Nuestro mundo vecino

Díganos lo que piensa de este artículo

Cuando el astronauta Neil Armstrong, de la NASA, dio su “pequeño paso para el hombre”, nadie que estuviera consciente de esta hazaña pudo volver a ver la Luna de la misma manera. Antes del Apolo 11, la Luna había sido una luz distante en el cielo, que pasaba por sus fases periódicas y le servía a la humanidad para diversos fines (ver Génesis 1:14-18; Deuteronomio 33:14; Salmos 104:19); algunas veces incluso llegó a convertirse en objeto de culto idólatra (ver Deuteronomio 4:19). Después del Apolo 11, el satélite de la Tierra, antes tan misterioso, se convirtió en el mundo vecino. Claro está que antes del Apolo 11 hubo alunizajes no tripulados, pero desde el momento en que Armstrong imprimió sus huellas humanas en el suelo lunar, quienes se encuentran a la vanguardia de las proezas humanas se habrán preguntado: “¿Hacia adónde vamos ahora?

Otras misiones tripuladas de la serie Apolo ya habían llegado alrededor de la Luna, entre ellas Apolo 8, que nos brindó la histórica foto de nuestro planeta apareciendo en el horizonte lunar como un amanecer… pero nunca se había enviado un módulo con tripulantes que bajara a la superficie. Podemos entender por qué los admiradores en todo el mundo se detuvieron a tomar nota cuando Armstrong, el primer hombre que caminara en la Luna, murió en agosto del 2012. Es muy revelador el hecho de que solo cuatro de los doce hombres que han puesto sus pies en la Luna todavía viven.

¿A la conquista del espacio?

Considerando las misiones tripuladas y no tripuladas que la Tierra ha enviado al espacio, y que se desea enviar, una pregunta acertada es:“¿Hacia adónde vamos ahora?” Para quienes toman la Biblia en serio, la pregunta quizá sea aun más pertinente cuando leemos que por ahora “los cielos [incluida la Luna] son los cielos del Eterno; y ha dado la Tierra a los hijos de los hombres” (Salmos 115:16). ¿Podrá ser que los seres humanos seamos demasiado precipitados, empeñados en conquistar lo que el Dios Eterno se ha propuesto darnos con el tiempo? (ver Romanos 8:28-32; Hebreos 2:5-8; Apocalipsis 21:5-7). ¡Cabe pensar que quizás el Propietario Divino frustre nuestros esfuerzos un día, o permita que se caigan por su propio peso! Los desastres de los transbordadores Columbia y Challenger nos recuerdan que nuestra aspiración implica peligros y que está sujeta a las flaquezas humanas.

Neil Armstrong recibió elogios por cumplir su labor con honradez personal y competencia técnica. ¿Seguirá la humanidad este ejemplo al proseguir sus incursiones en el espacio? En nuestro estado actual ¡no! Para crecer, la humanidad necesita metas de largo plazo, pero pretender dominar el mundo de nuestro alrededor antes de haber dominado el mundo en nuestro interior ¡no es el orden correcto para esas metas! Muchas personas así lo reconocen. Ven nuestra pobre administración del planeta Tierra, de la vida y de nuestros propios asuntos; y se estremecen al pensar en lo que ocurrirá cuando llevemos al espacio nuestra ausencia general de carácter. De hecho, hemos comenzado a hacerlo, mediante satélites de vigilancia, armas espaciales y aun masas de basura espacial. Y sin duda lo haremos muchísimo peor, cuando sea la oportunidad.

Esperanza para el futuro

Felizmente, llegará el día cuando el Creador del Universo nos mandará reconstruir nuestra sociedad desde cero. Después de mil años de un gobierno sabio y luego de un juicio final (Apocalipsis 20:4-6, 12-13), la humanidad habrá aprendido la forma correcta de gobernar la Tierra y la vida que hay en esta, como Dios lo dispuso desde el principio. Entonces todas las galaxias, todas las estrellas, planetas, satélites y asteroides; dondequiera que se encuentren, serán mundos vecinos para nosotros, los hijos glorificados de Dios, y gobernaremos con el Creador sobre todo lo que existe ¡por toda la eternidad!