la profecía bíblica, solicite nuestro folleto gratuito: Estados Unidos y Gran Bretaña en profecía.

El factor tiempo fue crítico para el desenlace de la batalla de Hastings. Si reconocemos que “el Altísimo gobierna el reino de los hombres” (Daniel 4:17; 5:21) y que Él controla la historia, podemos ver su mano dirigiendo el desenlace por medio de elementos fuera del control humano. Dios, como creador de la Tierra, controla los factores meteorológicos: “Si los cielos se cerraren y no hubiere lluvia, por haber pecado contra ti, si oraren a ti hacia este lugar, y confesaren tu nombre, y se convirtieren de sus pecados, cuando los afligieres, tú los oirás desde los cielos, y perdonarás el pecado de tus siervos y de tu pueblo Israel, y les enseñarás el buen camino para que anden en él, y darás lluvia sobre tu tierra, que diste por heredad a tu pueblo” (2 Crónicas 6:26-27); “Por el Eterno de los ejércitos serás visitada con truenos, con terremotos y con gran ruido, con torbellino y tempestad, y llama de fuego consumidor” (Isaías 29:6). El estado del tiempo cumplió un papel clave al retrasar la flota invasora del rey Guillermo hasta que las fuerzas de Harold estuvieran agotadas por su rápida marcha al norte hasta Stamford Bridge, y luego al sur para luchar contra Guillermo. Los hechos habrían sido enteramente distintos si Guillermo hubiera llegado a Inglaterra dos meses antes. Factores fuera del control humano determinaron el futuro de un reino. ¿Por qué Dios se ha servido de los fenómenos naturales para cumplir con su gran propósito?

El “apocalipsis normando” que se desprendió de la batalla de Hastings fue un momento importante que dirigió la historia hacia el cumplimiento del propósito divino, de las profecías de Dios y de sus promesas nacionales hechas a Abraham. 

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